Frente al colapso, la economía de la colaboración Por Baltazar Caravedo

BALTAZAR CARAVEDO MOLINARI
Miembro del Directorio de CTC Consultores

La realidad se despliega como un proceso múltiple en el que intervienen diversos aspectos, componentes y dimensiones. Para abordarla y estudiarla construimos lógicas explicativas que corresponden a la dimensión o a la disciplina que conocemos o que privilegiamos (económica, social, ambiental, organización, otras). En cada una de las dimensiones se puede encontrar un paradigma de valor predominante  y alguna métrica asociada.

Percibimos la realidad a través de paradigmas, los mismos que son sistemas valorativos que tenemos los individuos y las sociedades según períodos; se transforman con la modificación de las formas de organización y vínculo entre los seres humanos, y con el entorno en el que se despliegan.  La transición del uso de un tipo de energía a otro (de la madera al carbón y al vapor, p.ej.) creó las condiciones que originaron lo que conocemos como la primera revolución industrial. La utilización del petróleo y la electricidad permitieron la emergencia de lo que se ha conocido por diversos autores como la segunda revolución industrial. En esos contextos se inventaron herramientas y máquinas que aceleraron la comunicación y la producción; se establecieron nuevas formas de relación entre los seres humanos; se abrieron paso formas de gobierno antes subordinadas o inexistentes; en otras palabras, emergió una nueva cultura que le permitió al individuo y a las sociedades ampliar su mundo subjetivo y adquirir nuevo conocimiento y consciencia. Los paradigmas expresan el “espíritu de una época”.

Conforme se extendió el mercado capitalista, éste se convirtió en el marco dominante de la humanidad (cuando menos en el mundo occidental), emergiendo un sistema principal de vínculos individualistas, comerciales y monetarios en las relaciones entre personas, organizaciones, países y sociedades; y, asimismo, nuevos criterios o conceptualizaciones de valor. Aunque ello aún no se ha modificado, con el crecimiento de la población mundial y su aglomeración en espacios urbanos, con el incremento de la conectividad y el cambio climático, y con la aparición de la pandemia del corona virus se han planteado nuevos desafíos y se han empezado a incorporar nuevas conceptualizaciones de valor que no sólo son económicas. La aparición o emergencia de conceptos de valor han estado relacionados con la transformación de los sistemas humanos, y con el impacto que han producido para la humanidad y los demás seres vivos.

En buena parte de la comunidad científica mundial existe la consciencia de que es necesario modificar las formas en que la humanidad  produce. De continuar el proceso actual se teme que llegaremos al colapso de la humanidad. El reto que enfrentamos es: ¿Cómo transformar el patrón productivo actual y perturbamos nuestros vínculos en este planeta? El planteamiento emergente es que la lógica de producción y distribución se modifique. Por ejemplo, que el mercado se subordine a otra lógica colaborativa preocupada por la humanidad, es decir, desarrollar lo que Rifkin llama la economía de la colaboración.

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