Por Renzo Rojas

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¿Qué significa hoy hablar de sostenibilidad empresarial en un Perú que enfrenta desafíos económicos, sociales, ambientales e institucionales cada vez más complejos?

Hablar hoy de sostenibilidad empresarial es hablar de interconexión: reconocer hasta qué punto una empresa está conectada con los retos del país. El Perú enfrenta presiones económicas, sociales, ambientales e institucionales que no llegan de manera aislada. Y ninguna empresa opera al margen de ellas: depende de sus trabajadores, sus proveedores, sus clientes, los recursos naturales, el agua, la infraestructura, las instituciones y las comunidades con las que comparte territorio.

Entender esas interdependencias es cada vez más importante para sostener la continuidad del negocio. Lo vemos con claridad frente a un fenómeno como El Niño. Una empresa que conoce su exposición —y la de su cadena de valor— puede anticiparse y adaptarse. La que no lo ha trabajado termina enfrentándolo como una emergencia. En ese contexto, sostenibilidad y continuidad del negocio son parte de una misma conversación: entender el ecosistema en el que se opera, anticipar riesgos, desarrollar capacidad de adaptación y sostener la operación cuando el entorno cambia.

¿Por qué es importante que las empresas demuestren con evidencia sus avances en sostenibilidad?

Hoy también es necesario demostrar esa capacidad. La confianza se construye cada vez más con evidencia. Los mercados, los inversionistas y los propios clientes quieren conocer cómo una empresa gestiona sus riesgos ASG, y la regulación peruana avanza en esa misma dirección.

En EGS 2025, el 61 % de las 67 empresas evaluadas mejoró su desempeño respecto de ediciones anteriores. Es una señal clara de que una gestión más rigurosa y verificable empieza a consolidarse entre las empresas líderes. Hablar de sostenibilidad empresarial es, finalmente, hablar de empresas mejor preparadas para adaptarse, generar confianza y competir.

“Desde Perú Sostenible queremos conectar esas capacidades y ayudar a que las buenas iniciativas no se queden aisladas, sino que puedan articularse, fortalecerse y crecer”.

¿Qué oportunidades puede encontrar el sector empresarial al involucrarse activamente en los grandes desafíos del país, como el cambio climático, el acceso al agua, la anemia, el empleo y el desarrollo territorial?

La primera oportunidad es gestionar mejor los riesgos. Cuando una empresa entiende cómo el cambio climático, el acceso al agua, el empleo o la productividad pueden afectar su operación y su cadena de valor, puede anticiparse, adaptarse y construir mayor resiliencia.

También se abren oportunidades de innovación. Frente al cambio climático y la presión sobre el agua, por ejemplo, existe un espacio enorme para desarrollar soluciones de eficiencia, circularidad e infraestructura resiliente. Eso permite optimizar recursos, reducir vulnerabilidades y fortalecer la continuidad operativa y la competitividad.

Lo mismo ocurre con un desafío como la anemia. Sus efectos durante la primera infancia pueden afectar el aprendizaje, el desarrollo de capacidades y, más adelante, la productividad del país. Por eso, antes de intervenir, es importante identificar los territorios más vulnerables, comprender las causas del problema y reconocer los momentos críticos de intervención, desde la maternidad y la primera infancia.

¿Qué iniciativas impulsa Perú Sostenible para articular al sector empresarial en la atención de las principales brechas sociales y promover soluciones que generen valor compartido?

Desde Perú Sostenible buscamos articular capacidades alrededor de esas brechas. Hemos impulsado, por ejemplo, proyectos para promover soluciones contra la anemia mediante Obras por Impuestos en distintas regiones, junto con ALOXI, así como intervenciones de telemedicina en la Amazonía. Las empresas que tienen esta problemática en sus zonas de influencia también pueden involucrarse desde aquello que saben hacer: alimentos, logística, salud, tecnología o trabajo con comunidades.

Esa es justamente la lógica del valor compartido: no se trata de que todas las empresas hagan de todo, sino de que cada una contribuya desde sus capacidades y desde su relación con el territorio. Cuando una solución fortalece la competitividad del negocio y, al mismo tiempo, genera valor para la sociedad, la sostenibilidad se convierte en una forma concreta de gestionar mejor y crecer con mayor solidez.

La Cumbre Perú Sostenible 2026 busca pasar del diálogo a la acción. ¿Qué acciones concretas considera que las empresas deberían empezar a implementar desde ahora?

Para mí, todo empieza por identificar qué es realmente material. Antes de establecer metas o lanzar iniciativas, cada empresa debe entender bien su ecosistema e identificar los dos o tres desafíos que tienen mayor incidencia en su negocio y en su entorno. Lo material para una agroexportadora no es lo mismo que para un banco. Tener esa claridad permite concentrar los recursos donde pueden generar mayor valor.

Pero el diagnóstico solo se convierte en gestión cuando existe un mandato claro desde la alta dirección. Lo confirmamos año tras año: cuando el directorio y la gerencia incorporan la sostenibilidad en la estrategia, con metas, presupuesto, responsables e indicadores, deja de ser el encargo de un área aislada y entra en las decisiones de inversión, abastecimiento y gestión de riesgos.

¿Cuáles son los siguientes pasos?

El siguiente paso, y muchas veces el más exigente, es llevar esa acción al territorio: diseñar las respuestas tomando en cuenta y, en lo posible, involucrando a sus grupos de interés; medir los resultados y escalar aquello que funciona.

Finalmente, es necesario comunicar con evidencia, mostrando avances, brechas y aprendizajes. La coherencia entre lo que una empresa declara, las decisiones que toma y los resultados que demuestra es lo que construye confianza y sostiene su compromiso en el tiempo.

Desde Perú Sostenible vienen impulsando una mayor gestión ASG en las empresas. ¿Qué expectativas tiene con la Cumbre para contribuir a un sector privado más comprometido?

Mi expectativa es que la Cumbre fortalezca el compromiso de las empresas con el desarrollo del país y refuerce nuestro rol de tender puentes: entre empresas, pero también entre el sector privado, la ciudadanía y los territorios.

Este año incorporamos las plazas sectoriales, que permitirán mostrar de manera más cercana lo que las empresas vienen haciendo y cómo distintas industrias están respondiendo a los desafíos del país. Queremos fortalecer ese tejido entre empresa y ciudadanía, generar mayor confianza y acercar al sector privado a las conversaciones que importan para el Perú.

“Porque cuando trabajamos juntos, las empresas fortalecen su competitividad y, al mismo tiempo, contribuyen a construir el país que queremos”.

¿Qué rol cumple la Cumbre de este año en medio de una coyuntura aún retadora para todos los peruanos y peruanas?

La Cumbre también se desarrolla en un momento importante para el país. Tenemos un nuevo gobierno, pero todavía enfrentamos polarización, brechas entre Lima y las regiones y dificultades para construir una visión compartida de desarrollo. El Perú es un país profundamente diverso, y esa diversidad es también una de nuestras mayores fortalezas. El reto es lograr que se convierta en una ventaja para construir progreso en todo el territorio.

Por eso, nuestros cinco ejes —Personas, Planeta, Prosperidad, Paz y Pactos— conectan con desafíos muy concretos: la resiliencia frente a El Niño; el futuro del trabajo ante la tecnología y la inteligencia artificial; la competitividad y el desarrollo territorial; la necesidad de fortalecer valores y gestionar nuestras diferencias; y la construcción de acuerdos que puedan sostenerse en el tiempo.

¿Qué herramientas y compromisos concretos promoverá Perú Sostenible desde la Cumbre para fortalecer la gestión empresarial sostenible?

Seguiremos promoviendo herramientas concretas para que las empresas puedan medir y mejorar su desempeño ASG. A través de Empresa con Gestión Sostenible impulsamos la mejora continua, y con EGS Cadenas de Impacto buscamos llevar ese avance también a sus proveedores. Esto permite multiplicar el impacto de las empresas grandes y alcanzar a más mipymes, que representan cerca del 99 % del tejido empresarial del país.

Queremos que las empresas salgan de la Cumbre con prioridades más claras, nuevos aliados y compromisos concretos. Un sector privado comprometido no solo genera crecimiento: entiende su entorno, se hace cargo de sus impactos y cumple su rol como motor de desarrollo.

Finalmente, ¿qué mensaje o llamado a la acción haría a las empresas para sumarse al cambio y comenzar a crecer de manera sostenible y bajo un enfoque de valor compartido?

Mi llamado es a trabajar juntos. En el Perú existen muchas iniciativas valiosas, pero cuando cada organización avanza por separado, su alcance es limitado. Si logramos conectar esos esfuerzos y hacer que más empresas colaboren en un mismo territorio o alrededor de un mismo desafío, podemos llegar más lejos y generar cambios de mayor escala.

Esa es la apuesta por la acción colectiva. No significa que todas las empresas hagan lo mismo, sino que cada una aporte desde sus capacidades, su experiencia y su relación con el territorio. El valor compartido parte de esa misma lógica: una empresa sostenible y rentable genera valor para sí misma, pero también para las personas, las comunidades y el país en el que opera.







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