Brasil endureció las sanciones contra el maltrato animal con la entrada en vigor de la Lei nº 14.064, que establece penas de hasta cinco años de prisión, multas económicas y la prohibición de tenencia de mascotas para quienes cometan actos de crueldad.

s. Especialistas destacan que la aplicación judicial, la educación ciudadana y sistemas de denuncia accesibles serán claves para que la ley tenga impacto real.

Por Stakeholders

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Brasil se consolidó como líder regional en protección animal con la entrada en vigor de la Lei nº 14.064 (2020), que modificó la Ley de Crímenes Ambientales y estableció sanciones de dos a cinco años de prisión, multas económicas y la posible prohibición de tenencia de animales para quienes cometan actos de maltrato.

La legislación brasileña define el maltrato de manera amplia. Incluye la violencia física como golpear, mutilar o envenenar; la negligencia, como la falta de alimentación o atención veterinaria; y prácticas estéticas invasivas, como tatuajes o perforaciones en mascotas. Este último punto refleja un avance legislativo al reconocer formas sutiles de instrumentalizar el cuerpo animal como maltrato.

El mensaje es claro: hacer daño a un perro o un gato tiene consecuencias reales y severas.

Aplicación de las sanciones y los retos pendientes

Especialistas señalan que la pena máxima depende de la gravedad del daño, la intencionalidad y la evidencia disponible. En casos menos severos, las sanciones pueden traducirse en multas o medidas alternativas, mientras que los más graves derivan en prisión efectiva.

El panorama en América Latina muestra contrastes. Panamá contempla penas de uno a tres años, aunque predominan las sanciones administrativas. En México, la falta de una ley federal unificada genera un escenario fragmentado, aunque la Ciudad de México prevé hasta cuatro años de cárcel.

Colombia, con la Ley 1774 de 2016, reconoció a los animales como seres sintientes y fijó sanciones de uno a tres años, mientras que Chile regula la tenencia responsable con penas similares. El contraste más marcado se observa en Argentina, donde sigue vigente la Ley 14.346 de 1954, con sanciones de hasta un año de prisión y sin reformas de fondo en más de siete décadas.

Los expertos coinciden en que la efectividad de la ley depende de tres factores: aplicación judicial rigurosa, educación ciudadana y sistemas de denuncia accesibles. Sin estos elementos, la normativa corre el riesgo de quedar en el papel.

Las penas de hasta cinco años de prisión en Brasil representan una declaración de valores y un llamado a otros países de la región a actualizar sus marcos normativos. El bienestar animal dejó de ser un tema marginal y se convirtió en un asunto de interés público con consecuencias legales concretas.

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