El Perú enfrenta una crisis de infraestructura con miles de obras detenidas. Patricio Zapata explica cómo la falta de planificación, la fragmentación del proceso constructivo y un sistema de contratación deficiente afectan la competitividad del país y propone modernizar la gestión con transparencia y herramientas digitales como BIM para reactivar proyectos y recuperar confianza.

Según el especialista, la falla crítica está en la planificación y en un sistema de contratación que privilegia el precio sobre la calidad técnica, lo que genera proyectos con alto riesgo desde su origen. Foto: Stakeholders.

Por Bryam Esquen Del Carmen

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En pleno proceso electoral de 2026, la infraestructura pública se ha convertido en uno de los temas más sensibles para el desarrollo del país. Según Contraloría, a inicios de 2026, más de 2,700 obras permanecen paralizadas, lo que refleja que el problema no es la falta de proyectos, sino la incapacidad de gestionarlos con eficiencia.

Ante esta problemática, Patricio Zapata, gerente de éxito de clientes para Graphisoft Latinoamérica, advierte a Stakeholders que la raíz del problema está en la planificación. “Hay una desconexión entre planificación, diseño, contratación y ejecución. Cada etapa opera como un silo, sin continuidad de información ni responsabilidad compartida”, explica.

¿Cuál es el impacto de las obras paralizadas en ámbito social y económico en el Perú?

Para el especialista, la falla crítica se origina en proyectos que parten con definiciones incompletas y falta de coordinación interdisciplinaria, lo que convierte la ejecución en un proceso reactivo y de alto riesgo.

“No se trata de que falten recursos, sino de que no logramos ejecutarlos con eficiencia. El problema no es financiero, es de productividad en la industria de la construcción”, enfatiza.

Zapata sostiene que el sistema de contratación pública privilegia el precio sobre la calidad técnica, generando proyectos que nacen con alto riesgo. “Si el modelo no exige madurez del proyecto antes de licitar, el resto del sistema opera en condiciones subóptimas”, afirma.

La separación entre diseño y construcción provoca pérdida de información crítica y retrabajos que encarecen los proyectos. La implementación de normas como la serie ISO 19650, vinculadas a BIM, podría mejorar la trazabilidad y reducir los tiempos de ejecución, siempre que exista voluntad institucional para aplicarlas.

Las consecuencias de esta parálisis son directas: hospitales que no funcionan, redes de transporte incompletas y sistemas de agua que nunca llegan a operar. Pero también hay un efecto estructural menos visible: la dificultad para construir capital humano y atraer inversión en un entorno donde la infraestructura básica es deficiente.

“Un país que no logra ejecutar bien crece menos de lo que podría”, advierte Zapata. Además, la mano de obra barata y poco calificada, lejos de reducir costos, genera sobrecostos y baja eficiencia, lo que encarece aún más los proyectos.

¿Qué soluciones existen para evitar la paralización de obras en el Perú?

El especialista plantea que la solución pasa por modernizar la gestión de proyectos, con procesos más transparentes, mejor articulación institucional y mayor uso de herramientas digitales como BIM. “El aporte de BIM no es solo técnico, es estructural. Permite resolver problemas críticos como la falta de coordinación entre disciplinas y la baja trazabilidad de la información”, explica.

Sin embargo, advierte que el reto es cultural: mientras se siga confiando en planos en papel y jerarquías profesionales obsoletas, será difícil formar equipos preparados para entornos colaborativos.

Para destrabar obras en el corto plazo, Zapata propone tres acciones: priorizar proyectos con mayor avance real, revisar contratos para habilitar continuidad técnica y adoptar gestión digital en la reactivación. “La clave es no reactivar proyectos bajo las mismas condiciones que los paralizaron”, afirma.

En el contexto electoral, critica que los candidatos sigan centrados en anunciar nuevas obras en lugar de resolver los problemas de ejecución. “Estamos rodeados de oportunidades para mejorar, pero se requiere tiempo, comprensión y madurez institucional”, concluye.

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