En entrevista con Revista Stakeholders, Patricia Gómez, cofundadora y realtor de PFS Realty Group, analiza cómo el liderazgo financiero de las mujeres está redefiniendo la inversión patrimonial, fortaleciendo la estabilidad de los hogares y consolidándose como un motor clave de crecimiento sostenible e inclusión financiera.

Por Denisse Torrico

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En los últimos años, más del 55 % de las mujeres adultas ha logrado incorporarse al sistema financiero formal. ¿Qué factores explican este avance y qué tan sostenible es en el mediano plazo?

Hoy las mujeres participan más activamente en la generación de ingresos, lideran hogares y toman decisiones patrimoniales de largo plazo. A esto se suma un mayor acceso a educación financiera y a herramientas digitales que han reducido barreras de entrada al sistema formal.

Desde mi experiencia asesorando inversionistas peruanas en mercados como Miami y Orlando, observo que este acceso se está traduciendo en decisiones más estratégicas, especialmente en inversión inmobiliaria, con foco en estabilidad, preservación de capital y diversificación.

Considero que este avance es sostenible en el mediano plazo, siempre que continúen fortaleciéndose la educación financiera y el acceso a productos adecuados. No se trata de una tendencia pasajera, sino de una transformación profunda en la forma en que las mujeres construyen y protegen su patrimonio.

Desde su experiencia, ¿cómo ha cambiado el rol de las mujeres en la toma de decisiones financieras dentro del hogar, especialmente en ahorro, crédito e inversión?

Desde mi experiencia, el rol de las mujeres en la toma de decisiones financieras del hogar ha cambiado de manera profunda y sostenida. Hoy no solo participan, sino que lideran decisiones clave en ahorro, crédito e inversión. El ahorro ya no se ve únicamente como un fondo de emergencia, sino como una herramienta estratégica para construir patrimonio; el crédito se evalúa con mayor responsabilidad y visión de largo plazo; y la inversión, especialmente inmobiliaria, se incorpora cada vez más como un pilar de estabilidad y crecimiento.

En muchos hogares, las mujeres son quienes impulsan la planificación financiera, comparan escenarios, analizan riesgos y priorizan decisiones que equilibren seguridad y rentabilidad. Este cambio ha elevado la calidad de las decisiones patrimoniales y ha consolidado a la mujer como un actor central en la construcción de riqueza familiar, tanto a nivel local como en inversiones internacionales.

Hoy vemos a más mujeres liderando la planificación financiera familiar. ¿Qué impacto tiene esto en la estabilidad económica de los hogares y en la reducción de brechas de vulnerabilidad?

El impacto es muy positivo y tangible. Cuando las mujeres lideran la planificación financiera familiar, suele haber una gestión más ordenada del presupuesto, mayor disciplina en el ahorro y decisiones de crédito mejor evaluadas, lo que se traduce en hogares más resilientes frente a ciclos económicos adversos.

Además, esta planificación con visión de largo plazo reduce brechas de vulnerabilidad, porque prioriza la construcción de patrimonio, la diversificación de ingresos y la formalización financiera. En la práctica, esto significa menos dependencia de soluciones de corto plazo y mayor capacidad de adaptación ante imprevistos, fortaleciendo la estabilidad económica del hogar de manera sostenida.

¿Cuáles son las principales barreras —financieras, culturales o informativas— que aún enfrentan las mujeres al momento de acceder a créditos hipotecarios o productos de inversión patrimonial?

Aunque se han logrado avances importantes, todavía existen barreras relevantes. En el plano financiero, muchas mujeres enfrentan historiales crediticios más cortos o ingresos menos estables, lo que puede limitar el acceso a ciertos productos o encarecer el crédito. En el ámbito cultural, persisten sesgos que subestiman la capacidad de decisión financiera de la mujer o la relegan a un rol secundario dentro del hogar, lo que retrasa su participación plena en inversiones patrimoniales.

Finalmente, la barrera informativa sigue siendo clave: falta educación financiera especializada y asesoría clara que explique, de manera práctica, cómo funcionan los créditos hipotecarios y las inversiones de largo plazo. Superar estas brechas es fundamental para que más mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones a herramientas que les permitan construir y proteger su patrimonio.

¿Qué rol cumple la educación financiera en este proceso de mayor autonomía económica femenina y qué aspectos deberían reforzarse para consolidar este avance?

Cuando las mujeres entienden cómo funcionan el ahorro, el crédito y la inversión, toman decisiones más informadas, reducen riesgos y ganan confianza para planificar a largo plazo. Para consolidar este avance, es clave reforzar tres aspectos: educación financiera práctica —orientada a decisiones reales del hogar y del patrimonio—, información clara sobre productos de inversión y financiamiento, y asesoría que fomente la planificación de largo plazo. Esto no solo empodera a la mujer como tomadora de decisiones, sino que fortalece la estabilidad económica del hogar y la construcción de patrimonio sostenible.

Desde el sistema financiero, ¿qué cambios se están implementando para responder a esta creciente participación de las mujeres en decisiones patrimoniales?

En primer lugar, muchas instituciones han ampliado sus programas de educación financiera, con recursos diseñados específicamente para mujeres emprendedoras e inversionistas, que abordan desde planificación presupuestaria hasta estrategias de inversión y gestión de crédito. Además, vemos productos financieros más flexibles y personalizados que consideran distintos perfiles de ingreso y trayectoria crediticia, lo que facilita el acceso a créditos hipotecarios y líneas de financiamiento para inversiones. Algunas entidades también están mejorando sus procesos de atención e inclusión, con asesorías especializadas y espacios de acompañamiento que refuerzan la confianza de las mujeres al interactuar con el sistema formal.

Finalmente, la digitalización de servicios ha sido clave: plataformas más intuitivas permiten que las mujeres gestionen su ahorro, crédito e inversión de manera independiente y con mayor transparencia. Estos cambios no solo responden a la demanda creciente, sino que también fortalecen la sostenibilidad de la inclusión financiera femenina a mediano y largo plazo.

¿Cómo contribuye el liderazgo financiero de las mujeres al desarrollo económico del país y por qué puede considerarse uno de los motores más dinámicos del crecimiento patrimonial?

Cuando las mujeres lideran la gestión financiera, se priorizan el ahorro formal, el uso responsable del crédito y la inversión productiva, lo que fortalece la estabilidad de los hogares y reduce la vulnerabilidad económica. A nivel macroeconómico, esto se traduce en mayor inclusión financiera, aumento de la inversión de largo plazo —especialmente en vivienda y activos reales— y una base patrimonial más sólida.

Por eso puede considerarse uno de los motores más dinámicos del crecimiento patrimonial: no solo amplía la participación económica, sino que impulsa un crecimiento más ordenado, resiliente y sostenible, con impacto positivo tanto en las familias como en la economía en su conjunto.

¿Qué proyecciones existen sobre el rol de las mujeres en el mercado financiero y patrimonial en los próximos cinco a diez años, y qué condiciones serán clave para sostener este crecimiento?

Esperamos ver un crecimiento sostenido en la participación de mujeres como tomadoras de decisiones, no solo en el manejo del ahorro y el crédito, sino también como inversionistas activas, diversificando su patrimonio en sectores como bienes raíces, fondos de inversión y emprendimientos empresariales. Este avance tendrá un efecto multiplicador: a medida que más mujeres construyan y fortalezcan su patrimonio, se consolidará una base económica más sólida para sus familias y comunidades, contribuyendo así al dinamismo del mercado y al aumento de la inversión formal en la economía.

Con estos pilares reforzados, el crecimiento del liderazgo femenino en el ámbito financiero no solo será sostenible, sino que se convertirá en un factor clave para el desarrollo económico y la reducción de brechas de desigualdad en la región.

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