Acercar a los peruanos; reducir el riesgo del colapso

Baltazar Caravedo MOLINARI
Miembro del Directorio de CTC Consultores

¿Cómo hacer para crear un clima social que integre? ¿Cómo hacer para que se reconozca la diversidad? En otras palabras, ¿cómo producir la transformación de nuestra sociedad? Este es un desafío que tenemos por delante. Es necesario quebrar la rutina perversa, acercar a los diferentes, a los antagónicos, a los que no se reconocen, a los que no se hablan, a los que no se miran o lo hacen con desprecio. Para lograrlo se necesita crear un nuevo contexto subjetivo y cultural.

A partir de la aceptación de nuestra diversidad será posible la integración. Sin esta condición, lo que se impone, como ha ocurrido hasta ahora, es la fragmentación. La tarea que nos proponemos es la de contribuir a la transformación de la sociedad peruana en el sentido de hacerla integrada, de reconocimiento de la diversidad, de reconocimiento del otro y de diálogo. Nos alienta la posibilidad de influir en la conformación de una ética que haga posible que los peruanos vivamos con un nuevo sentido, es decir, con dignidad, con valores de respeto mutuo que se expresen en sus prácticas.

El gran desafío en el proceso transformador es identificar lo inadvertido. En otras palabras, establecer cuál es la rutina y sobre qué habría que actuar para procurar algún cambio. Nuevamente, ello implica ampliar la conciencia de lo inadvertido. Entre otras, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿cómo nos vinculamos? ¿Qué afectos nos mueven? ¿Qué valores nos movilizan? ¿Qué prácticas desplegamos?

Quebrar la rutina de lo inadvertido no es fácil; toma más tiempo del que deseamos o, muchas veces, requiere más del que tenemos. La capacitación en un tema o la adquisición de un nuevo conocimiento nos permite abrir un nuevo horizonte, darnos cuenta de un aspecto que ignorábamos. Ampliar nuestra perspectiva, ver un poco más allá o descubrir algo nuevo es un quiebre de la rutina porque se modifica nuestra conciencia y se incorporan nuevos códigos en nuestro mundo inadvertido.

No obstante, la puesta en funcionamiento de nuevas prácticas no se da sólo porque hayamos aumentado nuestro bagaje de conocimientos. La incoherencia humana sólo puede ser reducida cuando nuestra afectividad se recompone o se descompone. Cuando logramos sintonizar conocimientos y afectos reducimos la inconsistencia de nuestras prácticas.

El quiebre de la rutina se puede dar por hechos traumáticos que remueven todo el edificio de nuestra subjetividad, redefinen nuestra conciencia y reformulan nuestro mundo inadvertido. Lo traumático no es sólo un accidente físico o social. Es, también, un “accidente” afectivo.

Este resultado no lo podemos producir nosotros individualmente, es decir, al margen de la relación con otros seres humanos. El quiebre de la rutina requiere de “otro” u “otros” que jueguen el rol de espejos especiales que nos permitan ver aquello que no aparecía en nuestra percepción y conciencia.

En nuestra vida cotidiana efectuamos numerosas interacciones con personas con las que nos vinculamos con distinto nivel de profundidad o compromiso y que tienen diferentes significados para nosotros. Pero, en el despliegue de esas relaciones aparecen “hechos” (diálogos y conversaciones) traumáticos que nos permiten cuestionar lo que hacíamos o la manera cómo lo realizábamos.