En los últimos informes de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), aparece con frecuencia una expresión que está captando la atención de analistas y empresas del sector: el mundo estaría ingresando a la “era de la electricidad”. La frase puede sonar ambiciosa, pero refleja una tendencia estructural real en el sistema energético global.
Históricamente, los sistemas energéticos han estado dominados por distintas fuentes. El siglo XIX fue la era del carbón; el siglo XX estuvo marcado por el petróleo y el gas natural. En el siglo XXI, sin embargo, el elemento que parece convertirse en el eje del sistema energético es la electricidad.
Conviene aclarar que la electricidad no es una fuente de energía en sí misma, sino un “vector energético”, es decir, una forma de transportar y utilizar energía producida a partir de diversas fuentes. Lo que está cambiando es que cada vez más actividades económicas utilizan electricidad como forma final de consumo energético.
Actualmente, la electricidad representa aproximadamente el 20 % del consumo final de energía a nivel mundial. Hace cincuenta años, esa cifra estaba cerca del 10 %. Diversos escenarios analizados por la IEA y otras instituciones internacionales proyectan que esta participación podría acercarse al 40 % o incluso al 50 % hacia mediados de siglo. De concretarse, se trataría de uno de los cambios estructurales más importantes en la historia del sistema energético moderno.
«Para países como el Perú, esta tendencia global plantea tanto desafíos como oportunidades».
Tres factores principales explican esta tendencia.
El primero es la electrificación del transporte. Los vehículos eléctricos están comenzando a reemplazar a los motores de combustión interna en automóviles, buses y otros segmentos del transporte. Cada vehículo que se electrifica sustituye la demanda de gasolina o diésel por la demanda de electricidad.
El segundo factor es la electrificación de edificios y sistemas de calefacción o climatización. Tecnologías como las bombas de calor permiten generar calor o frío con gran eficiencia utilizando electricidad. En muchos casos, un kilovatio-hora eléctrico puede producir tres o más kilovatios-hora de energía térmica.
El tercer factor es la electrificación de procesos industriales y el crecimiento de la economía digital. Procesos industriales que antes dependían de combustibles fósiles están comenzando a migrar hacia soluciones eléctricas. Al mismo tiempo, la expansión de centros de datos, inteligencia artificial, telecomunicaciones y servicios digitales está impulsando una demanda eléctrica adicional significativa.
Esta tendencia tiene implicancias profundas para la planificación energética. Si la electricidad pasa a ocupar un rol central en el consumo energético mundial, la infraestructura eléctrica —generación, transmisión, almacenamiento y redes de distribución— se vuelve aún más estratégica.
Sin embargo, hablar de una “era de la electricidad” no significa que los combustibles fósiles desaparecerán rápidamente. El petróleo, el gas natural y el carbón seguirán formando parte del sistema energético durante varias décadas. Lo que probablemente cambiará es su peso relativo dentro de la matriz energética global.
Para países como el Perú, esta tendencia global plantea tanto desafíos como oportunidades. Por un lado, el crecimiento de la electrificación exige fortalecer las redes eléctricas y garantizar suficiente capacidad de generación confiable. Por otro lado, el país cuenta con recursos renovables relevantes —hidroelectricidad, solar y eólico— que podrían permitir una expansión competitiva de la generación eléctrica.
En ese contexto, comprender el avance de la electrificación global no es solo un ejercicio académico. Es un elemento clave para anticipar cómo evolucionará el sistema energético y cuáles serán las decisiones de inversión y política pública que marcarán las próximas décadas.









