Japón se consolidó como el país más preparado frente a terremotos gracias a su estricta normativa de construcción, la planificación urbana adaptada a su geografía y una cultura ciudadana de prevención que hoy sirve de modelo para Venezuela.

Expertos destacan que la actualización constante de códigos y la fiscalización rigurosa son claves que Venezuela evalúa para fortalecer su resiliencia urbana. Foto: Stakeholders.

Por Stakeholders

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Japón se consolidó como el país más preparado frente a terremotos gracias a su estricta normativa de construcción y a una planificación urbana adaptada a su compleja geografía. Situado sobre varias placas tectónicas, el archipiélago convirtió la gestión del riesgo en política de Estado. La Organización Nacional de Turismo recuerda que se trata de una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta, lo que impulsó estrategias preventivas a largo plazo.

Especialistas citados por National Geographic sostienen que el éxito japonés radica en mitigar daños humanos y materiales en lugar de intentar predecir los movimientos telúricos. Esa visión combina educación ciudadana, avances tecnológicos e infraestructura avanzada. La sismóloga estadounidense Lucy Jones subraya que los estándares de edificación lograron que los daños sean mucho menores de lo esperado en desastres recientes.

Sismo en Venezuela: ¿cómo Japón se volvió resistente a los terremotos?

El terremoto de Kanto en 1923 transformó la seguridad civil y dio origen a la Ley de Normas de Edificación de 1950. En 1981 se introdujo el “nuevo estándar sísmico”, cuyo objetivo es proteger la vida humana mediante estructuras capaces de soportar eventos extremos sin colapsar. El ingeniero Keith Porter explica que el principio central es garantizar que las obras no se derrumben ni provoquen muertes, un enfoque que hoy analizan especialistas venezolanos para modernizar sus códigos de infraestructura.

Las edificaciones niponas combinan sistemas rígidos de amortiguación con tecnologías de aislamiento basal. El uso de almohadillas de caucho en los cimientos separa las construcciones del movimiento telúrico y previene el colapso de rascacielos y viviendas antiguas de madera. No obstante, persisten amenazas como la licuefacción del suelo, los incendios y los tsunamis, factores que exigen evaluaciones geológicas constantes en áreas urbanas vulnerables de Venezuela.

La protección civil japonesa complementa la resistencia física con educación pública y mecanismos de alerta temprana. Tras el gran terremoto del este de Japón en 2011, se reforzaron los simulacros y los centros de acopio comunitarios. El profesor Toshitaka Katada afirma que “probablemente no haya ningún pueblo en la Tierra que esté tan preparado para los desastres como los japoneses”, una filosofía que sirve de modelo para optimizar planes de contingencia en Sudamérica.

¿Qué lecciones puede aprender Venezuela sobre Japón?

La continuidad institucional es el pilar del éxito japonés. Tras cada catástrofe, el país ajustó sus normas y reforzó su sistema de protección. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) advierte que la reducción efectiva del riesgo sísmico requiere actualización constante de códigos y cumplimiento estricto, más allá de la existencia de normas en papel.

El control urbano riguroso y la fiscalización técnica de las obras constituyen otra directriz esencial. Las inspecciones exhaustivas en Japón reducen la informalidad estructural, mientras que en Venezuela el crecimiento metropolitano revela vulnerabilidades por la supervisión limitada.

Finalmente, la resiliencia integral demanda una sólida cultura comunitaria. Tras el terremoto de 2011, expertos de la Universidad de Kioto destacaron el fortalecimiento de las “estrategias blandas de mitigación”, que priorizan evacuaciones organizadas y preparación ciudadana. Este esquema, que integra simulacros escolares y educación obligatoria, se proyecta como referente indispensable para América Latina.

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