Emprender en Perú continúa siendo una alternativa para una parte importante de la población. Según el Reporte Nacional del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Perú 2025/2026, 12,8% de los adultos se encuentra iniciando o gestionando un nuevo negocio, mientras que solo uno de cada veinte cuenta con un negocio establecido. La diferencia evidencia un ecosistema con una fuerte actividad en etapas tempranas, pero también el desafío de lograr que estos emprendimientos alcancen una mayor consolidación.
En este escenario, comenzar a partir de una necesidad concreta puede permitir que el emprendedor tenga un primer punto de contacto con sus potenciales usuarios. El problema cotidiano funciona como una primera hipótesis: quién lo experimenta, con qué frecuencia ocurre y qué alternativas utiliza actualmente para resolverlo.
El fútbol amateur ofrece un ejemplo de esta dinámica. Antes de convertirse en una plataforma, Trova identificó una dificultad recurrente entre quienes querían jugar: encontrar personas disponibles para completar un partido. A partir de esa necesidad nació una solución que buscaba facilitar el encuentro entre jugadores.
“Una necesidad real no siempre llega acompañada de una solución evidente. El primer paso fue entender que el problema no era simplemente jugar fútbol, sino todo lo que había que hacer antes para que una pichanga pudiera ocurrir. Cuando empezamos a mirar esa fricción desde la experiencia del jugador, encontramos una oportunidad concreta para construir”, explica Santiago Fernandez, CEO de Trova.
La interacción con los primeros usuarios puede ser determinante en esta etapa. En lugar de asumir que la solución inicial es definitiva, escuchar cómo las personas utilizan el producto permite identificar nuevas necesidades y ajustar la propuesta.
En Perú, esta relación entre emprendimiento y tecnología tiene cada vez mayor espacio. El GEM señala que alrededor de siete de cada diez nuevos emprendedores esperan utilizar más tecnología digital para vender sus productos o servicios en los próximos seis meses. Sin embargo, solo uno de cada ocho reporta tener clientes fuera del país, lo que muestra que el reto no está únicamente en digitalizar una propuesta, sino también en lograr que encuentre y mantenga una base de usuarios.
Para Fernandez, ese proceso requiere involucrar a quienes utilizan la solución desde las primeras etapas. “Los primeros usuarios son también quienes te muestran qué tan real es el problema que estás intentando resolver. En nuestro caso, conversar con jugadores nos permitió descubrir que la solución tenía que evolucionar con ellos. No se trataba de lanzar una plataforma y esperar que funcionara, sino de escuchar, probar y corregir hasta encontrar una experiencia que realmente quisieran repetir”, señala.
Ese aprendizaje puede convertirse en un activo para el emprendimiento. Los comentarios, hábitos y necesidades que aparecen durante la experiencia permiten detectar oportunidades de mejora y entender hacia dónde puede evolucionar la propuesta.
“Cuando una solución nace de una necesidad concreta, la comunidad se convierte en una fuente permanente de aprendizaje. Cada partido, cada comentario y cada dificultad que enfrenta un usuario nos ayuda a entender qué debemos mejorar. Esa cercanía es la que permite que un emprendimiento deje de resolver un problema puntual y empiece a construir algo que las personas quieran incorporar a su rutina”, agrega Fernandez.
Así, emprender desde una necesidad real implica mucho más que identificar un problema. Requiere validar, escuchar, adaptar y generar una experiencia que motive a las personas a regresar. En un ecosistema donde numerosos negocios nacen cada año, convertir a los primeros usuarios en una comunidad activa puede ser parte de ese camino entre una idea y un emprendimiento capaz de sostener su crecimiento.









