Para Noemí Rosmeri Ttito Zamora, subir al escenario junto a Taboo, integrante de Black Eyed Peas, no fue solo una experiencia inesperada. Fue también una oportunidad para que su identidad quechua y la realidad de su comunidad fueran escuchadas frente a miles de personas.
La joven de 25 años llegó desde Chullupata, comunidad del distrito de Tambobamba, provincia de Cotabambas, en Apurímac. Actualmente estudia Educación Inicial Intercultural Bilingüe en el Instituto de Educación Superior Pedagógico Público José Carlos Mariátegui de Tambobamba. Desde niña, cuenta, se ha sentido profundamente identificada con su comunidad, sus costumbres y su lengua.
El 2 de septiembre, durante el concierto de Black Eyed Peas en Arena 1 Park, en la Costa Verde, Noemí compartió escenario con representantes quechuas, aimaras y amazónicos. La delegación sostuvo una bandera del Tahuantinsuyo y presentó ante el público la diversidad de los pueblos originarios del país.
La invitación surgió luego de un encuentro que Taboo sostuvo, un día antes del concierto, con representantes indígenas de distintas regiones. Noemí recuerda que el artista les expresó su interés por conocer sus historias y costumbres.

“Taboo también proviene de abuelos indígenas y es lo que nos comentó. Entonces, él cada vez que visita diferentes países quiere conocer personas o costumbres de pueblos indígenas”, cuenta.
Durante aquella reunión, Noemí compartió con representantes de Puno y de la Amazonía. Más allá de las diferencias entre sus territorios, encontraron problemáticas comunes.
“Cada quien tiene su propia realidad y sus propias necesidades, aunque también encontramos problemáticas en común. En el Perú, muchas veces no se nos reconoce como pueblos indígenas ni se nos valora como debería ser”, sostiene Noemí.
El intercambio llevó a Taboo a proponerles que fueran parte de su presentación. “Se le ocurrió decirnos: ‘Quiero que ustedes estén presentes en mi concierto. Quiero presentarles a mi gente’”, recuerda.
“Los pueblos indígenas aún siguen vivos”
Para Noemí, subir al escenario significó mucho más que representar a su comunidad. Aunque los nervios estuvieron presentes, tenía claro el mensaje que quería transmitir, que los pueblos indígenas siguen siendo parte viva del Perú y sus voces merecen ser escuchadas y reconocidas.
“Más que una representación, creo que fue una forma de mostrar que los pueblos indígenas seguimos vivos y que también somos parte del Perú. Sin embargo, el Gobierno todavía no nos valora ni nos visibiliza como debería”, afirma.

Para ella, ese reconocimiento contrasta con la realidad que viven muchas comunidades, donde todavía existen brechas que dificultan el acceso a servicios básicos y oportunidades.
Noemí habla desde su propia experiencia. En Chullupata, explica, no cuentan con agua y desagüe y tampoco tienen instituciones educativas de primaria y secundaria. Los estudiantes deben trasladarse hasta Tambobamba para continuar sus estudios.
“En mi comunidad no tenemos agua ni desagüe y, además, casi no hay obras ni apoyo por parte del Estado. Son necesidades que seguimos esperando que sean atendidas”, señala.
La distancia también forma parte de la vida cotidiana. Para comunicarse o realizar algunas compras, los habitantes deben desplazarse hasta la población.
“A veces no hay internet, tienes que ir a cerros si quieres comunicarte y para bajar a la población le toma una hora y media”, relata.
La comunidad depende principalmente de la agricultura y la ganadería. Por eso, cualquier alteración en el acceso al agua o en las condiciones climáticas tiene un impacto directo en las familias.
“A veces el frío es mucho más intenso que antes y eso también afecta nuestros cultivos. La producción ya no es como era antes y eso termina afectando a nuestras familias”, explica.
Ante este escenario, considera prioritario mejorar la gestión del agua y garantizar que el recurso llegue a las comunidades.
“Necesitamos que se implementen proyectos que permitan garantizar una distribución equitativa del recurso hídrico para todas las comunidades”, plantea.
También considera necesaria la construcción de escuelas de primaria y secundaria en su comunidad, para que los niños y adolescentes no tengan que desplazarse hasta Tambobamba para estudiar.
Una identidad que se lleva puesta
Noemí también llevó al escenario aquello que define su identidad y que busca preservar desde su comunidad: el quechua, la vestimenta tradicional, la artesanía y los saberes transmitidos por sus mayores. Esa defensa de sus raíces también forma parte de su vida cotidiana y de su formación como futura docente.
En el instituto donde estudia, los estudiantes acuden cada miércoles con sus trajes típicos como una forma de mantener vivas sus costumbres y, al mismo tiempo, compartir la diversidad cultural de las comunidades de las que provienen.
“A mí siempre me ha gustado hablar mi quechua, vestirme con mi ropa típica, que nos hacemos nosotros mismos, la elaboramos con la lana de nuestra oveja y que también lo seguimos practicando”, cuenta.

Por eso, después de aquella experiencia frente al público limeño, Noemí se queda con un mensaje que considera incluso más importante que el homenaje recibido: que las nuevas generaciones no abandonen aquello que las conecta con sus comunidades.
“Quiero agradecer a Taboo por reconocernos como pueblos indígenas y decirles a los jóvenes que nunca se avergüencen ni se olviden de dónde vienen, porque eso es parte de su identidad y de quienes son”, enfatiza.
Para Noemí, mantener viva esa identidad no depende únicamente de los reconocimientos que puedan llegar desde un escenario internacional. Está también en las decisiones cotidianas: seguir hablando quechua, vestir la ropa que elaboran sus propias comunidades, aprender de las abuelas y transmitir esos conocimientos a los niños.
“Nunca olvidar de hablar nuestro idioma porque es una riqueza cultural que tenemos cada uno y que desde pequeños nos ha acompañado, que nuestros ancestros nos han dejado. Es algo único que debemos valorarlo”, finaliza.









