El regreso de los elefantes al este de Zambia después de más de 50 años marca un hito ecológico y social; comunidades y ecólogos observan cómo los gigantes restauran corredores ancestrales y revitalizan ecosistemas, mientras surgen nuevos retos de convivencia.

Entre 2023 y 2026 se multiplicaron los avistamientos de manadas que recorren campos y bosques.

Por Stakeholders

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Lo que parecía una desaparición definitiva terminó convirtiéndose en una de las historias más sorprendentes de África: los elefantes han vuelto al este de Zambia después de más de 50 años. Durante décadas, la caza furtiva y la fragmentación del territorio habían borrado a estos gigantes de bosques y humedales. Hoy, contra todo pronóstico, recorren nuevamente rutas ancestrales, recordando que la naturaleza conserva una memoria ecológica capaz de reconstruirse.

El origen del retorno y los desafíos para las comunidades

La recuperación comenzó en 2022, cuando Malawi trasladó 263 elefantes desde el Parque Nacional Liwonde hasta Kasungu. La frontera occidental de este parque permanece abierta hacia Zambia, lo que permitió que los animales siguieran antiguos corredores invisibles para los humanos, pero grabados en la memoria de la especie. Entre 2023 y 2026, los avistamientos se multiplicaron y comunidades enteras observaron manadas de más de 50 ejemplares desplazándose por campos agrícolas y bosques. Para los ecólogos, este fenómeno representa la restauración de un corredor ecológico histórico entre Malawi y Zambia, vital para la diversidad genética y la resiliencia de los ecosistemas.

Los elefantes son considerados ingenieros ecológicos porque derriban árboles y abren claros que benefician a otras especies, dispersan semillas a grandes distancias y transforman paisajes manteniendo la biodiversidad en equilibrio. Su regreso no solo significa la recuperación de una especie emblemática, sino también la revitalización de ecosistemas enteros.

La convivencia, sin embargo, no es sencilla. Los elefantes han comenzado a entrar en campos de maíz, maní, girasol y banano, provocando pérdidas económicas significativas. Lo que inicialmente fue recibido con emoción pronto generó preocupación y miedo, ya que los encuentros cercanos implican riesgos reales tanto para las personas como para los animales. Este escenario recuerda que conservar la vida silvestre no consiste únicamente en proteger especies, sino en encontrar formas sostenibles de coexistencia.

Las medidas de mitigación y el contexto climático en Zambia

Para reducir los conflictos se han implementado estrategias como collares satelitales en elefantas líderes para monitorear movimientos, equipos de respuesta rápida que alertan a comunidades y redirigen manadas, cercas eléctricas solares para proteger cultivos y graneros reforzados que resguardan alimentos frente a incursiones nocturnas.

Zambia enfrenta una crisis múltiple: más del 60 % de la población vive bajo el umbral de pobreza, un tercio de los niños menores de cinco años sufre retraso en su desarrollo por desnutrición y fenómenos extremos como sequías e inundaciones desplazan a los elefantes de sus rutas migratorias, intensificando los choques con comunidades rurales. Según el PNUD, los animales buscan desesperadamente agua y alimento, lo que genera pérdidas económicas y, en ocasiones, muertes humanas.

El regreso de los elefantes a Zambia es una historia de resiliencia y cooperación internacional, pero también un recordatorio de los desafíos que plantea la coexistencia entre humanos y fauna silvestre. La conservación requiere equilibrar la protección de especies con la seguridad y el sustento de las comunidades locales, demostrando que el futuro de la biodiversidad depende tanto de la memoria ecológica como de la capacidad humana para convivir con ella.

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