Europa atraviesa un verano crítico marcado por la ola de calor y la escasez de agua, con países mediterráneos en alerta y millones de ciudadanos enfrentando dificultades para acceder a un suministro seguro.

El cambio climático y la falta de infraestructuras modernas anticipan un futuro de mayor presión sobre los recursos hídricos en todo el continente.

Por Stakeholders

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La ola de calor y la falta de lluvias colocan a varios países europeos en una situación crítica respecto al acceso al agua. Según el informe Overheated and Underprepared de la organización Europe in Motion, citado por Euronews, uno de cada diez ciudadanos de la Unión Europea afronta escasez hídrica.

Aunque el consumo promedio europeo equivale al 5,8% de los recursos disponibles, las diferencias entre Estados miembros son profundas. El caso más grave es Chipre, que utiliza el 92% de sus recursos de agua dulce en verano, muy por encima del umbral de alerta del 20%. El gobierno pidió reducir el consumo en un 10% e impulsa plantas desalinizadoras para asegurar el suministro.

La desigualdad en los distintos países de Europa

Malta alcanza un 67% de explotación hídrica en verano, mientras Grecia registra un 37%, Rumanía un 34%, Portugal un 31%, Italia un 27% y España un 26,5%. Estas cifras sitúan a los países mediterráneos en zonas de alto riesgo, donde las altas temperaturas y el crecimiento poblacional incrementan la presión sobre los sistemas de abastecimiento.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) advierte que el problema no depende solo de la cantidad de agua disponible, sino también de la capacidad de los sistemas de distribución. Aproximadamente el 10% de los europeos tiene dificultades para acceder a agua limpia y segura. En Chipre, el 36,5% de la población enfrenta problemas de acceso, mientras en Grecia la cifra alcanza el 31,5%. En países como Bulgaria, Hungría, Croacia e Irlanda, la escasez se relaciona con infraestructuras obsoletas y sistemas de suministro deficientes más que con la disponibilidad de agua.

Por otro lado, Francia, Portugal y España lograron mantener bajo el porcentaje de población afectada gracias a sistemas de distribución más eficientes, con cifras por debajo de la media europea del 9%. Esto demuestra que la crisis hídrica no siempre está vinculada a la cantidad de recursos, sino a la gestión y mantenimiento de las redes hidráulicas.

Cambio climático y futuro

La AEMA advierte que el impacto de la sequía y el cambio climático incrementará la frecuencia e intensidad de estas crisis al menos hasta 2030. La creciente demanda, el turismo estacional y los veranos cada vez más calurosos complican la capacidad de los gobiernos para garantizar el suministro.

El informe subraya que la gestión del agua se convirtió en un asunto prioritario para la Unión Europea. La experiencia de los países mediterráneos podría anticipar retos similares en otras regiones si no se aplican soluciones sostenibles. La disparidad entre Estados miembros evidencia la necesidad de estrategias diferenciadas y coordinadas, en las que el acceso equitativo y la inversión en tecnología sean ejes centrales para evitar una crisis hídrica generalizada.

La modernización de infraestructuras y la resiliencia de los sistemas de distribución serán claves para enfrentar un futuro marcado por el cambio climático y la presión sobre los recursos hídricos.

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