El Día de la Tierra expone avances y vacíos en la acción climática regional; energías renovables transforman comunidades en Bolivia, Chile y Colombia, Perú impulsa su primer proyecto de carbono azul en manglares de Tumbes.

Las iniciativas comunitarias y los proyectos innovadores muestran que la sostenibilidad requiere alianzas entre gobiernos, empresas y ciudadanos.

Por Stakeholders

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Cada 22 de abril, el Día de la Tierra vuelve a exponer las tensiones de la acción climática en América Latina. Los avances en acción climática conviven con desafíos persistentes en la región. Mientras en Bolivia, Chile y Colombia comunidades rurales impulsan proyectos de energías renovables que amplían el acceso a la electricidad y reducen emisiones, en Perú se da un paso clave con el impulso del primer proyecto de carbono azul en los manglares de Tumbes, ecosistemas estratégicos por su capacidad de capturar CO₂ y proteger la biodiversidad.

Sin embargo, estos avances contrastan con vacíos en la gobernanza ambiental. La ausencia de Perú en la COP4 del Acuerdo de Escazú evidencia una brecha bastante importante. El tratado busca garantizar el acceso a la información y proteger a los defensores de derechos ambientales, pero su discusión sin participación peruana limita la capacidad del país para incidir en decisiones clave a nivel regional. En esta nota te detallamos el panorama ambiental que tiene nuestro país y algunos de Latinoamérica.

Avances regionales: innovación local frente a una crisis global

En distintos puntos de la región, las respuestas frente al cambio climático comienzan a tomar forma desde lo local. En Bolivia, Chile y Colombia, comunidades rurales impulsan proyectos de energías renovables que no solo reducen emisiones, sino que también amplían el acceso a servicios básicos como la electricidad.

En Colombia, por ejemplo, las llamadas “comunidades energéticas” representan un modelo descentralizado en el que los ciudadanos generan y gestionan su propia energía. En Argentina, iniciativas como la producción de electricidad a partir de cáscaras de maní reflejan cómo la economía circular puede transformar residuos en soluciones energéticas sostenibles.

Perú también muestra señales de avance, aunque en una línea distinta. En el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes se desarrolla el primer proyecto de carbono azul del país. Este tipo de carbono, almacenado en ecosistemas costeros como manglares, tiene una capacidad de captura significativamente mayor que los bosques terrestres, lo que lo posiciona como una herramienta clave en la mitigación del cambio climático.

La iniciativa, impulsada por el Consorcio Manglares y el SERNANP, abre una puerta para que nuestro país se inserte en mercados emergentes de carbono. Sin embargo, su implementación enfrenta desafíos técnicos, financieros y de escalabilidad que aún deben resolverse.

En el plano técnico, persisten dificultades para generar datos robustos sobre almacenamiento y captura de carbono, lo que exige diseños de muestreo complejos, validaciones constantes y proyecciones confiables a largo plazo. A ello se suma la necesidad de ampliar la escala del proyecto, ya que la limitada extensión del santuario reduce su rentabilidad y atractivo para inversionistas.

En el ámbito regulatorio, uno de los principales obstáculos es que el estándar internacional elegido, Plan Vivo, aún no cuenta con reconocimiento en el registro oficial del Ministerio del Ambiente. Esta falta de alineación normativa, junto con los altos costos de certificación y la búsqueda de financiamiento, retrasa la consolidación de una iniciativa que, pese a su potencial, aún transita una etapa incipiente.

Perú: avances técnicos, pero rezagos en gobernanza ambiental

El caso peruano evidencia una contradicción estructural. Mientras se desarrollan proyectos innovadores como el carbono azul, el país mantiene una posición débil en espacios de decisión internacional.

La ausencia de Perú en la COP4 del Acuerdo de Escazú —realizada en Bahamas— marca un punto crítico. Este tratado, adoptado en 2018, es el primero en América Latina enfocado en garantizar el acceso a la información ambiental, la participación ciudadana y la protección de defensores ambientales.

La decisión de no ratificar el acuerdo, basada en preocupaciones sobre soberanía y posibles impactos en el modelo de desarrollo, limita la capacidad del país para influir en la agenda ambiental regional. Más aún, deja en evidencia una brecha entre la acción climática técnica y el fortalecimiento institucional necesario para sostenerla.

Para Perú, su ratificación sería clave para fortalecer la gobernanza ambiental, mejorar la transparencia en la toma de decisiones y reducir los conflictos socioambientales. Asimismo, permitiría al país tener mayor incidencia en la agenda regional y reforzar la protección de comunidades frente a impactos ambientales.

Cabe mencionar que la situación de los defensores ambientales en Perú es crítica. Entre 2012 y 2024, al menos 62 defensores ambientales en Perú han sido asesinados, según Global Witness. La mayoría de ellos, pertenecientes a pueblos indígenas que enfrentan la minería ilegal, la tala y el narcotráfico en sus territorios.

Consecuencias del cambio climático que ya afectan al planeta

Los impactos del cambio climático han dejado de ser advertencias científicas proyectadas a largo plazo para convertirse en fenómenos concretos, medibles y cada vez más frecuentes. Desde el aumento sostenido de las temperaturas hasta la intensificación de eventos extremos, la evidencia muestra una presión creciente sobre los sistemas naturales y humanos.

En ese contexto, el ascenso del nivel del mar —que ha aumentado entre 21 y 24 centímetros desde 1880— ya afecta fuentes de agua dulce y eleva riesgos sanitarios, mientras que huracanes más intensos y lluvias extremas incrementan la probabilidad de desastres. A ello se suma el calor urbano, que eleva las temperaturas en las ciudades y profundiza desigualdades sociales, junto con incendios forestales más frecuentes que amenazan la biodiversidad.

Asimismo, el derretimiento de glaciares compromete la disponibilidad de agua, especialmente en países andinos como Perú, y la pérdida de biodiversidad altera ciclos naturales clave, con impactos directos en la seguridad alimentaria.

¿Por qué se celebra el Día de la Tierra?

El Día Internacional de la Madre Tierra, celebrado cada 22 de abril desde 1970, tiene como objetivo central sensibilizar sobre los desafíos ambientales globales, como la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

Más allá de su carácter simbólico, esta fecha funciona como un termómetro del compromiso global. También evidencia cómo la agenda ambiental logra posicionarse en la conversación pública, especialmente en entornos digitales, donde el interés crece de forma exponencial en torno a la fecha.

En este Día de la Tierra, el balance demuestra grandes avances que marcan el camino, pero también brechas que, de no cerrarse, podrían comprometer el futuro ambiental de la región. En nuestro país particularmente, se cuenta con ecosistemas estratégicos y proyectos prometedores, pero enfrenta limitaciones en su inserción internacional y en la consolidación de políticas ambientales integrales.

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