En el marco de su compromiso con el desarrollo social y la mejora de las condiciones de vida de las comunidades más vulnerables del país, SONAJA ha implementado un robusto programa de voluntariado que moviliza a sus empresas asociadas en diversas acciones solidarias. A lo largo de casi tres décadas de labor, el gremio ha demostrado su capacidad de organización para asistir a poblaciones que enfrentan situaciones difíciles, destacándose especialmente por su trabajo en Ticlio Chico, una comunidad que ha recibido apoyo constante y progresivo.
«El voluntariado corporativo es una parte fundamental de nuestro rol como gremio. Nos hemos enfocado en generar un impacto real y sostenible, no solo durante campañas puntuales, sino en iniciativas de largo plazo que fomenten el crecimiento y fortalecimiento de las comunidades», afirma Fernando Calderón, presidente de SONAJA.
¿Cómo se integra el voluntariado corporativo dentro de la estrategia de sostenibilidad de SONAJA y de qué forma este enfoque contribuye al fortalecimiento del sector de juegos de azar responsable en el país?
En SONAJA entendemos el voluntariado como parte natural de nuestro rol como gremio y como sector comprometido con el país. A lo largo de casi 30 años de vida institucional, hemos participado de manera activa en diversas iniciativas solidarias, tanto a nivel gremial como a través de nuestras empresas asociadas, apoyando albergues, a la Teletón, campañas impulsadas por distintos ministerios y acciones de atención ante emergencias sociales y climáticas.
Cuando se trata de iniciativas de mayor alcance o de acompañamiento sostenido, nos organizamos como gremio para sumar esfuerzos y generar un impacto colectivo. Un ejemplo emblemático es el trabajo que venimos realizando desde hace casi una década en Ticlio Chico, donde hemos acompañado a la comunidad de manera constante y progresiva. Allí hemos contribuido a la construcción de un centro de usos múltiples que hoy alberga, en su primer piso, un colegio multi aula multigrado y una cuna-jardín, y en el segundo nivel un espacio de reunión comunal.
¿De qué manera SONAJA asegura que el impacto social generado a través de sus programas de voluntariado sea medible, verificable y alineado con las prioridades nacionales de apoyo social impulsadas junto con MINCETUR?
Para nosotros, ser gremio implica también aprovechar nuestra capacidad de organización para ayudar cuando el país lo necesita. Trabajamos de manera articulada con entidades del Estado como MINCETUR, MIDIS, el Ministerio de la Mujer y gobiernos locales, que nos permiten identificar prioridades y canalizar la ayuda hacia poblaciones vulnerables. El impacto de nuestras acciones se verifica en el tiempo, a través de la continuidad y del progreso visible en las comunidades que acompañamos.
En Ticlio Chico, por ejemplo, hemos sido testigos del crecimiento de espacios educativos y comunales que hoy están en funcionamiento y al servicio de la población. Nuestra mayor retribución es ver cómo la comunidad mejora, se fortalece y se organiza mejor, sabiendo que nuestro aporte contribuyó a ese proceso colectivo.
“Las experiencias más exitosas han sido aquellas vinculadas a causas claras y con impacto visible”.

¿Qué mecanismos utiliza SONAJA para garantizar que las iniciativas de voluntariado respondan efectivamente a las necesidades reales de las comunidades más vulnerables y no únicamente a objetivos internos de corto plazo?
Nuestro principal mecanismo es la cercanía y la capacidad de articular esfuerzos. Estamos atentos a las necesidades que surgen tanto desde el Estado como desde las propias comunidades, lo que nos permite responder de manera pertinente y oportuna. En muchos casos, las acciones nacen a partir de sinergias con entidades públicas, donde los ministerios nos convocan para apoyar campañas específicas.
En otros, como en Ticlio Chico, el vínculo directo y de largo plazo nos permite identificar prioridades concretas. Además, se generan alianzas con otros actores, como la Municipalidad de San Borja, que se ha sumado donando árboles para la zona, fortaleciendo así el impacto de las intervenciones. Este trabajo conjunto asegura que las iniciativas respondan a necesidades reales y compartidas, en la cual siempre el equipo de SONAJA está súper comprometido.
En el contexto peruano actual, ¿qué tendencias emergentes en voluntariado corporativo considera SONAJA más relevantes y cómo está adaptando sus programas para mantener su pertinencia y alcance social?
En el contexto actual, observamos una mayor necesidad de voluntariado con amplio alcance social, enfocado en comunidades vulnerables y en la atención de emergencias climáticas y sociales. Frente a ello, como gremio buscamos sumar esfuerzos, escalar apoyos cuando es necesario y mantener una presencia constante en los territorios donde intervenimos.
Nuestra forma de adaptarnos ha sido combinar acciones de respuesta inmediata con relaciones de largo plazo, como la de Ticlio Chico, que nos permiten generar cambios sostenidos en el tiempo. Al mismo tiempo, cada empresa asociada continúa desarrollando sus propias iniciativas sociales, lo que amplía el alcance del impacto del sector y refuerza una red solidaria que actúa de manera coordinada y complementaria.
¿Cuáles son los principales desafíos para promover la participación activa y sostenida de los colaboradores del sector, y qué estrategias han resultado más efectivas para consolidar una cultura de voluntariado dentro de SONAJA y sus empresas asociadas?
En SONAJA no contamos con un área formal de voluntariado o acción social; son los propios asociados quienes se organizan y hacen posible que las iniciativas se concreten. Esta dinámica ha fortalecido una cultura gremial altamente colaboradora, reconocida por su compromiso solidario y por actuar de manera desinteresada.
Las experiencias más exitosas han sido aquellas vinculadas a causas claras y con impacto visible, como las actividades en Ticlio Chico, las campañas de friaje o las acciones navideñas. En estos casos, la participación se da de forma natural, impulsada por la convicción y el deseo genuino de ayudar. Esta manera de trabajar, basada en la empatía, la articulación y el orgullo de ver crecer a las comunidades, ha permitido consolidar una cultura de voluntariado auténtica y sostenida dentro del gremio y de sus empresas asociadas.









