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POR ERIKA RUMICHE – Carbon Management Advisor Green Initiative y ALBERTO URTEAGA – Latin America Relationship Director Green Initiative

La economía circular se consolida como una estrategia empresarial de gran relevancia en la reducción de la huella de carbono, de costos e impulsa la competitividad en el mercado. Su enfoque se centra en cerrar el ciclo de vida de los productos, con el fin de minimizar la generación de residuos y optimizar la utilización de recursos. La relación entre la economía circular y la acción climática es incuestionable. Al reutilizar, reciclar y compartir recursos ya existentes en lugar de depender de una extracción continua, se logra una reducción significativa de emisiones.

Esta transición no solo disminuye la necesidad de nuevos materiales, sino que también alivia la presión sobre los ecosistemas y contribuye a la reducción de las emisiones asociadas a la obtención de recursos. La reutilización de materiales o productos y la prolongación de su vida útil representan elementos esenciales en la economía circular. Al extender la vida de los materiales, se reduce la necesidad de una producción constante, lo que a su vez disminuye las emisiones vinculadas a la fabricación. Un ejemplo es la reparación y actualización de dispositivos electrónicos, acciones que no solo reducen la generación de desechos electrónicos, sino que también contribuyen a la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la producción de nuevos dispositivos.

En Green Initiative, tenemos la satisfacción de introducir buenas prácticas de economía circular en diversas empresas, contribuyendo así a los objetivos de mitigación del cambio climático. Por ejemplo, hemos estado colaborando con Machu Picchu en diversas acciones para mitigar su impacto ambiental ocasionado por las actividades turísticas de la zona.

Una de las acciones destacadas en este esfuerzo es la “Pirólisis de Residuos Orgánicos”. Desde 2019, el pueblo de Machu Picchu ha puesto en marcha una planta de pirólisis diseñada para convertir residuos orgánicos en un producto llamado biocarbón (biochar).

Esta iniciativa ha sido realizada gracias al trabajo en conjunto de Grupo AJE, InkaTerra y la Municipalidad Distrital de Machu Picchu. El biocarbón, además de funcionar como un eficaz fertilizante, confiere mejoras significativas a las propiedades del suelo y, al mismo tiempo, tiene el potencial de fijar en su superficie el dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera. Los residuos que se aprovechan se componen principalmente de los restos de origen alimenticio, lo cual evita que su destino final sean los rellenos sanitarios y, por consiguiente, reduce considerablemente la producción de metano (CH4) derivado de la descomposición de estos residuos. El biocarbón generado ejemplifica de manera conspicua los principios de la economía circular, brindándole un nuevo propósito a los residuos en lugar de ser desechados. Además, este producto sirve para fortalecer la reforestación del bosque de nubes andino de Machu Picchu, al tiempo que fomenta el incremento de la productividad agrícola en la región.

Otra importante acción de mitigación en Machu Picchu es la “Producción de Biodiésel”. Desde 2018, en asociación con InkaTerra, se ha establecido una planta de transformación especializada en la conversión de aceites en biodiésel, lo que representa otro ejemplo destacado de economía circular. Es relevante tener en cuenta que tan solo un litro de aceite puede contaminar más de 1000 litros de agua. Esta iniciativa contribuye a evitar la disposición inapropiada de grandes cantidades de aceites altamente contaminantes y, al mismo tiempo, promueve la producción de un biocombustible con emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) significativamente reducidas, disminuyendo dichas emisiones en más del 95 % en comparación con los combustibles fósiles.

“La relación entre la economía circular y la acción climática es incuestionable”.

En el rubro de la gastronomía, hemos colaborado con Restaurante escuela SENAC (Servicio Nacional de Aprendizaje Comercial) que recientemente participó en el 8º Foro Mundial de Turismo Gastronómico de la OMT en Donostia-San Sebastián, España. En este evento, SENAC presentó un caso ejemplar de prácticas sostenibles en relación con el cambio climático, presentando estrategias rentables y ambientalmente responsables con la actividad turística en el sector turístico. Su enfoque principal fue reducir el desperdicio de alimentos a través de medidas de prevención, redistribución e implementación de procesos de revalorización, que transforman los residuos en recursos valiosos, mediante el reciclaje, compostaje u otras acciones. Esto no solo promueve el crecimiento económico a través de nuevas fuentes de ingresos, sino que también conlleva a una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuye a un sistema alimentario más sostenible.

En el rubro textil, podemos destacar a adidas, una empresa que ha integrado la economía circular en sus procesos, especialmente en su línea de moda sostenible. La marca utiliza materiales reciclados, obtenidos a partir de desechos plásticos recogidos del océano, así como tejidos fabricados con materiales reciclados. Además, han adoptado alternativas libres de crueldad animal y han eliminado el uso de materiales vírgenes. En otras palabras, han logrado una reducción significativa de su huella de carbono al evitar la fabricación de nuevos materiales. Green Initiative ha colaborado con adidas Perú en una serie de esfuerzos destinados a concienciar y promover la economía circular.

En resumen, la economía circular no solo representa una solución ambientalmente sostenible, sino que también se posiciona como una estrategia innovadora que impulsa la eficiencia, reduce costos y emisiones de carbono. Este enfoque no solo beneficia a las empresas, sino que también contribuye significativamente a la sostenibilidad, al permitir la conexión entre diferentes sectores; es decir, el residuo de una empresa puede convertirse en la materia prima de otra. Se espera que estas acciones de mitigación puedan expandirse mediante la cooperación con un mayor número de empresas. La economía circular se convierte en un elemento clave en la transición hacia un futuro más sostenible, y es importante tener en cuenta que las decisiones que tomemos en los próximos 50 años tendrán un impacto que influirán en los próximos 10 000 años.







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