Por Stakeholders

Lectura de:

Andrea Serrudo 
Consultora de Sostenibilidad y Asuntos Públicos

Silvana Hidalgo
Especialista en Innovación para la educación

En los últimos años el mundo ha experimentado un cambio paulatino en la adopción de tecnologías para la educación. Este cambio ha inspirado a que se realicen diversas investigaciones sobre la innovación y la transformación digital en los procesos de aprendizaje, en el cual, cada vez más niños tienen acceso a aparatos tecnológicos, más jóvenes toman clases en línea y más adultos apuestan por una educación superior a distancia. Es un hecho que la pandemia ha acelerado este cambio y ha puesto en evidencia uno de los retos más importantes que tienen los sistemas educativos a nivel mundial: la generación de valor a través de la educación.

En épocas no muy lejanas, las metodologías de enseñanza radicaban en mantener una estructura poco participativa y más bien repetitiva, en lugar de ser analítica y aplicativa. Hoy en día, la forma de aprendizaje -o canal- debería comprender las diversas metodologías existentes para transmitir de forma clara un conocimiento – el mensaje -. Con el uso adecuado de la tecnología esto puede ser diferente y ayudar a cerrar las brechas existentes en los actuales sistemas educativos. Entonces, si realmente se quiere transformar la educación del futuro, se debe hablar de ¿innovación? ¿tecnología? ¿ambas?

Para responder a esta pregunta, primero, se debe pensar en una “educación moderna” como una fuente de reflexión de valor agregado y que se encuentre amparada por un sistema educativo que no sea una suerte de receptor de respuestas correctas o incorrectas únicamente. Lamentablemente, la mayor parte de los sistemas educativos consiste en empujar (con el conocimiento, exámenes, horarios) y eso limita la imaginación, apaga el apetito por aprender y estrecha la confianza social.

Segundo, debemos pensar en motivar, antes que enseñar. Como sociedad estamos en la obligación de incentivar el pensamiento crítico y ser responsables de construir un modelo que eduque a los ciudadanos para la vida en un mundo real sin importar su contexto. “La educación funciona motivando, no empujando” señala Charles Leadbeater, consultor en innovación.

Si se quisiera atraer a más personas a creer en el gran valor de la educación, se necesita presentarles algo intrínsecamente interesante, no solo un plan de estudios obligatorio. La educación más la tecnología son una fuente de esperanza muy poderosa para la sociedad si se trabaja apropiadamente. Por ello, la forma de aprendizaje ha de ser productiva para que sea valiosa.

Según Leadbeater, se necesitan 5 tipos de innovación para que la educación genere valor:

1. Extrínseca: la educación tiene una recompensa en el corto plazo y toma en cuenta las necesidades de las personas en el aquí y ahora.
2. Intrínseca: el estudiante crea sus propios profesores a través del aprendizaje con sus pares y el aporte de sus habilidades a un proyecto.
3. Sostenible: trabaja constantemente en el proceso y no meramente en el resultado.
4. Disruptiva: se crea una manera distinta de educar, involucrando a las comunidades, las familias y las redes sociales en el proceso.
5. Transformativa: se busca la reinvención del aprendizaje y su inclusión en todo lo que rodea a una sociedad, no solo en las escuelas.

El futuro de la educación está en pensar de manera holística. Por un lado, una infraestructura digital y tecnológica adecuada y de calidad; y, por otro lado, innovación constante en los procesos de aprendizaje. Se debe mirar hacia un sistema educativo que potencie las cualidades de las personas y no uno que busque uniformizar dichas cualidades.







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