Concepción Galdón, vicedecana de Empresa con Propósito de IE Business School reflexiona, en entrevista con Stakeholders, sobre la colaboración como base del éxito humano y empresarial, el verdadero sentido del propósito —individual y corporativo— y los retos que enfrentan las organizaciones en un contexto social cada vez más exigente.

Por Denisse Torrico

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En un contexto cada vez más individualista, usted afirma que el éxito humano es colectivo. ¿Qué consecuencias tiene esta desconexión con los demás, tanto a nivel personal como empresarial?

Lo primero es entender qué significa ser humano y cómo hemos evolucionado. Durante milenios, las personas que no colaboraban no sobrevivían. La colaboración ha sido uno de los factores fundamentales del éxito del ser humano como especie.

La individualidad siempre ha existido, pero dentro de un grupo. Ninguno puede tener éxito en un contexto que va mal o rodeado de personas a las que les va mal. Por eso digo que el éxito individual es, en realidad, éxito colaborativo y éxito de la comunidad.

¿Cómo se traslada esta idea al mundo corporativo, donde a menudo se contrapone lo individual y lo colectivo?

Es importante no caer en una lógica de blanco o negro. No es cierto que si importa el colectivo, el individuo desaparece, ni que sí importa el individuo, el colectivo deja de contar. La experiencia humana demuestra lo contrario. El éxito individual pasa por el éxito colectivo.

La responsabilidad individual siempre ha formado parte del éxito del grupo. De hecho, los colectivos tienden a expulsar a quienes, de manera sistemática, se convierten en un lastre. No es algo ideológico, es algo profundamente humano y evolutivo.

¿Qué papel juega el propósito en ese equilibrio entre individuo y colectivo?

La individualidad no es contraria a la colectividad, ocurre dentro de ella. Y eso es precisamente lo que articula el propósito.

Ser un profesional con propósito significa conectar tu necesidad individual de trascender —tu forma única de contribuir, de relacionarte y de dar sentido a lo que haces— con el valor positivo que generas para el grupo. El propósito es el puente entre lo personal y lo colectivo.

Hoy se habla mucho de propósito, pero no siempre es auténtico. ¿Cómo se identifica cuando es impuesto y no real?

Un propósito real nunca puede ser impuesto. Cuando lo es, no sirve para nada. Lo que hay entonces es un mandato, un objetivo externo, pero no un propósito.

El propósito auténtico es algo que uno descubre en sí mismo, que le da resiliencia, fuerza y una brújula para tomar decisiones. En una sociedad donde competimos constantemente por el tiempo y la atención, el propósito te ayuda a decidir a qué dedicar tu energía y por qué.

¿Qué diferencia a un profesional con propósito de uno que no lo tiene?

Desde fuera se nota muchísimo. Un profesional con propósito entiende que su trabajo importa y qué importa que sea él quien lo haga.

No es lo mismo pensar “alguien hará este trabajo” que reconocer que hay algo en la energía, la pasión y la manera de estar de esa persona que marca la diferencia. Eso no se puede sustituir fácilmente.

«El propósito también sirve para saber cuándo seguir intentando cambiar las cosas y cuándo ha llegado el momento de tomar otra decisión profesional».

¿Cómo pueden las empresas identificar su propósito real y evitar que se quede en un discurso vacío?

El propósito de una empresa no se fabrica, se descubre. No se encuentra llamando a un consultor para crear una frase bonita, sino escuchando a empleados, clientes y stakeholders.

El propósito explica por qué es legítimo que una empresa capture valor, porque antes genera valor y es un miembro valioso de la comunidad en la que opera. Cuando una empresa prioriza la captura de valor sobre la generación de valor, pierde legitimidad.

En IE Business School trabajan con el modelo THERE. ¿Cómo se aplica este enfoque en las organizaciones?

THERE es un acrónimo de descubrir, alinear, realizar y evolucionar. Una empresa debe descubrir cuál es su forma única de contribuir; alinear sus políticas, decisiones y líneas de negocio con ese propósito; realizarlo a través de acciones concretas; y evolucionar, porque el contexto cambia.

Las organizaciones no se transforman en algo opuesto a lo que son, pero sí evolucionan desde su identidad, igual que lo hacemos las personas.

¿Qué cambios sociales están obligando a las empresas a replantear su propósito?

Hoy la sociedad ya no acepta como una fatalidad que una empresa maltrate a sus empleados, contamine o contribuya a la desigualdad. Antes se asumía; ahora se asigna responsabilidad donde corresponde.

Los clientes demandan salud, entornos limpios, justicia social y coherencia. Eso está cambiando la manera de liderar, de tomar decisiones y de entender la responsabilidad empresarial.

¿Cómo se equilibra el propósito personal con el propósito de la empresa a lo largo de la vida profesional?

No es necesario que coincidan al 100%, pero sí que estén alineados. Es muy difícil sostener una relación a medio plazo cuando el propósito personal y el empresarial van en direcciones opuestas.

El propósito también sirve para saber cuándo seguir intentando cambiar las cosas y cuándo ha llegado el momento de tomar otra decisión profesional.

Para cerrar, ¿qué mensaje le daría a empresas y accionistas?

No hay incoherencia entre trabajar desde el propósito y proteger los intereses de los accionistas. Al contrario, cuanto más valor genera una empresa desde un propósito auténtico, más valor puede capturar.

Una empresa con propósito genera más valor para empleados, clientes y sociedad, y también para sus propietarios, siempre que ese propósito sea real y no una frase vacía en una web.







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