Un estudio de la Universidad de Gotemburgo ha reactivado el debate sobre la práctica de hervir langostas vivas. La investigación concluye que estos crustáceos podrían experimentar dolor de forma similar a otros animales, lo que plantea cuestionamientos éticos en la industria alimentaria y en el consumo doméstico.
El análisis se centró en la especie Nephrops norvegicus y evaluó su comportamiento ante estímulos eléctricos; los resultados evidenciaron respuestas consistentes con mecanismos neurológicos asociados al dolor.
“El hecho de que analgésicos desarrollados para humanos también funcionen en langostas demuestra lo similares que somos en nuestro funcionamiento”, afirmó Lynne Sneddon, profesora de zoofisiología y una de las investigadoras del estudio.
Estudio revela que las langostas experimentan dolor al ser hervidas
Para comprender estas reacciones, el equipo trabajó con 105 ejemplares divididos en grupos; algunos fueron expuestos a descargas de 9,09 voltios por metro durante 10 segundos, mientras otros no recibieron estímulos.
Las langostas sometidas a descargas mostraron un movimiento brusco de la cola que facilita su escape. Según los científicos, esta conducta no responde únicamente a un reflejo automático, sino a una reacción vinculada al sufrimiento.
El estudio, publicado en Nature, sostiene que estas respuestas están relacionadas con la nocicepción, mecanismo mediante el cual los organismos detectan estímulos dañinos y los traducen en experiencias negativas. Esta evidencia coincide con hallazgos en otras especies; por ejemplo, cangrejos ermitaños que abandonan sus conchas tras descargas eléctricas o pulpos que evitan espacios asociados a experiencias adversas.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la respuesta a analgésicos. Los investigadores administraron lidocaína y aspirina a distintos grupos antes de aplicar los estímulos; los resultados mostraron una reducción significativa en las reacciones de escape.
Solo siete de trece langostas tratadas con lidocaína reaccionaron, mientras que en el grupo con aspirina la cifra descendió a tres; en contraste, los ejemplares sin tratamiento presentaron respuestas más intensas.
“Eso explica por qué es importante preocuparnos por cómo tratamos y matamos a los crustáceos, igual que ocurre con pollos o vacas”, señaló Sneddon. La disminución de las respuestas tras el uso de analgésicos refuerza la hipótesis de que su sistema nervioso procesa el daño de manera más compleja de lo que se creía.
La prohibición de cocinar animales vivos
Estos hallazgos ya influyen en cambios normativos a nivel internacional; países como Noruega, Nueva Zelanda y Austria, así como algunas regiones de Australia, han prohibido hervir crustáceos vivos por razones de bienestar animal.
En el Reino Unido, una legislación aprobada en 2022 reconoce a langostas, cangrejos y pulpos como seres sintientes, capaces de experimentar dolor y sufrimiento.
En paralelo, se evalúan métodos más humanitarios, como el aturdimiento eléctrico previo a la muerte; estas alternativas buscan reducir el sufrimiento sin eliminar el consumo. En Estados Unidos, algunos estados han comenzado a debatir regulaciones similares, en línea con una creciente revisión de prácticas consideradas inhumanas.
El consenso científico en torno a la capacidad de los invertebrados para sentir dolor sigue en expansión. A medida que se acumula evidencia, la discusión sobre su tratamiento gana relevancia en la agenda pública y plantea nuevos desafíos para la industria alimentaria y las políticas de bienestar animal.









