Copa Sol: el torneo que está cambiando la historia del fútbol femenino desde la infancia
Con más de 330 niñas inscritas en su segunda edición, la iniciativa impulsada por UNACEM y Cemento Sol apuesta por derribar estereotipos, democratizar el acceso al deporte y sembrar una nueva generación de futbolistas que sueñan en grande.
En la cancha del Colegio Melitón Carvajal, en Lince, más de 330 niñas corren detrás de un balón con la ilusión de demostrar que el fútbol también les pertenece. Esa es la esencia de la Copa Sol, un torneo gratuito organizado por UNACEM que, en apenas su segunda edición, ya se consolida como un espacio donde el deporte se convierte en confianza, comunidad y oportunidad.
Para Claudia Rivero, gerente de Marketing de UNACEM y exseleccionada peruana de bádminton, la verdadera victoria no se mide únicamente en goles o trofeos, sino en la posibilidad de que cada vez más niñas encuentren un lugar seguro para crecer a través del deporte.
“La Copa Sol es mucho más que un torneo. Queremos sembrar en ellas el gusto por el deporte y la certeza de que pueden proponerse grandes metas”, afirma Rivero.
Una cancha abierta para todas
En un país donde el acceso al deporte todavía depende, muchas veces, de las posibilidades económicas de las familias, la gratuidad de la Copa Sol busca romper esa barrera.
Rivero recuerda que esa fue una de las motivaciones detrás del torneo: crear un espacio accesible y sostenido para que las niñas puedan jugar, aprender y competir desde temprana edad.
“Es muy importante que practicar una disciplina no dependa únicamente de los recursos de una familia o de tener acceso a una academia, sino que existan alternativas cercanas, accesibles y sostenidas en el tiempo”, sostiene.
El crecimiento de la iniciativa confirma esa necesidad. En su primera edición participaron más de 220 niñas; este año la cifra superó las 330.
“Cuando generamos los espacios, las niñas están ahí, con muchísimas ganas de participar, aprender y disfrutar del fútbol”, añade.
Derribar prejuicios desde la infancia
Aunque el fútbol femenino ha ganado visibilidad en los últimos años, los estereotipos siguen presentes. Para Rivero, el cambio comienza cuando las familias y la sociedad dejan de ver el fútbol como un deporte exclusivo para niños.
“El cambio más importante es que veamos con absoluta naturalidad a una niña jugando fútbol. Que una familia pueda acompañar su interés con la misma ilusión con la que acompañaría cualquier otra vocación”, señala.
Esa transformación también pasa por ofrecer referentes cercanos. Por ello, UNACEM y Cemento Sol impulsan distintas iniciativas en favor del fútbol femenino. Patrocinan la Liga Femenina, acompañan a jugadoras del Team Sol y fortalecen el trabajo formativo a través de la Copa Sol. “Queremos que las niñas sientan que la cancha también es su espacio», señala.
El talento está en todo el Perú
La apuesta de la Copa Sol va más allá de Lima. Rivero considera que el futuro del fútbol femenino depende de construir una base amplia de niñas que puedan acceder a espacios de formación y competencia sin importar dónde vivan.
“El talento existe en todo el Perú y el gran desafío es seguir generando oportunidades para que cada vez más niñas puedan acceder al deporte, independientemente del lugar donde vivan”, explica.
Esa visión busca construir una cantera de futuras deportistas desde edades tempranas, respetando los diferentes procesos de aprendizaje y desarrollo.
Isabella: el sueño de llegar a la selección peruana
Entre las niñas que pisan la cancha está Isabella Cabello, de 12 años, capitana del equipo Balón Rosa y campeona de la categoría Sub-12 de la Copa Sol 2025. Para ella, participar en el torneo significó sentirse protagonista de una historia que su familia vivió con la misma emoción.
“La Copa Sol fue una experiencia única e inigualable. Me sentía como muy importante… En mi familia estaban muy emocionados y era algo de lo que hablábamos todas las semanas del campeonato”, cuenta.
Desde los ocho años juega al fútbol y disfruta comprobar cuánto ha evolucionado junto a sus compañeras. “Cuando ganamos celebramos y nos divertimos mucho, y cuando nos toca perder tratamos de aprender para hacerlo mejor la próxima vez.”
Isabella también ha escuchado frases que muchas niñas conocen demasiado bien: “el fútbol no es para mujeres”. Su respuesta es tan sencilla pero contundente. “Seguimos jugando porque sabemos que este deporte también es para nosotras.”
Y cuando habla de su futuro, no duda. Espera representar al país y trascender en la historia. “Mi sueño es llegar algún día a la selección peruana de fútbol. Algunas chicas de Balón Rosa ya lo lograron y creo que esta generación dará muchas sorpresas.”
Un legado que trasciende la cancha
Para UNACEM, el deporte forma parte de una estrategia de sostenibilidad que busca generar igualdad de oportunidades y fortalecer comunidades. Rivero considera que el sector privado tiene la capacidad de acompañar procesos de largo plazo y abrir nuevos caminos para las niñas.
“Las empresas podemos contribuir generando oportunidades, haciendo visibles nuevas historias y ayudando a que más niñas encuentren referentes que las inspiren. Cuando esa apuesta es sostenida, el impacto trasciende lo deportivo.”
Ese impacto también se refleja en las tribunas. Mientras las niñas juegan, hermanas, amigas, madres y padres las acompañan. Algunas observan por primera vez un partido femenino y otras descubren que también quieren estar en la cancha.
“Hay algo muy bonito que ocurre alrededor de la cancha: otras niñas empiezan a decir ‘yo también quiero jugar’. Ese efecto multiplicador es probablemente uno de los resultados más importantes”, concluye Rivero.
La Copa Sol continuará disputándose durante cinco domingos, hasta el 20 de septiembre, con ingreso gratuito para todas las familias.