Stakeholders conversó con Tatiana S. León Camacho, CEO de Best Planet Company S.A.S., sobre Vik-Sha, la tecnología colombiana que ha logrado patentar en Estados Unidos un proceso capaz de recrear el agua de manantial sin necesidad de extraerla.

La propuesta apunta a un cambio de modelo hídrico: pasar de la extracción a la recreación, con impacto en sectores como la alimentación, la farmacéutica y el consumo masivo, y con potencial para cerrar la brecha de acceso al agua en Latinoamérica. Foto: Stakeholders.

Por Bryam Esquen Del Carmen

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En un contexto marcado por la crisis hídrica global y la presión sobre los ecosistemas, Stakeholders conversó con Tatiana León Camacho, CEO de Best Planet Company S.A.S., y creadora del proyecto Vik-Sha, la tecnología colombiana que ha logrado patentar en Estados Unidos un proceso capaz de recrear el agua sin necesidad de extraerla.

Con ocho años de investigación y dos patentes concedidas por la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO), León se ha convertido en una referente latinoamericana en innovación científica aplicada al agua. Con esta base, Vik-Sha busca transformar el acceso al agua en comunidades vulnerables, proteger ecosistemas y abrir nuevas posibilidades en sectores como la alimentación, la farmacéutica y el consumo masivo.

¿Cómo inicia el punto de partida de su investigación para comprender cómo se forma el agua de manantial en condiciones naturales?

Todo comenzó con una pregunta que parece simple, pero que la ciencia nunca había respondido de forma aplicada: ¿qué hace que el agua de manantial sea distinta a cualquier otra? No es solo que esté limpia — es que tiene una historia molecular.

El agua que recorre roca y minerales durante miles de años adquiere una arquitectura específica y quisimos recrearla: una estructura hexagonal tridimensional, hidrógeno molecular disuelto a concentraciones activas, y minerales biodisponibles en proporciones que ningún proceso de purificación convencional puede reproducir.

Mi punto de partida fue estudiar esa arquitectura en profundidad — no para imitarla de forma superficial, sino para entender cuáles son los procesos físicos y químicos que la generan. Vengo de la industria petrolera, un campo en el que la presión, la temperatura, los caudales y el comportamiento molecular del agua forman parte del trabajo cotidiano.

Esa mirada me permitió ver el manantial no como un fenómeno místico, sino como un proceso físico reproducible. La pregunta pasó a ser: ¿cuáles son exactamente esos procesos y en qué secuencia ocurren? La respuesta, después de años de investigación, es: varios procesos, entre ellos: filtración, solvatación, generación in situ de hidrógeno molecular, vórtices de supercavitación, magnetización con neodimio y estructuración molecular.

Esta integración es capaz de recrear un manantial completo. Ahí nació Vik-Sha.

¿Cuánto tiempo tomó el proceso de investigación y desarrollo hasta llegar a una máquina patentada en Estados Unidos?

Ocho años de trabajo sistemático, no lineal. Cada proceso físico tuvo que validarse por separado antes de integrarse. La cavitación a las presiones y temperaturas que necesitábamos — microestados de la materia— requirió iteraciones extensas. La generación in situ de hidrógeno molecular mediante un reactor fue otro capítulo por completo. Y así con cada uno de los procesos.

El resultado es 8 patentes distintas sobre el uso del hidrógeno molecular. Las dos más relevantes para Vik-Sha son la US 12,084,335 B2 — concedida por la USPTO en septiembre de 2024 para el dispositivo — y la US 12,527,815 B2 — concedida en enero de 2026 para la formulación acuosa con hidrógeno molecular estable.

La USPTO es la oficina de patentes más exigente del mundo: el examinador revisa el estado del arte científico a nivel global y sólo concede la patente cuando la novedad es real, verificable y no obvia. Ese proceso toma años y no hay atajos.

Ocho años de investigación. Dos patentes en EE.UU. Un resultado que el mundo no tenía: agua con hidrógeno molecular estable durante un año, con hasta 5 ppm.

¿Qué diferencia a Vik-Sha de otras tecnologías que purifican el agua y cómo logra reconstruir su composición molecular?

La diferencia es cualitativa, y cuantitativa. Las tecnologías de purificación convencionales — filtración, ósmosis inversa, UV, entre otros — trabajan con un objetivo de sustracción: eliminar lo que no debe estar. Vik-Sha trabaja con un objetivo constructivo: crear lo que debe existir. No purifica. Reconstruye.

El proceso empieza donde termina la purificación. Una vez que el agua está limpia, Vik-Sha la somete a mineralización controlada — calcio, magnesio, hierro, zinc, selenio, cobre y otros minerales esenciales en proporción de manantial —, luego a la generación de hidrógeno molecular in situ y, finalmente, a la estructuración molecular. El resultado es una estructura tridimensional llamada H₃O₂ — una jaula helicoidal que atrapa y retiene el hidrógeno molecular de forma estable.

Ninguna tecnología en el mercado ofrece esa composición: hidrógeno molecular activo hasta 5 ppm, 6 minerales esenciales en proporción de manantial, 95% de biodisponibilidad y estructura molecular irrepetible. No solo porque sea difícil de copiar — sino porque nadie más había llegado ahí.

Y hay otro diferencial que no debe pasarse por alto: Vik-Sha puede operar desde humedad atmosférica. Mediante enfriamiento termoeléctrico (efecto Peltier), nanomateriales absorbentes de vapor y un condensador helicoidal, capta agua del aire y la convierte en agua estructurada de calidad superior — sin necesidad de río, acuífero ni red municipal.

Tatiana León Camacho, CEO de Best Planet Company S.A.S.

¿Cuál es el impacto que esperan tener con esta tecnología en regiones con escasez de agua y alta presión sobre los ecosistemas?

Ese es nuestro norte y también la respuesta más directa a esta pregunta. La crisis hídrica global no es solo un problema de cantidad — es un problema de modelo. Llevamos siglos resolviendo el acceso al agua extrayéndola de manantiales y glaciares que se agotan.

La extracción tiene un límite físico. Vik-Sha propone otra lógica: recrear el proceso en lugar de consumir el recurso en la fuente. Es decir, recreamos el manantial para que nadie tenga que acabar con él.

El impacto que esperamos no es solo sanitario — aunque garantizar acceso a agua de calidad superior en comunidades sin ella ya sería transformador.

Es también ecológico: cada manantial, acuífero o fuente natural que no necesita ser explotado porque Vik-Sha puede suplir su función es un ecosistema que sobrevive. Eso no tiene precio en términos de biodiversidad, regulación climática local y sostenibilidad de largo plazo.

¿Qué retos enfrentó para lograr la validación y la protección de patentes internacionales, y qué significa esto para la expansión global del proyecto?

El primer reto es la entrega de evidencia. Cuando una ingeniera latinoamericana llega a la USPTO con una tecnología que afirma recrear molecularmente un manantial, el estándar de prueba es altísimo.

No basta con describir el proceso — hay que demostrar, con evidencia experimental irrefutable, que el resultado es lo que se afirma que es. Eso implicó años de mediciones. La ciencia tuvo que hablar por sí sola.

El segundo reto fue regulatorio en Colombia. Las categorías existentes no contemplaban lo que producimos: somos agua mineral sin denominación de origen, somos bebida gasificada sin azúcares y con vitaminas estables — una contradicción para cada marco normativo existente.

Luego de casi 6 años de trabajo con el INVIMA y la doctora Alba Rocío, directora de Alimentos y bebidas , logramos construir el espacio regulatorio que nos permite operar. Ese precedente ya existe y facilita el camino en otros mercados.

Lo que las patentes significan para la expansión global es concreto: protección en el mercado más competitivo del mundo — EE.UU. — y credencial científica reconocida internacionalmente.

Ningún competidor puede replicar Vik-Sha ni la formulación de H₃O₂ sin infringir. En Europa la ruta es bajo el marco Novel Foods. En EE.UU., la categoría de agua enriquecida con hidrógeno ya existe bajo la regulación de la FDA . La patente no es solo protección — es pasaporte de entrada a cada mercado.

Es conocido que América Latina cuenta con abundancia de agua; sin embargo, enfrenta problemas de administración. ¿Cómo puede Vik-Sha contribuir a un modelo más sostenible en la región?

América Latina tiene el 30% del agua dulce del planeta, pero más de 30 millones de personas sin acceso a agua potable de calidad. La paradoja no es de cantidad — es de distribución, gestión y calidad. Y en esa paradoja, Vik-Sha tiene un rol muy específico que cumplir.

Primero, descentralización. El modelo actual depende de infraestructuras centralizadas — plantas de tratamiento, redes de distribución, embotelladoras industriales — que son costosas, frágiles y no alcanzan a todos.

Vik-Sha es modular y puede instalarse en el punto de consumo: una comunidad rural, una escuela o un hospital en una zona remota. Eso elimina la dependencia de la cadena logística centralizada.

Segundo, calidad real, no solo potabilidad. Potabilizar el agua — garantizar que no enferme — es el piso mínimo. Vik-Sha produce agua con composición molecular activa: hidrógeno molecular hasta 5 ppm, 6 minerales esenciales biodisponibles, estructura H₃O₂. Eso no es sólo agua segura — es agua que aporta nutrientes. En regiones con desnutrición o estrés nutricional, esa diferencia es crítica.

Tercero, protección de fuentes. En regiones donde el agua existe, pero los manantiales y acuíferos están bajo presión de explotación — extracción industrial, agricultura intensiva, minería —, VikSha puede sustituir la extracción por la recreación.

Cada comunidad o industria que adopta VikSha es una fuente natural que deja de ser sobreexplotada. A escala regional, ese impacto sobre los ecosistemas hídricos es significativo y acumulable.

¿Cómo imagina la adopción de esta tecnología en industrias como la alimentaria, farmacéutica o de consumo masivo?

La adopción es inevitable, la pregunta es de velocidad, no de dirección. El agua es el insumo universal: está en todos los alimentos procesados, en todos los medicamentos, en todos los procesos industriales. Mejorar molecularmente el agua de entrada mejora molecularmente cada producto que la contiene.

En la industria alimentaria, la estructura H₃O₂ mejora la biodisponibilidad de nutrientes en los alimentos en los que se usa como insumo. En bebidas funcionales — que es donde estamos hoy con Ügua y Üflavors — la diferencia es que el agua deja de ser el vehículo inerte del producto y se convierte en el producto mismo: con hidrógeno molecular activo, vitaminas del complejo B, y 7 minerales esenciales sin azúcar ni edulcorantes artificiales.

En la industria farmacéutica, el potencial es aún mayor. El H₃O₂, como estructura base para formulaciones de alta biodisponibilidad — donde la penetración celular del hidrógeno molecular permite llevar activos a lugares a los que el agua convencional no llega —, es un campo de investigación activo en el que tenemos patentes.

La barrera hematoencefálica, las membranas mitocondriales, el tejido celular: el H₂ molecular las atraviesa. Eso abre posibilidades en oncología, neurología y medicina regenerativa que el mundo todavía no ha comenzado a explorar comercialmente.

En consumo masivo, la adopción por parte de embotelladoras existentes es nuestra apuesta más transformadora: llevar la tecnología Vik-Sha a las plantas que ya producen a escala, para que lo que el mundo toma todos los días sea molecularmente superior. Nadie había podido hacer eso antes porque no existía la tecnología. Ahora existe.

¿Han pensado en hacer alianzas con gobiernos locales para que el proyecto pueda cerrar la brecha de escasez hídrica?

Sí, y lo consideramos no sólo posible sino necesario para el impacto que queremos lograr. Ninguna tecnología transforma un sistema hídrico regional sin el involucramiento de los gobiernos que administran ese sistema.

El modelo que visualizamos es de alianza público-privada: Vik-Sha aporta la tecnología y la propiedad intelectual; los gobiernos aportan el contexto institucional, la identificación de comunidades prioritarias y — en algunos casos — el financiamiento o subsidio para poblaciones vulnerables.

En Colombia ya sentamos un precedente importante con el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA): construimos junto a la institución el marco regulatorio para una categoría que no existía. Ese tipo de trabajo colaborativo con entidades del Estado es parte de nuestra manera de operar.

El siguiente paso natural es llevar esa misma lógica a gobiernos municipales y departamentales que enfrentan crisis hídricas concretas — en la Guajira, en el Chocó, en zonas áridas del país — donde Vik-Sha con captación atmosférica y energía solar puede ser una solución real, no una promesa lejana.

A nivel internacional, los organismos multilaterales — ONU, BID, Banco Mundial — tienen líneas de financiamiento específicas para tecnologías de agua en comunidades vulnerables. Estamos en proceso de explorar esas rutas.

Una tecnología patentada en EE.UU. que puede producir agua de calidad superior desde el aire, con energía solar, sin extraer ninguna fuente natural, es exactamente el tipo de innovación que esos fondos buscan apoyar.

¿Cuáles son las expectativas que tienen a futuro con el proyecto?

Vik-Sha y Ügua son el inicio, no el destino. Lo que construimos en 8 años de investigación es un portafolio de 8 patentes alrededor del uso del hidrógeno molecular, con aplicaciones que van mucho más allá del agua de consumo. Soñamos con un mundo donde ningún niño crezca sin acceso al agua que su cuerpo merece. Queremos cambiar al mundo una botella a la vez.

En el corto plazo: consolidar el lanzamiento en Colombia, llegar a los hogares colombianos a través de grandes superficies, desplegar un mínimo de 100 máquinas Vik-Sha por ciudad en los próximos 3 años, y avanzar en la certificación en EE.UU. para el ingreso al mercado norteamericano.

En el mediano plazo: licenciar la tecnología a embotelladoras y operadores en América Latina — México, Chile, Brasil, Argentina — y comenzar a activar las aplicaciones del portafolio en agricultura de precisión, donde el agua estructurada mejora la absorción celular en cultivos y puede reducir el uso de fertilizantes, y en farmacología, donde la estructura H₃O₂ abre rutas de biodisponibilidad que ningún excipiente convencional puede ofrecer.

En el largo plazo: que el nombre Vik-Sha sea sinónimo de una nueva forma de entender el agua — no como recurso a extraer, sino como propiedad a recrear. Que cada comunidad del planeta, independientemente de si tiene acceso a una fuente hídrica convencional, pueda tener agua de calidad molecular superior.

Y que Colombia sea reconocida en el mundo como el país que resolvió un problema que la humanidad no había podido resolver.

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