Medio ambiente - Agua
Empresas y huella hídrica: medir para gestionar el riesgo
En un contexto de creciente estrés hídrico y mayores exigencias ambientales, la huella hídrica se consolida como una herramienta estratégica para que las empresas identifiquen riesgos, optimicen el uso del agua y fortalezcan su sostenibilidad.
La huella hídrica se ha convertido en un indicador clave dentro de las estrategias de sostenibilidad corporativa, especialmente en un contexto global donde el acceso a nuevos mercados exige estándares ambientales cada vez más rigurosos. La gestión responsable del agua ya no es solo una buena práctica, sino un factor determinante para la competitividad empresarial.
En un país como el Perú, caracterizado por una marcada desigualdad en la distribución del recurso hídrico y una alta vulnerabilidad climática, medir y reducir la huella hídrica representa también una oportunidad para que las empresas contribuyan activamente al cuidado de los ecosistemas donde operan o sobre los cuales ejercen influencia.
Astrid Cornejo, gerente general de la consultora AC Sostenibilidad, destaca que esta tendencia comienza a consolidarse en el país. Señala que más de 30 empresas peruanas ya han medido y reducido su huella hídrica en el marco del Certificado Azul de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), un mecanismo voluntario que promueve el uso eficiente del recurso y la gestión responsable del agua. Este avance refleja un cambio progresivo en la forma en que las organizaciones comprenden el valor estratégico del agua dentro de sus operaciones.
“Medir la huella hídrica permite identificar riesgos porque hace visible algo que normalmente pasa inadvertido: cuánta agua utiliza la organización, en qué procesos, en qué territorios y con qué nivel de impacto”, explica Cornejo.

La medición, añade, no se limita a cuantificar volúmenes, sino que permite comprender el contexto territorial y social en el que ocurre el uso del agua, incorporando variables como el estrés hídrico de las cuencas o la presión sobre la calidad del recurso.
Además de visibilizar riesgos, la huella hídrica ofrece beneficios concretos para la gestión empresarial. Entre ellos, la identificación de oportunidades para el ahorro y la optimización del consumo de agua. Así lo sostiene Yvonne Lomparte, superintendente de Gestión Ambiental de Minera Poderosa, quien destaca el valor de este indicador para fortalecer una gestión ambiental integral.
“Además, permite identificar la mejora en la calidad de los vertimientos para proteger ecosistemas, y cuantificar nuestros avances en una gestión responsable”, detalla.
El uso eficiente del recurso hídrico trae consigo, además, beneficios económicos directos. En el análisis de Astrid Cornejo, ello es posible cuando la información obtenida a partir de la medición se traduce en datos claros y útiles para la toma de decisiones. De este modo, las empresas pueden reconocer procesos con alta demanda hídrica, operaciones ubicadas en cuencas con estrés y etapas productivas que ejercen mayor presión sobre la calidad del agua, priorizando así las acciones de mejora.
Las oportunidades que ofrece una gestión sostenible del agua ya vienen siendo experimentadas por empresas como Poderosa. Como precisa Yvonne Lomparte, la compañía cuenta actualmente con el Certificado Azul por su participación en el Programa de Huella Hídrica.
“Lo que demuestra nuestro compromiso de involucrarnos y participar en la gestión de uso de agua eficiente y sostenible”, afirma. Este tipo de reconocimientos, además de validar el esfuerzo corporativo, contribuyen a fortalecer la confianza de los distintos grupos de interés.
Otro componente fundamental en la medición de la huella hídrica es la cadena de suministro. Los distintos actores y procesos involucrados desde la extracción de la materia prima hasta la entrega del producto final pueden representar consumos de agua significativos y, en muchos casos, invisibles para la empresa. De acuerdo con el Global Water Report 2023 de CDP (Carbon Disclosure Project), una de cada cinco empresas reportó riesgos hídricos en su cadena de suministro que podrían tener un impacto relevante en su negocio.
“Un aporte clave de la huella hídrica de esta herramienta es la visibilidad que ofrece sobre la cadena de suministro, permitiendo identificar proveedores que operan en zonas vulnerables o con procesos intensivos en agua, y anticipar riesgos de desabastecimiento, incrementos de costos o interrupciones logísticas”, argumenta Astrid Cornejo. En ese sentido, la huella hídrica se consolida como un insumo estratégico para la gestión de riesgos empresariales.
En suma, para la especialista, este indicador convierte al agua en una variable estratégica de riesgo, al mostrar con claridad dónde la empresa es más vulnerable frente a la escasez, la variabilidad climática, la competencia por el recurso o el endurecimiento de las exigencias regulatorias.
A partir de la medición de la huella hídrica, prosigue Cornejo, las organizaciones pueden identificar riesgos físicos (escasez o estrés hídrico), operativos (detención de procesos críticos), de suministro (proveedores ubicados en zonas críticas), regulatorios (incumplimientos de calidad o uso del agua), reputacionales (cuestionamientos por consumo o impactos), sociales (conflictos por competencia del recurso) y financieros (costos adicionales y pérdidas operativas).
Para reducir o mitigar estos riesgos, Astrid Cornejo plantea cinco pasos prácticos.
1. Análisis de materialidad del agua: Identificar los puntos de mayor exposición considerando consumo, estrés hídrico, impactos sociales y requisitos regulatorios.
2. Matriz de Priorización: Evaluar la intensidad de uso del agua, vulnerabilidad territorial y dependencia de proveedores para definir dónde intervenir primero.
3. Procesos críticos: Aplicar medidas de eficiencia hídrica, recirculación y sustitución tecnológica en las etapas con mayor demanda o impacto.
4. Territorios sensibles: Coordinar con autoridades, impulsar acciones de conservación y planificar escenarios climáticos en cuencas de alto riesgo.
5. Acciones internas: Fortalecer la cultura del agua, asegurar mantenimiento preventivo y establecer monitoreo continuo para mejorar la gestión operativa.
No obstante, la medición y gestión de la huella hídrica también implica desafíos importantes. Yvonne Lomparte reconoce que uno de los principales retos es avanzar hacia una gestión integral y participativa del recurso hídrico.

“Esto conlleva la colaboración y actuación fundada en sostenibilidad de múltiples actores como comunidad, empresa privada, agricultura, gobierno, entre otros. Sobre todo, en cuencas bajo estrés hídrico”, remarca.
En la práctica, reducir la huella hídrica requiere ir de la mano de la innovación y la tecnología. Procesos como la recirculación del agua o la desalinización surgen como alternativas viables para determinadas industrias. Poderosa, por ejemplo, cuenta con plantas de tratamiento de agua potable y residual automatizadas, lo que permite tratar el agua necesaria sin desperdiciar el recurso.
“Las prácticas y tecnología implementadas a nivel de los trabajadores y a nivel de procesos para reducir el consumo de agua en sus actividades son, como por ejemplo la implementación de caños ahorradores de agua en campamentos y comedores, o la reutilización del 100 % del agua residual doméstica tratada en nuestras plantas de tratamiento el cual se utiliza para riego de áreas verdes y vías”, sostiene Lomparte.
En un escenario marcado por el cambio climático, la huella hídrica emerge como una herramienta clave para anticipar riesgos, mejorar la eficiencia operativa y fortalecer la sostenibilidad empresarial. Su gestión no solo contribuye a la resiliencia de los negocios, sino que también se posiciona como un aporte concreto al desarrollo sostenible del país, promoviendo una relación más equilibrada entre actividad productiva, ecosistemas y comunidades.









