La crisis energética que enfrenta el Perú ha reactivado el debate sobre la necesidad de transformar el sistema eléctrico nacional y avanzar hacia una matriz energética más diversificada, resiliente y con mayor participación de energías renovables. Especialistas del sector advierten que garantizar la seguridad energética del país requiere acelerar inversiones en infraestructura, modernizar las redes eléctricas y fortalecer la planificación de largo plazo.
En ese contexto, la empresa INDECO by Nexans señaló que el país necesita impulsar una transición energética ordenada que permita integrar más fuentes limpias sin descuidar el papel que actualmente cumple el gas natural como respaldo del sistema.
Renovables crecen, pero la matriz sigue concentrada
De acuerdo con cifras del Ministerio de Energía y Minas, la matriz eléctrica peruana registró en 2025 un mayor avance de las energías renovables no convencionales. Fuentes como la energía solar, eólica, el bagazo y el biogás aportaron en conjunto alrededor del 10,5 por ciento de la producción eléctrica nacional, lo que representa un crecimiento de 17 por ciento frente a 2024.
El incremento fue impulsado principalmente por la energía solar, cuya generación aumentó 70 por ciento en el acumulado anual y 122 por ciento en diciembre en comparación con el mismo mes del año anterior. Ese último mes, las energías renovables no convencionales alcanzaron el 13 por ciento de la producción eléctrica total.
Sin embargo, el sistema eléctrico peruano continúa concentrado en pocas fuentes. La hidroelectricidad representó cerca del 52 por ciento de la generación nacional, mientras que el gas natural aportó alrededor del 35 por ciento. Esta alta dependencia evidencia que el gas sigue siendo un componente clave del sistema, pero también un factor de vulnerabilidad para la seguridad energética del país.
Cuatro desafíos para la transición energética
El crecimiento de las energías renovables abre nuevas oportunidades, aunque también pone en evidencia los retos pendientes para consolidar una transición energética sostenible. Entre los principales desafíos se encuentra ampliar la participación de las energías renovables no convencionales, modernizar las redes de transmisión y distribución, incorporar soluciones de almacenamiento energético y mejorar la gestión de la demanda.
Organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco Interamericano de Desarrollo coinciden en que una mayor integración de energías renovables requiere redes eléctricas más digitales y flexibles, además de infraestructura capaz de mantener la estabilidad del sistema y aprovechar mejor los beneficios económicos y ambientales de estas tecnologías.
Otro reto importante es cerrar la brecha de electrificación en zonas rurales. En estos territorios, las soluciones descentralizadas pueden desempeñar un papel clave para ampliar el acceso a la energía.
Asimismo, tecnologías emergentes como las baterías, el hidrógeno verde y el biometano aparecen como alternativas relevantes para avanzar en la descarbonización de sectores intensivos en energía, como la industria y el transporte.
Infraestructura y eficiencia energética
Para el sector eléctrico, fortalecer la seguridad energética implica reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar la resiliencia de las redes.
“La seguridad energética no puede esperar. Se construye reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y fortaleciendo una red eléctrica más resiliente y flexible. Esto exige acelerar la inversión en infraestructura moderna, integrar de manera eficiente las energías renovables y priorizar la eficiencia energética para aliviar la presión sobre el sistema y mejorar la competitividad del país”, destacó José Varela, gerente comercial de INDECO by Nexans.
Desde la perspectiva de la compañía, el desafío no radica en elegir entre gas natural o energías renovables, sino en construir un sistema más diversificado y menos vulnerable frente a cambios en la demanda o eventos climáticos extremos.
Planificación para un sistema energético sostenible
La transición energética también requiere una planificación estratégica que contemple escenarios climáticos más exigentes y medidas concretas para garantizar el suministro eléctrico en el corto, mediano y largo plazo.
En este proceso, el compromiso del Perú con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, en particular el ODS 7 sobre energía asequible y no contaminante, y la Política Energética de Estado Perú 2010–2040 del Ministerio de Energía y Minas constituyen marcos clave para orientar la transformación del sector.
Ambas estrategias plantean metas orientadas a construir un sistema energético más sostenible, competitivo y resiliente, un objetivo que hoy adquiere mayor urgencia frente a los desafíos que enfrenta el país en materia de seguridad energética.









