En un contexto preelectoral, ¿qué desafíos estructurales enfrenta hoy el sector educación en el Perú?
La educación es el futuro del país y la academia es su reserva moral. Si bien la educación no puede desligarse de la política, debe entenderse en el sentido más noble del término: la búsqueda del bien común.
El Perú es un país con profundas brechas sociales y creemos firmemente que la educación es la herramienta más poderosa para cerrarlas. Uno de los desafíos más urgentes es la anemia infantil. No podemos hablar de igualdad de oportunidades si los niños no están bien alimentados, porque eso impacta directamente en el desarrollo cognitivo. Es un problema que trasciende al sector educación, pero que condiciona cualquier esfuerzo educativo.
Más allá de la alimentación, ¿qué otros factores son clave para lograr una educación de calidad?
Un segundo pilar fundamental es la meritocracia y la formación integral de los docentes. Necesitamos educadores altamente capacitados, pero también personas con valores, comprometidas con la construcción de país y alejadas de la corrupción, el individualismo extremo y la ambición desmedida.
En cuanto a metodologías, existen esfuerzos por mantenerse a la vanguardia, pero las brechas son evidentes, sobre todo entre la educación urbana y rural. Por eso es clave una educación situada, adaptada al contexto. No sirve, por ejemplo, entregar tecnología sin conectividad o electricidad. La educación debe ser encarnada en la realidad de cada territorio.
¿Qué tan importante es contar con políticas educativas de largo plazo?
Es fundamental. Hoy no existe un consenso nacional en política educativa como sí lo tenemos en política económica. Cada cambio de gobierno implica modificaciones en el Ministerio de Educación, lo que dificulta la continuidad y consistencia de las reformas.
Necesitamos una institucionalidad sólida e independiente que permita sostener planes educativos de largo plazo, al igual que ocurre con el Banco Central de Reserva. Sin estabilidad en la política educativa, es imposible avanzar de manera sostenida.
¿Cuál es el rol de la infraestructura dentro de este desafío?
El déficit en infraestructura educativa es significativo, pero no debe verse de manera aislada. Lo más importante sigue siendo que los estudiantes estén bien alimentados, que exista una política educativa clara y que contemos con los mejores docentes.
Con esos pilares, se puede enseñar en cualquier contexto. La infraestructura es necesaria, pero no puede desplazar lo esencial.
En educación superior, ¿cuáles son los principales retos?
En el ámbito universitario, el reto es priorizar la calidad sobre la cantidad. No se trata de abrir universidades sin criterios claros, sino de garantizar estándares adecuados, como los que regula la Sunedu.
Si bien ha habido mayor inversión en educación superior, los resultados aún no acompañan ese esfuerzo. Por eso, el trabajo de la Sunedu es clave para asegurar una formación universitaria de calidad y alineada a las necesidades del país.
¿Cómo impacta la revolución tecnológica y la inteligencia artificial en la educación?
La inteligencia artificial es comparable a lo que fue el surgimiento de internet. Una herramienta con enorme potencial, pero también con riesgos. Puede ser un motor de desarrollo si se utiliza correctamente, y eso depende de contar con personas capacitadas y con sólidos valores éticos.
Como país hemos crecido económicamente, pero no al mismo ritmo en lo educativo ni en lo moral. Esa brecha representa una bomba de tiempo. El desarrollo sostenible requiere florecimiento humano, ética y compromiso con el bien común.
¿Qué rol cumplen las becas y la carrera pública magisterial en la reducción de brechas?
Las becas son un esfuerzo que no debería reducirse. Si bien es necesario optimizar recursos, no se puede sacrificar la igualdad de oportunidades. Al mismo tiempo, es indispensable fortalecer la carrera pública magisterial, asegurando que los mejores docentes sean quienes crezcan profesionalmente.
He tenido la oportunidad de formar a muchos estudiantes becados y hoy verlos contribuir activamente al país es una muestra concreta del impacto positivo de estas políticas.
¿Cómo puede el sector privado contribuir al cierre de brechas educativas?
El sector privado tiene un rol clave. Hoy las empresas, especialmente en sectores como el minero, son conscientes de la necesidad de generar desarrollo sostenible en sus zonas de impacto.
Es necesario articular mejor los esfuerzos entre el sector público, privado y la academia. Muchas iniciativas valiosas existen, pero no siempre se conocen. Con mayor coordinación, se puede lograr más impacto con menos recursos, siendo más eficientes y efectivos. La empresa tiene mucho que enseñar en este proceso.
Por otro lado, el Congreso Internacional de Educadores cumple 26 ediciones. ¿Cuál es su propósito y qué temáticas se abordarán en esta edición?
Este congreso es un evento internacional que acompaña prácticamente el crecimiento de la universidad desde su fundación. Su objetivo central es promover la innovación y la calidad educativa, entendiendo que apostar por una educación de excelencia es una responsabilidad estratégica para el desarrollo del país.
En esta edición contaremos con ponentes internacionales que son referentes en sus países, investigadores que vienen a compartir experiencias educativas que han demostrado resultados concretos. A ello se suman profesionales nacionales que también aportan desde su práctica. Todo esto convierte al congreso en un espacio de enriquecimiento académico, reflexión y actualización sobre las nuevas tendencias y perspectivas para educar al ciudadano del siglo XXI.
Finalmente, ¿qué representa este congreso para la comunidad educativa?
Este congreso, que se realiza del 3 al 5 de febrero, es una tradición y un espacio de formación clave. Elegimos febrero precisamente para que colegios, directivos y docentes puedan participar activamente y prepararse para el año académico, fortaleciendo sus capacidades y su visión educativa.









