La segunda Encuesta Regional de Cheaf revela que el 91% de los latinoamericanos considera relevante el desperdicio de alimentos, pero solo un 12% asegura nunca tirar comida, mostrando una brecha entre conciencia y hábitos de consumo.

Aunque la mayoría apunta a supermercados como principales responsables, los encuestados prefieren incentivos para donar y rescatar alimentos antes que sanciones.

Por Stakeholders

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La segunda Encuesta Regional de Cheaf, realizada a 4.504 personas en Argentina, Chile, Colombia y México, confirma que el 91% considera el desperdicio de alimentos un problema relevante y un 19% lo califica como “crítico”. Sin embargo, la práctica cotidiana revela una brecha: apenas un 12% asegura no tirar comida nunca, mientras que un 39% admite hacerlo al menos una vez por semana.

El alza de los precios es el principal factor que está modificando el consumo. El 54% de los encuestados lo señala como determinante; en Chile la cifra asciende al 62%, en México al 59% y en Argentina al 49%. Cada alimento descartado implica pérdida de dinero, lo que convierte el desperdicio en un problema económico además de ambiental y ético.

“El desafío actual no es la falta de conciencia, sino la ausencia de facilitadores que permitan actuar de manera diferente. Aunque las personas reconocen el impacto ambiental y social del desperdicio, muchas continúan con hábitos de compra y consumo que lo favorecen”, explicó Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf. La encuesta muestra que incluso entre quienes consideran el desperdicio “crítico”, un 40% admite botar comida semanalmente, cifra similar al 38% de quienes le asignan menor importancia.

Las promociones de varias unidades son un detonante: el 43% reconoce que el “2×1” los lleva a comprar más de lo necesario y muchos terminan desperdiciando semanalmente. En cuanto a productos próximos a vencer, un 37% los adquiriría solo si tienen descuento, mientras que apenas un 9% los compra con intención de conservarlos. El descuento ya es aceptado como estrategia para aprovechar alimentos, pero falta convertirlo en política sistemática del retail.

El 74% de los encuestados señala a supermercados y grandes cadenas como principales responsables de reducir el desperdicio, seguido por los hogares (37%), gobiernos (33%) y restaurantes (32%). En Argentina, el 67,3% apunta directamente al retail.

La preferencia es clara: 52% propone incentivos para donar o rescatar alimentos, 28% prioriza facilitar la donación a bancos de alimentos y solo 10% opta por sancionar a las grandes empresas. La expectativa apunta a estrategias colaborativas que permitan rescatar y redistribuir alimentos a gran escala.

La encuesta de Cheaf confirma que la conciencia sobre el desperdicio de alimentos ya está instalada en Latinoamérica, pero aún falta transformar esa preocupación en hábitos sostenibles. Reducir el desperdicio no solo protege el ambiente, también ayuda a ahorrar dinero y fortalecer la seguridad alimentaria. El reto para empresas, gobiernos y consumidores es cerrar la brecha entre lo que pensamos y lo que hacemos, construyendo un círculo virtuoso donde los alimentos se aprovechen, los hogares ahorren y los comercios recuperen valor.

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