El artista y escultor peruano Marcelo Wong enfrentó un punto de quiebre cuando un incendio destruyó el espacio donde concentraba gran parte de su operación: taller, galería, oficina, insumos, piezas de arte y archivos digitales.
“Prácticamente lo que habíamos construido en 10 años lo perdimos. De la noche a la mañana nos vimos, no voy a decir en cero, porque felizmente teníamos los espacios para vivir, pero sí laboralmente en cero. No había un lugar donde trabajar y estábamos en negativo, porque había que responder a todos los trabajadores”, relató.
Reconstruir con obligaciones pendientes
La recuperación no solo implicó volver a producir, sino también responder desde el primer día por la planilla, aun sin ingresos. En ese momento, su bebé tenía pocos meses y junto con su esposa había decidido vivir esa etapa sin apoyo externo. A ello se sumó una fiscalización de SUNAT, sin contar con documentos contables que se habían perdido en el incendio. Tras intentar recuperar facturas, terminó pagando una multa que describió como “el primer incendio después del incendio”.
Antes de la tragedia, Wong evaluaba alejarse de la producción artística y explorar proyectos gastronómicos o de diseño. Sin embargo, la conexión cotidiana con el proceso creativo lo devolvió al arte. Un curso de diseño en Chicago reforzó esa decisión, al brindarle herramientas sobre innovación, emprendimiento y gestión de personas.
Procesos, crisis y aprendizajes
Para retomar operaciones organizó tres equipos: uno para recuperar piezas pendientes, otro para atender pedidos inmediatos y un tercero para proyectos futuros. Durante la pandemia enfrentó otra dificultad: perdió su cuenta de redes sociales por un reclamo de derechos de autor. Tras explicar a Warner Brothers que se trataba de una interpretación puntual, obtuvo una licencia para trabajar propuestas vinculadas a DC Comics y Harry Potter.
Wong asegura que cada crisis le enseñó a replantear su camino. “Si paramos, no pasa nada. Hoy en día, la gente dice ‘no puedo parar’, pero el incendio me enseñó que de pronto paramos y no pasaba nada. Esos momentos de pausa sirven para recargar energía, para afilar el hacha y después salir a seguir trabajando”, afirmó en el programa En Confianza de Banco Pichincha.
La experiencia también modificó su visión sobre el éxito. Tras conversar con su esposa, definió que la familia debía ocupar un lugar central. Con el tiempo entendió que el éxito no solo está en vivir del arte, sino también en formar una familia y aprender a disfrutar con ella.









