Orlando Rivera, líder de Soluciones de Consultoría para Marsh Perú, advierte sobre los riesgos de El Niño para la continuidad operativa de las empresas y destaca la importancia de fortalecer la prevención, las cadenas de suministro y las coberturas de seguros.

Por Renzo Rojas

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Más allá de los daños a infraestructura, ¿cómo puede El Niño afectar la continuidad de las operaciones, las cadenas de suministro, la logística y los ingresos de una empresa?

En Marsh usamos una imagen que lo resume bien: el iceberg de riesgos. El daño material a instalaciones es la punta visible; debajo de la superficie están los riesgos que realmente comprometen la viabilidad del negocio.

Una operación puede tener sus instalaciones intactas y, aun así, detenerse por completo: basta que se bloquee una ruta logística, que falle un proveedor no identificado como crítico o que se interrumpan servicios básicos como el agua y la energía. Y mientras la producción se frena, los costos fijos siguen corriendo y la demanda cae.

Hay además un frente que es el que más se olvida blindar: las personas. Durante El Niño Costero de 2017, empresas exportadoras del norte llegaron a operar con cerca del 30 % de su plantilla por ausentismo, con caídas de producción de hasta 20 %, pese a no haber sufrido daños estructurales.

¿Qué tan importante es que las empresas revisen sus planes de continuidad de negocio, la dependencia de proveedores críticos y sus coberturas de seguros antes de que ocurra un evento extremo?

Es determinante, y el factor tiempo es la clave. La pregunta que planteamos a las gerencias no es qué categoría alcanzará el fenómeno, sino: ¿cuántas semanas de interrupción operativa puede absorber financieramente el negocio?

Nuestra Encuesta de Adaptación Climática 2025 muestra que el 32 % de las organizaciones de la región ya sufrió una pérdida o interrupción por eventos meteorológicos extremos en los últimos tres años.

“El daño material a instalaciones es la punta visible; debajo de la superficie están los riesgos que realmente comprometen la viabilidad del negocio”.

¿Qué brechas han identificado a las cuales las empresas deben anticiparse?

Estar preocupado no equivale a estar preparado. Identificamos tres brechas recurrentes: proveedores críticos sin mapear, es decir, sin rutas logísticas alternativas en el plan de continuidad; infraseguro, la sensación de protección de confiar en pólizas de años anteriores, cuando la distancia entre la pérdida potencial real y la cobertura de lucro cesante contratada pueden ser mayores; y garantías de ingeniería incumplidas — mantenimiento de canales, refuerzo de muros o techos— que, de no ejecutarse, permiten a la aseguradora declinar el pago o elevar deducibles.

¿Están a tiempo aún las organizaciones para responder a este escenario climático?

La buena noticia es que estamos a tiempo; la advertencia, que la ventana se estrecha. Lo más crítico se proyecta hacia el cierre del año e inicios de 2027, y renegociar coberturas o ampliar límites toma semanas o meses. El momento de revisar es ahora, no en el pico del evento.

Desde Marsh, solo este año, tenemos en ejecución más de 30 asesorías de evaluación de riesgo de inundación —con modelamiento hidráulico e hidrológico—. Y cuando el evento ocurre, respondemos: durante el FEN de 2017 gestionamos indemnizaciones por US$248 millones en 413 casos de clientes de energía, infraestructura, agricultura, minería y pesca. Acompañar antes, durante y después es lo que entendemos por poner el poder de la perspectiva al servicio del cliente.







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