
El río Rímac, principal fuente de agua para Lima, ha sido escenario de una grave contaminación ambiental. Informes de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) revelaron que Sedapal vertió aguas contaminadas con metales pesados y sustancias tóxicas a través de su colector Cerro Candela, afectando el ecosistema y poniendo en riesgo la salud de miles de limeños.
El caso se destapó a inicios de febrero, cuando ciudadanos reportaron una extraña coloración rojiza en el río. En un primer momento, Sedapal negó cualquier responsabilidad y atribuyó el fenómeno a posibles desechos industriales ajenos a su control. Sin embargo, los informes oficiales desmintieron esta versión. “Se ha confirmado la presencia de cromo, plomo, manganeso y coliformes en niveles muy por encima de los permitidos”, detalló un funcionario de OEFA.
Sedapal admite los vertimientos, pero responsabiliza a una empresa textil

Ante la contundencia de las pruebas, Sedapal finalmente reconoció que las aguas contaminadas provenían de su colector, aunque aseguró que el origen de la contaminación estaba en los desechos de una empresa textil. La compañía estatal afirmó haber cerrado las redes de la empresa implicada y presentó una denuncia penal por delitos ambientales. “En ningún momento se vio afectado el sistema de tratamiento de agua potable, y el servicio se ha mantenido con los estándares de calidad”, se lee en un comunicado de Sedapal.
No obstante, la magnitud del daño ya está generando repercusiones. La Defensoría del Pueblo ha solicitado el inicio de investigaciones penales y convocará a diversas entidades para coordinar acciones de mitigación. “Estamos ante un posible delito ambiental con consecuencias directas en la salud pública y el abastecimiento de agua potable”, advirtió un representante del organismo.

Impacto ambiental y riesgos para la población
El vertimiento de aguas contaminadas en el río Rímac no solo afecta el suministro de agua, sino también la agricultura y la generación de energía. Más de 244,000 personas viven en las riberas del río y dependen de su caudal para diversas actividades. Además, en su recorrido funcionan cinco centrales hidroeléctricas que podrían verse comprometidas por la contaminación.
A pesar de la gravedad de la situación, Sedapal aún no ha brindado respuestas claras sobre las medidas que implementará para evitar que incidentes similares vuelvan a ocurrir. Mientras tanto, la preocupación crece entre la población y las autoridades exigen sanciones ejemplares.
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