Las políticas públicas basadas en encuestas

Las políticas públicas basadas en encuestas

Por: Jorge Melo Vega

Los países, como las empresas, para gestionarse adecuadamente requieren contar con la mejor información. Al ser ésta una poderosa fuente para el análisis, ayuda a identificar la realidad de los distintos ámbitos que se gobierna, a precisar líneas de base, definir si se está creciendo o retrocediendo y permite fijar metas y objetivos: la información sirve para fijar un norte y avanzar. Las empresas destinan importantes recursos de su presupuesto para obtener la mejor información, cuentan con áreas que investigan el tamaño de su mercado, la participación de los competidores, el crecimiento de la economía y cuánto puede representar ese crecimiento en su cuenta de resultados. Pagan por consultorías, únicamente, con el fin de que les brinden información verdadera que luego se convierte en el insumo perfecto para tomar decisiones importantes; fijarse metas reales de crecimiento, invertir o desinvertir, entre otras decisiones. La información es parte de su inteligencia competitiva.

El sector público no suele ser muy riguroso con sus fuentes de información, es por ello que muchas veces se equivoca y esos errores cuestan caro. El Instituto Nacional de Estadísticas e Informática – INEI, es la principal fuente de información pública con la que contamos y es cierto que cada vez su trabajo es más riguroso. La Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) es su principal, llamémosle producto, que luego sirve para la identificación y priorización de las políticas públicas. Sin embargo, el grueso de la información que maneja el INEI, entre ellas la misma ENAHO, se obtiene desde las encuestas, que recogen información que aportan los ciudadanos en base a su conocimiento sobre los diferentes temas preguntados.

En otros países se cuentan con organizaciones, como nuestro INEI, que se encargan de reunir toda la información (datos) con la que cuenta el sector público y privado. No se limitan a trabajar con la data autogenerada, como es nuestro caso, sino que también reúnen los datos reales que arroja la administración, los servicios públicos y la economía en general. Ordenar y gestionar toda esa información requiere de perfiles profesionales y capacidades que probablemente no estamos promoviendo. Hay una ausencia importante de datos consolidados, cada área de nuestra administración pública maneja información que puede resultar en determinadas circunstancias contradictoria. Esa información contradictoria es la que también sirve luego para la elaboración de leyes en el Congreso.

La encuesta es una buena herramienta para construir información, pero muchas veces puede estar sesgada por la inadecuada información que maneja nuestra población. Si algo destaca en nuestro país es el escaso nivel de ciudadanía, no nos preocupamos mucho por mantenernos informados y luego nos sentimos vulnerables con la respuesta: “no sabía”, ocasionando decisiones incorrectas, tanto económicas como políticas. Esa escasa o inadecuada información que manejamos, luego es utilizada por diversos agentes para provecho propio.

Lo hemos visto recientemente en el debate sobre el uso de los fondos en el sistema previsional administrado por la AFPs. Ese debate fue un circo de cifras y números claramente alejados de la realidad, que llevó a muchos congresistas a faltar a la verdad para beneficio de su causa. De acuerdo a la ENAHO, por ejemplo, hay 6.5 millones de afiliados al sistema previsional, cuando en realidad esa cifra alcanza los 10 millones de personas. Pero igual, esas cifras tampoco nos dicen mucho, porque el único dato cierto es que son apenas 4 millones los que aportan mensualmente al sistema público y privado.

Es difícil para los economistas y funcionarios en general, alejarse de la información que provee la ENAHO, pero la realidad es mucho más puntual y rigurosa que las encuestas. Por tanto, hay que saber identificar nuevas fuentes de información, más precisas, distintas a las encuestas, que ayuden a tomar mejores decisiones. Miles de trabajadores, por ejemplo, piensan que están afiliados y aportan a ESSALUD o al sistema previsional, cuando la realidad no refleja esto. ¿El trabajador miente? No, lo que ocurre es que no conoce su propia situación y asume, sin constatar ante la seguridad social o el sistema de pensiones, sí están al día en los pagos que le retiene el empleador.

El contar con información clara y ciudadanos informados es un tema a priorizar en nuestra agenda nacional. Hoy las tecnologías nos permiten acceder a la Big Data, que es toda la información que existe en la realidad, que circula todo el tiempo, pero que no la sabemos recoger adecuadamente y procesar para sacarle el mayor provecho. Las filtraciones en los programas sociales debieran convertirse en el incentivo para invertir en reunir, en base a datos reales, toda la información para ejecutar correctamente las políticas públicas.

Etiquetas: , ,