La vicedecana de Arquitectura de IE University, Cristina Mateo, reflexiona sobre los desafíos de las ciudades latinoamericanas y el rol de los stakeholders en la construcción de entornos urbanos más inclusivos, sostenibles y centrados en las personas.

Cristina Mateo asegura que para hacer que la experiencia diaria sea positiva y no agotadora es clave en una ciudad resiliente.

Por Denisse Torrico

Lectura de:

Desde su experiencia en ciudades sostenibles, ¿cuáles son los principales desafíos para lograr entornos más habitables?

Uno de los mayores retos es lograr que las personas se sientan vinculadas con el lugar donde viven. La experiencia cotidiana del ciudadano debe ser positiva, no agotadora. En muchas ciudades latinoamericanas, los largos desplazamientos —por falta de planificación o transporte eficiente— generan fatiga y desconexión. Una ciudad resiliente debe minimizar esos tiempos o, al menos, convertirlos en experiencias más llevaderas y útiles.

En América Latina, la desigualdad urbana es evidente. ¿Cómo se pueden diseñar espacios inclusivos y accesibles?

La planificación urbana ha estado muchas veces en manos del sector privado, que responde a lógicas de rentabilidad. Por eso, es clave una intervención equilibradora del sector público. Pero también se necesita una ciudadanía más articulada, que exija equidad. Además, es fundamental trabajar con expertos que comprendan la realidad local. No se pueden aplicar soluciones globales sin adaptarlas a las particularidades de cada ciudad.

En Lima, por ejemplo, existen fuertes contrastes entre distritos. ¿Cómo abordar esta brecha?

Es importante visibilizar estas desigualdades a través de nuevas métricas. No solo medir crecimiento económico, sino también la calidad de las relaciones sociales: cuánto se interactúa, en qué espacios, con qué condiciones. Si hay zonas donde no existen espacios seguros y adecuados para el encuentro, eso es un indicador de fracaso urbano que debe hacerse evidente.

¿Qué ciudades destacaría como referentes en sostenibilidad y convivencia urbana?

Copenhague (capital de Dinamarca) es un ejemplo claro, con infraestructura que favorece la movilidad sostenible y una alta equidad social. También hay ciudades como Madrid (España), que, aunque quizá menos avanzadas en diseño urbano, cuentan con una cultura de socialización muy fuerte, favorecida por el clima y el estilo de vida. Esa combinación también contribuye a una mejor calidad de vida.

¿Qué papel cumplen las alianzas entre sector público y privado en este proceso?

Son fundamentales. En ciudades como Lima, donde el sector privado tiene un rol dominante en el desarrollo urbano, estas alianzas permiten orientar esa capacidad hacia el bien común. Iniciativas conjuntas pueden generar espacios de calidad para todos, evitando la polarización entre zonas privilegiadas y sectores excluidos.

Más allá de las políticas públicas, ¿qué rol tiene el ciudadano en la construcción de ciudades sostenibles?

El primer paso es tomar conciencia de que una mala experiencia urbana no debe normalizarse. Existen otras formas de vivir la ciudad. A partir de ahí, es importante canalizar esa conciencia en acciones colectivas, como asociaciones vecinales, que no solo reclamen, sino que propongan soluciones y generen cambios desde abajo.

¿Qué elementos deberían reforzarse para fortalecer el vínculo entre ciudadanos y ciudad?

Es clave potenciar espacios cívicos como bibliotecas, centros culturales o plazas, que faciliten el encuentro. También la tecnología puede ayudar a generar conexión con el territorio, por ejemplo, a través de narrativas locales o realidad aumentada. En el caso de Lima, la gastronomía es una gran oportunidad para construir identidad y sentido de pertenencia.

Finalmente, han desarrollado el evento “Cuatro espacios: cómo volver a encontrarnos en la ciudad”. ¿De qué trata esta propuesta y qué diagnóstico plantea sobre los espacios urbanos?

El evento partió del concepto del “tercer espacio”, desarrollado por el sociólogo Ray Oldenburg a finales del siglo XX. Si el primer espacio es el hogar y el segundo el trabajo, el tercero corresponde a aquellos lugares de socialización, como cafés o centros comerciales, donde se fomenta la interacción humana. A partir de ahí, propongo una evolución hacia un “cuarto espacio”, que no solo promueve la interacción, sino también el sentido de pertenencia. Hoy, con el impacto de la tecnología y las experiencias inmersivas, estamos ante una transformación de estos espacios que vale la pena analizar en el contexto actual de las ciudades.

LEE TAMBIÉN: Lima cumple 491 años: el desafío de construir una ciudad sostenible hacia su quinto centenario







Continúa con tu red social preferida

Al continuar serás un suscriptor gratuito

O continúa tu correo.

Escriba su correo electrónico con el que se suscribió para acceder

Suscríbete

Ya me suscribí.