Lima cumple 491 años enfrentando el contraste entre un modelo urbano que profundiza la contaminación y la desigualdad.
Lima cumple 491 años enfrentando el contraste entre un modelo urbano que profundiza la contaminación y la desigualdad.

Medio ambiente - Ciudades sostenibles

Lima cumple 491 años: el desafío de construir una ciudad sostenible hacia su quinto centenario

En su aniversario 491, Lima atraviesa un momento decisivo. Con el quinto centenario cada vez más cerca, la capital sigue sin articular una visión metropolitana de largo plazo. La calidad del aire, la gestión de residuos, el transporte, la infraestructura verde y la participación ciudadana dan cuenta de una ciudad que aún responde más a la urgencia inmediata que a una estrategia sostenible de futuro.

Por Denisse Torrico

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A 491 años de su fundación, Lima llega a un nuevo aniversario arrastrando tensiones históricas no resueltas. Fundada el 18 de enero de 1535 y asentada en un territorio árido, la capital del Perú se ha expandido hasta convertirse en una megaciudad de más de 10 millones de habitantes, distribuida en 43 distritos profundamente desiguales. Centro político, económico y administrativo del país, Lima concentra oportunidades, pero también riesgos estructurales que hoy comprometen su sostenibilidad.

La ciudad que alberga patrimonio arqueológico prehispánico, un Centro Histórico reconocido por la Unesco y nodos estratégicos como el aeropuerto Jorge Chávez y el puerto del Callao, enfrenta un deterioro progresivo de sus condiciones ambientales y urbanas. La caída en rankings internacionales de sostenibilidad, los persistentes niveles de contaminación del aire, el colapso del transporte y la fragmentación de la gestión pública configuran un escenario que exige algo más que soluciones sectoriales.

Pensar Lima con miras a sus 500 años no es un ejercicio simbólico, sino una urgencia política y técnica. La pregunta de fondo es si la capital está construyendo hoy las bases de una ciudad sostenible, capaz de ofrecer calidad de vida, equidad territorial y resiliencia climática, o si continúa reproduciendo un modelo urbano que profundiza brechas y posterga decisiones clave.

Contaminación ambiental: una amenaza silenciosa

La calidad del aire se ha convertido en uno de los principales pasivos ambientales de Lima Metropolitana. De acuerdo con el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), la ciudad registra concentraciones de material particulado fino (PM2.5) que la ubican en rangos insalubres, especialmente en distritos de Lima Norte, Lima Este y Lima Centro.

El ingeniero Steven Arce, de la Subdirección de Evaluación del Ambiente Atmosférico del Senamhi, advierte que la evolución de la calidad del aire en la última década ha estado directamente vinculada a la actividad humana. “Durante el periodo de aislamiento social por la pandemia de COVID-19 se produjo una reducción sustancial de las emisiones, principalmente de origen vehicular, lo que se tradujo en una mejora temporal de la calidad del aire en diferentes zonas de Lima”, explica. Sin embargo, precisa que este efecto fue transitorio y se revirtió tras el levantamiento de las restricciones.

Hoy, los principales contaminantes siguen siendo el material particulado fino y grueso. “El PM2.5 y el PM10 son los contaminantes que tienen mayor impacto en la salud de las personas, repercutiendo en la morbilidad y mortalidad, por eso son los que vigilamos con mayor énfasis”, señala Arce. El especialista añade que más del 50 % de estas emisiones proviene del parque automotor, particularmente de vehículos con más de 15 o 20 años de antigüedad, cuya combustión ineficiente libera mayores niveles de contaminantes.

Las condiciones meteorológicas propias de Lima —baja velocidad del viento, alta humedad y una compleja orografía— agravan el problema. “El viento transporta la contaminación desde el sur hacia Lima Norte y Lima Este, y la presencia de cerros condiciona la dispersión”, detalla Arce, quien también apunta al peso de las zonas industriales y la falta de pavimentación como factores que incrementan la resuspensión de polvo.

Frente a este escenario, mejorar la calidad del aire en Lima requiere una combinación de decisiones técnicas y políticas sostenidas. Desde el Senamhi, se enfatiza la necesidad de fortalecer la red de monitoreo atmosférico, usar los datos para orientar políticas públicas y priorizar la reducción de emisiones del parque automotor, especialmente de los vehículos más antiguos. A ello se suma la urgencia de promover combustibles más limpios, reforzar la fiscalización ambiental y articular las políticas de transporte, industria y ordenamiento urbano. El sector privado, añade, puede contribuir mediante la adopción de tecnologías más limpias y el control de emisiones industriales, mientras que la ciudadanía tiene un rol clave en reducir el uso del vehículo particular, evitar la quema de residuos y optar por medios de transporte colectivos o no motorizados.

Una ciudad atrapada en la lógica de usar y botar

La gestión de residuos sólidos revela otra de las fracturas estructurales de la ciudad. Lima sigue operando bajo una lógica lineal de “usar y botar”, sin un sistema metropolitano integrado que articule segregación, recolección diferenciada y valorización.

Para Fiorella Danjoy, directora de Recicla Latam, el principal cuello de botella es logístico. “No tenemos un sistema integrado desde la segregación en la fuente hasta la valorización de los residuos, que contemple separación, trazabilidad, infraestructura y fiscalización consistente entre los 43 distritos”, afirma. A ello se suma la falta de educación ambiental y la escasez de recicladores formales que cubran toda la ciudad.

Danjoy subraya que gran parte de los residuos que hoy terminan en disposición final podrían ser aprovechados. “Estamos lejos de una economía circular efectiva porque la ciudad funciona principalmente en una lógica lineal, pese a que gran parte del residuo sí es valorizable”, sostiene. Entre las oportunidades desaprovechadas menciona la valorización de residuos orgánicos, la compra pública circular y la responsabilidad extendida del productor.

Desde su perspectiva, el rol ciudadano es clave, pero insuficiente sin infraestructura y con una articulación frágil. “Hoy en Lima la articulación existe, pero es desigual y frágil. Funciona mejor en los distritos donde hay voluntad política y acompañamiento técnico, pero no como un sistema metropolitano”, advierte.

Para Danjoy, avanzar hacia un Sistema Metropolitano Unificado de Residuos, con estándares compartidos, datos abiertos y financiamiento sostenible, es una decisión impostergable si Lima quiere evitar una crisis mayor rumbo a sus 500 años.

Movilidad fragmentada, contaminación y pérdida de tiempo

La movilidad urbana es, quizás, el reflejo más visible de la falta de planificación de largo plazo. Lima figura entre las ciudades más congestionadas y contaminadas de la región, con un sistema de transporte fragmentado, altamente informal y poco eficiente, que impacta directamente en la calidad del aire, el tiempo de traslado y la seguridad vial.

Ellioth Tarazona, gerente técnico de la Asociación Automotriz del Perú (AAP), advierte que el problema va mucho más allá de la infraestructura disponible. “El problema no es solo de infraestructura, sino de fragmentación del sistema, falta de integración real entre modos de transporte y una débil planificación de largo plazo”, señala. A diferencia de otras capitales latinoamericanas, Lima sigue dependiendo de microbuses, combis y taxis informales, mientras apenas una fracción de la población accede al sistema formal.

Tarazona añade que la ausencia de una Política Nacional de Movilidad Urbana Sostenible y de un plan efectivo de electromovilidad ha mantenido a la ciudad estancada. “Hemos reemplazado los buses grandes por microbuses y combis, arrastrando un parque vehicular antiguo y desordenado, social y ambientalmente insostenible”, afirma.

De cara al quinto centenario, el especialista enfatiza la necesidad de ejecutar lo ya planificado. “No basta con tener un marco regulatorio; lo más importante es implementarlo y pasar de las intenciones a la acción”, sostiene, en referencia al Plan de Movilidad Urbana 2025-2045 aprobado por la ATU, que contempla nuevas líneas de metro, corredores BRT y una transformación integral del sistema.

Áreas verdes y viviendas dignas, el déficit que profundiza la desigualdad urbana

La brecha de áreas verdes por habitante es una de las más críticas de la capital. En la mayoría de distritos, el indicador no supera los 2 m² por persona, muy por debajo de estándares internacionales y de otras ciudades de la región.

El arquitecto urbanista Aldo Giovanni Facho Dede, presidente de la Comisión Nacional de Urbanismo del Colegio de Arquitectos del Perú, atribuye esta situación al crecimiento sin planificación. “Si no fuera porque en el Plan de Desarrollo Metropolitano de 1967 se determinaron los parques zonales, hoy el parque más grande que tendría Lima sería el Campo de Marte”, sostiene. Incluso así, la sumatoria de estos parques equivale apenas al área del Parque Central de Nueva York.

Facho advierte que la informalidad y la ausencia de una visión estratégica han generado un déficit alarmante de espacios públicos de calidad. “La mayor parte de los parques de Lima y Callao tienen menos de una hectárea, lo que limita una transformación real del suelo y profundiza la desigualdad urbana”, explica.

El crecimiento urbano desordenado también ha impactado en el acceso a vivienda digna y servicios básicos. “Ha dificultado y encarecido la planificación de redes de agua, desagüe, transporte y equipamientos esenciales”, señala. Esta expansión horizontal obliga a miles de familias a realizar largos desplazamientos diarios, afectando su calidad de vida y su economía.

Para Facho, Lima necesita una planificación estratégica de mediano y largo plazo, articulada con el sector privado y la sociedad civil. “Lo que Lima y el Callao necesitan es un alcalde que sepa convocar, liderar y conectar todas esas iniciativas en un gran proyecto de ciudad”, enfatiza.

Gobernanza y participación ciudadana: el eslabón débil de la sostenibilidad urbana

La sostenibilidad urbana no se construye solo con infraestructura, sino también con gobernanza e involucramiento ciudadano. Sin embargo, los datos del observatorio Lima Cómo Vamos revelan una ciudadanía mayoritariamente insatisfecha: apenas el 29 % se siente satisfecho con Lima y Callao como lugar para vivir.

Lima Norte registra el nivel más bajo de satisfacción (14,3 %), mientras que Lima Centro concentra el mayor índice de insatisfacción (53,3 %). En este contexto, la contaminación ambiental aparece recién en cuarto lugar entre las principales preocupaciones ciudadanas, detrás de la inseguridad, el transporte y la corrupción.

Mariana Alegre, directora del observatorio, explica que esta jerarquía responde a condiciones estructurales. “Cuando las personas enfrentan problemas de supervivencia económica, los temas ambientales pasan a un segundo plano”, señala. A ello se suma la baja tangibilidad de algunos impactos. “El tráfico o la falta de agua son problemas visibles y urgentes; la mala calidad del aire o la falta de áreas verdes no siempre se perciben con la misma inmediatez”, añade.

Pese a ello, existen señales alentadoras. “Ocho de cada diez peruanos rechazan pagar coimas para acelerar trámites”, destaca Alegre, aunque reconoce la brecha entre el discurso y la práctica cotidiana. Para la especialista, el liderazgo político es clave. “Un alcalde metropolitano tiene poder de convocatoria y puede articular a los distritos para impulsar transformaciones sistémicas, si existe una visión clara de futuro”, afirma.

En esa línea, Alegre subraya que la sostenibilidad urbana requiere algo más que voluntad. “Apostar por una ciudad sostenible requiere liderazgo, articulación y una visión de futuro que no se limite al corto plazo ni a una sola gestión”, sostiene.

A 491 años de su fundación, Lima enfrenta un momento decisivo en la definición de su futuro urbano. De cara a su quinto centenario, la sostenibilidad de la capital dependerá de su capacidad para ordenar su crecimiento, reducir sus impactos ambientales, cerrar desigualdades territoriales y consolidar una gobernanza metropolitana que convoque, articule y sostenga decisiones en el tiempo, no como un gesto conmemorativo, sino como un compromiso político real con las generaciones que habitarán la ciudad que hoy se sigue construyendo.

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