El Sustainability Yearbook 2026 vuelve a poner en evidencia que la sostenibilidad se ha convertido en un factor de evaluación empresarial a nivel global. ¿Cómo están influyendo hoy las métricas de sostenibilidad en la capacidad de las empresas para competir en mercados internacionales?
Hoy las métricas de sostenibilidad son altamente relevantes porque permiten traducir el desempeño ambiental, social y de gobernanza en información comparable y verificable para los mercados. Ya no basta con declarar compromisos: las empresas deben demostrar resultados concretos.
Los inversionistas institucionales utilizan cada vez más estos datos para evaluar riesgos y oportunidades de largo plazo, lo que ha convertido la sostenibilidad en un criterio de análisis financiero y no solo reputacional. Evaluaciones globales en que se apoyan publicaciones como el S&P Global Sustainability Yearbook consideran miles de empresas y seleccionan únicamente a aquellas con mejor desempeño, lo que evidencia que estos datos son determinantes para posicionarse en mercados internacionales.
Durante muchos años, las estrategias de sostenibilidad estuvieron asociadas principalmente a la reputación corporativa. ¿En qué momento —y por qué— comenzaron a convertirse en un factor real de competitividad para las empresas?
Es importante precisar que la sostenibilidad nunca fue únicamente reputación. Desde sus inicios, estuvo vinculada al desempeño y al comportamiento del negocio, es decir, a cómo las empresas operan, gestionan riesgos y generan valor en el tiempo.
Lo que sí ha cambiado es el contexto. En la última década, la sostenibilidad pasó a ser un factor explícito de competitividad debido al incremento de exigencias regulatorias, la integración de criterios de sostenibilidad en decisiones de inversión y la creciente presión de clientes y mercados internacionales.
Hoy la reputación está directamente vinculada al desempeño. Las empresas compiten no solo por eficiencia o costos, sino por su capacidad de demostrar que sus modelos de negocio son sostenibles en el tiempo.
En el contexto de evaluaciones como las que sustentan el Sustainability Yearbook, ¿qué tipo de métricas están adquiriendo mayor relevancia para los inversionistas y mercados globales?
Entre las más relevantes destacan: Emisiones de gases de efecto invernadero, gestión de riesgos y oportunidades climáticas, planes de transición hacia economías bajas en carbono, resiliencia frente a eventos climáticos extremos, uso eficiente de energía y adopción de energías renovables.
El cambio climático se ha convertido en un eje central porque afecta costos, continuidad operativa, acceso a financiamiento y cumplimiento regulatorio. Hoy los mercados buscan entender cómo las empresas están gestionando su transición climática, no solo cuánto emiten.
Uno de los desafíos recurrentes es la comparabilidad de la información de sostenibilidad entre empresas y sectores. ¿Qué tan importante es hoy contar con métricas estandarizadas y qué avances observa en ese sentido?
La comparabilidad es crítica. Sin métricas estandarizadas, la información pierde valor para la toma de decisiones.
Actualmente, a nivel global, las instituciones están realizando un esfuerzo significativo para armonizar indicadores entre los distintos estándares, lo que constituye uno de los avances más relevantes en sostenibilidad corporativa. Esta convergencia permite reducir duplicidades y mejorar la consistencia de los datos, facilitando su uso por parte de inversionistas, reguladores y otros actores del mercado.
Este proceso es clave para fortalecer la confianza en la información y para integrar la sostenibilidad en decisiones estratégicas.
«En el caso peruano, resulta especialmente relevante que estas empresas pertenezcan a sectores intensivos y estratégicos».
Muchas compañías publican reportes de sostenibilidad, pero no todas integran la sostenibilidad en su estrategia de negocio. ¿Qué diferencia concreta existe entre una empresa que gestiona de forma estratégica y otra que solo reporta indicadores?
La diferencia radica en la forma en que se concibe el negocio.
Una empresa que gestiona la sostenibilidad estratégicamente entiende que el objetivo no es reportar métricas, sino concebir negocios sostenibles, donde las decisiones ambientales, sociales y de gobernanza forman parte del modelo de negocio. En estas organizaciones, las métricas de sostenibilidad no están separadas del negocio, sino integradas en la planificación estratégica, la gestión de riesgos y la toma de decisiones.
Sin embargo, aún existe un desafío importante: muchas empresas continúan gestionando la sostenibilidad y el negocio como si fueran mundos distintos. El reporte se convierte entonces en un ejercicio informativo, pero no en una herramienta de gestión. El verdadero desafío no es reportar sostenibilidad, sino diseñar modelos de negocio que sean sostenibles por naturaleza.
¿Qué tan preparadas están las empresas de la región para competir en rankings y evaluaciones globales de sostenibilidad como el Sustainability Yearbook?
América Latina muestra avances significativos y evidencia un liderazgo creciente en sostenibilidad empresarial. El Sustainability Yearbook 2026 se basó en la evaluación a más de 9,200 empresas a nivel global y seleccionó solo 848, lo que refleja el alto nivel de exigencia que caracterizan estas evaluaciones. En la región, algunos países muestran avances particularmente relevantes: Colombia logró incluir 22 empresas, Chile 33 y Perú 10, lo que demuestra que existe una base empresarial sólida capaz de competir bajo estándares internacionales rigurosos.
En el caso peruano, resulta especialmente relevante que estas empresas pertenezcan a sectores intensivos y estratégicos, como materiales, minería, infraestructura, energía y servicios financieros. Esto demuestra que la sostenibilidad no se limita a sectores de menor impacto, sino que está siendo integrada en actividades clave para el desarrollo económico.
Sin embargo, todavía existen desafíos importantes, especialmente en la integración estratégica de la sostenibilidad, la calidad de los datos y la gestión del cambio climático. El liderazgo regional es evidente, pero el camino hacia una adopción masiva aún está en construcción.
Finalmente, si una empresa que aspira a competir en mercados globales tuviera que priorizar tres acciones clave para fortalecer su gestión de sostenibilidad, ¿cuáles serían y por qué?
Tres acciones resultan fundamentales para fortalecer una gestión sólida de sostenibilidad:
1. Implementar procesos de materialidad doble, que permitan identificar los impactos, riesgos y oportunidades más relevantes desde una perspectiva financiera y de impacto. Este proceso también prepara a las empresas para anticiparse a nuevas exigencias regulatorias y responder de manera consistente a marcos como las NIIF S1 y S2.
2. Fortalecer la gobernanza de los riesgos, mediante estructuras claras de decisión, supervisión desde la alta dirección y mecanismos efectivos de control.
3. Integrar el cambio climático en la estrategia empresarial y en la gestión integral de riesgos, que se ha convertido en un factor estructural para la continuidad del negocio y la competitividad global.
Estas acciones permiten construir modelos de negocio resilientes y preparados para competir en mercados internacionales. La sostenibilidad ya no es una agenda paralela: es la forma en que se construyen los negocios que podrán competir y mantenerse vigentes en el tiempo.









