Perú es un país de profundos contrastes, mientras la cuenca del Amazonas concentra el 98 % del agua dulce disponible, la costa apenas dispone del 2 % de este recurso vital. Sin embargo, en esta franja costera reside el 55 % de la población nacional, se genera alrededor del 70 % del PIB y se concentra la mayor parte de la actividad industrial, agrícola y minera. Según el Banco Mundial, si no se toman medidas para gestionar adecuadamente este recurso podría haber una reducción del crecimiento económico en la costa hasta en 1.2 puntos porcentuales anuales. Estos datos convierten a la gestión del agua en uno de los principales desafíos para el desarrollo sostenible del país.
Agua NO facturada
Un estudio de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass), realizado el último mes de noviembre, muestra que entre 2014 y 2024 las Entidades Prestadoras de Servicios de Saneamiento (EPS) perdieron 5845 millones de metros cúbicos de agua no facturada, volumen equivalente a abastecer a Lima Metropolitana durante cuatro años completos. El impacto económico asciende a S/1885.9 millones en la última década, con pérdidas de S/345.7 millones solo en 2024. Las EPS de mayor escala operativa en el norte, como EPS GRAU S.A. y SEDACHIMBOTE S.A., registran pérdidas promedio de 35.9 %, superando el 30 % considerado aceptable internacionalmente. Estas cifras se explican principalmente por fugas y pérdidas físicas en tuberías envejecidas o mal mantenidas, problemas en la medición derivados de contadores defectuosos o mal calibrados, conexiones y consumos ilegales sin registro formal, así como errores administrativos en la facturación y lectura de medidores.
Este escenario genera un círculo vicioso ya que menores ingresos reducen la inversión en mantenimiento, comprometiendo la infraestructura hídrica y, con ello, la competitividad de sectores productivos estratégicos.

“En la industria manufacturera, el sector textil consume entre 200 y 250 litros de agua por kilogramo de tela”.
Sectores industriales y gestión del agua
En el sector minero, el consumo representa apenas el 2 % del agua dulce del país; sin embargo, la gestión es desigual, pues solo el 35 % de las unidades mineras reporta su huella hídrica completa. En contraste, proyectos como Quellaveco han implementado sistemas que permiten reutilizar hasta el 90 % del agua, convirtiéndose en un referente para la industria.
En agroexportación, el riego por gravedad continúa siendo predominante, con eficiencias menores al 40 % y pérdidas de hasta 60 %. Cultivos de alto valor como la palta, que generan más de US$900 millones anuales, requieren hasta 7000 m³ de agua por hectárea al año, lo que revela la contradicción entre productos de exportación premium y técnicas de riego de alto impacto ambiental.
En la industria manufacturera, el sector textil consume entre 200 y 250 litros de agua por kilogramo de tela, aunque experiencias como la de Textil del Valle demuestran que reducciones del 40 % son posibles mediante innovación.
Lo que no se mide, no se gestiona
Un estudio de CENTRUM PUCP sobre los reportes corporativos en temas de agua, muestra que el 65 % de las empresas mencionan el agua en sus reportes de sostenibilidad, pero solo el 28 % define metas cuantificables de reducción y menos del 15 % informa impactos en cuencas específicas; esta falta de datos concretos limita la toma de decisiones estratégicas y al mismo tiempo genera desconfianza en las comunidades locales.
Frente a este panorama, prácticas como el Certificado Azul, impulsado por la Autoridad Nacional del Agua (ANA), muestran avances en la medición y gestión responsable del recurso. Este reconocimiento exige calcular la huella hídrica bajo la norma ISO 14046, implementar planes de reducción verificados y ejecutar proyectos de valor compartido en cuencas prioritarias.
UNACEM, por ejemplo, obtuvo el Certificado Azul e invirtió 3.5 millones de dólares en infraestructura hídrica en Lima Sur, beneficiando a 20 000 personas. Petroperú opera una planta desalinizadora en Talara que produce 2200 m³ diarios; Seven Seas Water Group instaló un sistema de ósmosis inversa en la mina Miski Mayo que trata 4000 m³ diarios de agua de mar; y el Grupo AJE redujo su consumo hídrico en 40 % gracias a la optimización de procesos.
El agua en el Perú ha dejado de ser únicamente un recurso ambiental y hoy es un factor clave de competitividad nacional. Las empresas que inviertan en eficiencia, transparencia y colaboración con las cuencas estarán mejor preparadas para enfrentar los retos futuros.









