Entre las diversas iniciativas que impulsa Ciudad Saludable, ¿cuáles tendrán un papel más relevante durante este y los siguientes años?
Ciudad Saludable ha definido una estrategia orientada a acelerar la transición hacia una economía circular inclusiva, donde la gestión de residuos se convierta en una herramienta para generar empleo digno, proteger la biodiversidad y fortalecer el desarrollo territorial.
En esa perspectiva, existen cuatro iniciativas que marcarán nuestro trabajo durante los próximos años:
La primera es Pro Reciclador, el programa nacional que impulsa la formalización, fortalecimiento y representación de las organizaciones de recicladores. Además de promover la actualización de la Ley del Reciclador, impulsa la Mesa de Diálogo con Recicladores de Lima Metropolitana, campañas nacionales como Las Voces del Reciclaje del Perú, jornadas de reciclaje ciudadano y la próxima Gala Verde 2027.
La segunda es Ayni Recicla, una propuesta de turismo circular que comenzará en Arequipa y Cusco, integrando operadores turísticos, gobiernos locales y organizaciones de recicladores para demostrar que el turismo también puede reducir residuos y generar valor social.
Una tercera prioridad es Circula el Cambio, iniciativa apoyada por la Unión Europea y AECID que promueve ciudadanía ambiental en cinco regiones del país mediante educación, innovación y participación comunitaria.
Finalmente, en nuestra línea de ecosistemas y biodiversidad impulsamos Amazonía es Vida, orientada a restaurar ecosistemas degradados, proteger bosques húmedos urbanos y fortalecer la gobernanza ambiental en la Amazonía, junto con Más Reciclaje, Más Naturaleza, iniciativa que recuperará residuos plásticos en ocho regiones del Perú articulando empresas, gobiernos locales y ciudadanía.
Nuestro propósito es demostrar que la economía circular puede convertirse en una política de desarrollo capaz de mejorar simultáneamente la calidad ambiental, la inclusión social y la competitividad económica.
Uno de los pilares de la organización es la promoción de la economía circular con enfoque territorial. ¿Cómo están logrando que este concepto se traduzca en acciones concretas para ciudadanos, empresas y gobiernos locales?
Nuestro enfoque parte de una premisa sencilla: la economía circular no puede quedarse como un concepto técnico; debe traducirse en soluciones que respondan a las necesidades de cada territorio acercando buenas prácticas de circularidad para cada actor.
Por ello desarrollamos una metodología que conecta las actividades económicas locales con oportunidades de circularidad. Eso permite identificar dónde es posible reducir residuos, prolongar la vida útil de los productos, generar nuevos negocios y fortalecer cadenas de valor locales.
Para la ciudadanía promovemos iniciativas como las Reparatones, Truequetones, ReciclArte y talleres de compostaje, que convierten la circularidad en una experiencia práctica donde ciudadanos se movilizan como parte del cambio.
Con las empresas trabajamos en ecodiseño, valorización de materiales, recuperación de residuos posconsumo y modelos de producción más eficientes.
Con los gobiernos locales fortalecemos capacidades para implementar programas de segregación en la fuente, reciclaje inclusivo, valorización de residuos orgánicos y planificación territorial bajo principios de economía circular.
Nuestro objetivo es que la economía circular deje de verse únicamente como una política ambiental y pase a entenderse como una estrategia de desarrollo económico, innovación y bienestar para las personas.
A través de Pro Reciclador, Ciudad Saludable busca fortalecer el rol de los recicladores en el ecosistema del reciclaje. ¿Qué avances han conseguido y cuáles son los principales desafíos que enfrenta hoy este sector?
Uno de los mayores logros de Ciudad Saludable ha sido contribuir a que el reciclador deje de ser visto como un actor informal y sea reconocido como un prestador de servicios ambientales. La Ley 29419, que regula la actividad del reciclador fue formulada en las oficinas de Ciuad Saludable, de forma consensuada con el MINAM; Municipalidades; MINSA y, lo más importante, con las lideresas y los lideres recicladores.
Durante estos años hemos acompañado procesos de formalización, fortalecimiento organizacional, capacitación técnica y liderazgo en distintas regiones del país. Asimismo, hemos promovido espacios de diálogo con el Estado y el sector privado para fortalecer el reconocimiento del reciclador dentro de la cadena de valor del reciclaje.
Sin embargo, persisten desafíos importantes.
El primero es consolidar la implementación efectiva de la Ley del Reciclador y fortalecer las capacidades de los gobiernos locales para incorporarlos plenamente en los sistemas municipales de gestión de residuos.
El segundo es mejorar sus condiciones económicas mediante mercados más estables para los materiales reciclables y una mayor articulación con la industria.
El tercero es el reconocimiento social. Aún existe una brecha importante para valorar el enorme aporte ambiental, económico y climático que realizan miles de recicladores todos los días.
Creemos que la transición hacia una economía circular será verdaderamente inclusiva solo si coloca a los recicladores como protagonistas del cambio y no únicamente como beneficiarios de las políticas públicas.
Necesitamos hacer mejoras en la Ley como el pago por servicios de recolección selectiva a los recicladores, que estuvo en la versión primera pero que no pasó en el congreso, sin embargo las municipalidades pagan para que les recojan y para que entierren los residuos, cuando al pagar a los recicladores solo se pagaría la recolección, dado que los materiales vuelven al sistema productivo, asi mismo estamos impulsando la eliminación del pago de IGV a los materiales reciclados porque ya pagaron IGV cundo estaban como envases de bebidas, alimentos, y otros.

La organización viene impulsando proyectos vinculados a la circularidad de empaques y embalajes. ¿Cómo están trabajando con el sector privado para reducir residuos y promover modelos más sostenibles de producción y consumo?
La transición hacia modelos circulares requiere una participación activa del sector empresarial.
Por ello trabajamos con empresas, gremios y productores para fortalecer sistemas de recuperación de materiales, promover el ecodiseño de envases y desarrollar cadenas de reciclaje más eficientes e inclusivas.
Nuestra experiencia demuestra que cuando las empresas incorporan criterios de circularidad desde el diseño de sus productos, no solo reducen su impacto ambiental, sino que también disminuyen costos, mejoran su reputación y generan nuevas oportunidades de negocio.
Asimismo, promovemos alianzas entre empresas y organizaciones de recicladores para asegurar que los materiales recuperados regresen a los procesos productivos, fortaleciendo al mismo tiempo el empleo formal y la economía local.
La economía circular solo puede consolidarse cuando todos los actores de la cadena de valor asumen responsabilidades compartidas.
Entre sus líneas de acción destacan iniciativas relacionadas con el cambio de comportamiento ciudadano. ¿Qué tan difícil sigue siendo transformar hábitos de consumo y segregación de residuos en el Perú?
Cambiar hábitos siempre representa uno de los mayores desafíos porque la base para una acción consciente está en la empatía ambiental. Cuando eso está ganado es posible hablar de transformar los lentes con los que leemos la realidad, nuestros criterios de consumo, y con ello podemos cuestionar y cambiar prácticas cotidianas que están profundamente arraigadas.
En nuestra experiencia transformar hábitos resulta más fácil o posible cuando generamos las condiciones para que los actores participen y les brindamos opciones para movilizarse realizando acciones concretas que alimentan el cambio. Esto puede ser através de buenas prácticas en lo cotidiano como cuando decimos que entreguen sus residuos aprovechables siguiendo tres pasos: Limpio, seco y compactado, o por medio de experiencias educativas en vez de campañas aisladas con resultados temporales es lo que hace sostenible. Para nosotras loo que realmente tranasforma el comportamiento es la combinación de buenas prácticas sostenidas por personas y organizaciones de todos los sectores, infraestructura e incentivos adecuada y liderazgo en el espacio comunitario.
Sumado a ello, tenemos muy presente que la mejor forma de comprender nuestro rol y poder como ciudadanos está en pensar global y actuar local porque esto contradice la narrativa pesimista de “yo sola no voy a cambiar nada” y devuelve a las personas la agencia que tenemos con nuestra capacidad de consumo, por ejemplo. La ciudadanía responde positivamente cuando comprende el impacto de sus acciones y observa resultados concretos en su propio barrio o comunidad y esto fortalece un nuevo imaginario colectivo donde separar residuos, reducir plásticos y consumir responsablemente es posible. Así construimos una cultura ciudadana sostenida que es vivida en nuestra cotianidad en vez de pensar en acciones extraordinarias en momentos particulares.
Ciudad Saludable participa en espacios de articulación como la Mesa de Diálogo de Lima Metropolitana y desarrolla alianzas con actores nacionales e internacionales. ¿Qué tan importante es la colaboración para acelerar la transición hacia una economía circular?
La economía circular es, por definición, un proceso colaborativo donde diversos actores intervienen para sumar su visión y experiencia. Desde Ciudad Saludable sabemos que ninguna institución puede transformar por sí sola un sistema tan complejo como la producción, el consumo y la gestión de residuos, y que los mejores resultados los vemos cuando estado, empresas, academia, cooperación internacional, organizaciones sociales y ciudadanía trabajan con objetivos comunes desde los territorios.
Tenemos que recordar que como país tenemos una larga tradicion de colaboración, y nuestra visión es que necesitamos un profundo diálogo intercultural entre lo que la academía e industria conocer hoy como economía circular y las prácticas ancestrales que encontramos en las comunidades tradicionales. Esto requiere de valorar aquellos saberes que eran parte de nuestras vidas hace solo unas décadas como el reuso de contenedores de vidrio para alimentos, por ejemplo.
Creemos que la valoración de toda esta historia es vital para sostener los cambios que requieren la transición hacia la economía circular a escala nacional y mundial. Más que una suma de esfuerzos, creemos que representa una forma de gobernanza donde cada actor se pone al servicio para lograr un impacto colectivo de mayor escala al compartir conocimiento, movilizar inversiones, generar innovación y construir a la implementación de políticas públicas en el día a día.
Dentro de su estrategia también figuran proyectos de negocios circulares dirigidos a poblaciones vulnerables, incluidas mujeres indígenas y rurales. ¿Qué oportunidades están generando estas iniciativas para el desarrollo económico local?
Nuestro país está lleno de iniciativas de negocios que buscan responder a las dificultades económicas, esto lo vemos tanto en asociaciones de recicladores que además de la recolección desarrollana una línea paralela de productos con material recicladora como la Asoc. Cambio de de Vida en Avance en el distrito de Villa El Salvador en Lima, como en emprendimientos de moda y segundo uso en Agape en Trujilo, La Libertad, y desde luego en los emprendimientos de arte popular y ecoturismo de mujeres yaneshas en comunidades como Chispa, en la región Junín donde estamos de la mano de la defensora ambiental indígena Eva ortiz.
Nuestra experiencia demuestra que la economía circular puede convertirse en una poderosa herramienta de inclusión social cuando promovemos emprendimientos que se basan en la naturaleza y aprovechan sosteniblemente los recursos locales, valorizan residuos y recuperan conocimientos ancestrales mediante procesos de innovación.
Esto genera un triple impacto porque primero, fortalece la identidad cultural y el diálogo intercultural. En segundo lugar, incrementa la resiliencia de comunidades altamente vulnerables frente al cambio climático.Y finalmente, crea nuevas oportunidades económicas para las familias, diversificando ingresos y fortaleciendo economías locales más sostenibles.
Desde Ciudad Saludable creemos firmemente que la economía circular no solo transforma materiales; también transforma oportunidades para las personas, sus familias y comunidades.
La gestión de residuos especiales sigue siendo un reto pendiente. ¿Qué experiencias o proyectos vienen desarrollando en temas como residuos farmacéuticos, plásticos de un solo uso u otros flujos que requieren una atención diferenciada?
Los residuos especiales requieren soluciones específicas porque presentan riesgos ambientales y sanitarios distintos a los residuos municipales convencionales.En Ciudad Saludable venimos desarrollando iniciativas orientadas a reducir el consumo de plásticos de un solo uso mediante campañas educativas, centros móviles de interpretación ambiental y procesos de sensibilización ciudadana en distintas regiones.
Asimismo, promovemos alianzas con empresas y organizaciones para fortalecer la recuperación de materiales con alto potencial de valorización y apoyar la implementación de sistemas de responsabilidad compartida.
Consideramos que el futuro pasa por desarrollar sistemas especializados para residuos farmacéuticos, aparatos eléctricos y electrónicos, envases posconsumo y otros flujos prioritarios, integrando innovación tecnológica, trazabilidad y responsabilidad extendida del productor.

Ciudad Saludable es una organización clave en la construcción de la agenda de reciclaje en el país. Mirando hacia adelante, ¿cuáles son las transformaciones que aún necesita el Perú para consolidar una economía circular inclusiva y de escala nacional?
El Perú ha avanzado significativamente en la construcción de políticas de economía circular. Sin embargo, el principal desafío ahora es pasar de las normas a la implementación efectiva y para ello necesitamos fortalecer las capacidades de los gobiernos regionales y municipales, ampliar la infraestructura para valorización de residuos, consolidar mercados para materiales reciclados y promover incentivos económicos que favorezcan la innovación circular.
También es indispensable invertir en educación ambiental desde edades tempranas y consolidar una cultura de consumo responsable que cuestione las ideas que nuestra sociedad peruana tiene como símbolos de éxito que suelen estar asociados a la acumulación de bienes materiales con ciertas características. Esto es central si queremos posicionar productos circulares que promueven el uso de empaques y embalajes con materiales más sostenibles o si deseamos poner en valor los saberes que encieran los bolsos tenidos por cortezas y plantas amazónicas. De otra forma, el consumo circular seguirá percibiéndose como un lujo antes de como la forma sostenible de hacer negocios en el Perú.
Finalmente, debemos asegurar que la transición sea inclusiva, y ello implica reconocer que los recicladores, las mujeres emprendedoras, las comunidades indígenas y los pequeños productores son parte vital del nuevo modelo económico y que históricamente no han tenido los recuersos necesarios para su desarrollo, por ello, necesitamos condiciones mínimas para que su participación sea más potente ya que si ellos tiene éxito ganamos todos.
Entonces, la economía circular no es únicamente una estrategia ambiental; representa una oportunidad para construir un Perú más competitivo, más resiliente y más justo, donde el crecimiento económico vaya de la mano con la inclusión social y la conservación de nuestro patrimonio natural y cultural.









