fbpx

Más allá del voluntariado Por Hans Rothgiesser

[shareaholic app="share_buttons" id="26216618"]
Hans Rothgiesser
Miembro del Consejo Consultivo Stakeholders

Bill Nye, difusor de ciencia conocido en la televisión norteamericana como “the Science Guy”, en su libro Undeniable comenta cómo está en nuestra naturaleza ayudar a nuestros semejantes. Que la idea que a veces se difunde en los medios, de que el ser humano es egoísta por naturaleza es incorrecta. Él argumenta que nuestra inclinación a ayudarnos entre nosotros no proviene necesariamente de una afiliación a alguna doctrina religiosa, sino más bien a un elemento evolutivo.

Y es que en la naturaleza ya observamos comportamientos altruistas. Por ejemplo, en murciélagos nocturnos. Hoy se sabe que tienen formas de identificar a quien no pudo alimentarse lo suficiente una noche. Los que sí tuvieron suerte arrojan un poco de la sangre que chuparon en la boca del hambriento. De esta manera mantienen a la manada fuerte, lo que le conviene a todos desde un punto de vista de sobrevivencia.

No debe sorprender, entonces, que cuando se llama a voluntarios la respuesta tienda a ser buena. Puede tratarse de un banco que le brinda a sus colaboradores la opción de ir un sábado a reforzar matemáticas en un colegio público, o una organización internacional que inscribe universitarios para ir a construir casas en zonas necesitadas de la ciudad.

La convocatoria no suele ser el mayor obstáculo, sino más bien la retención de los voluntarios y la generación de una alternativa que impacte de manera realmente positiva en una comunidad.

Y ésta es la parte triste. Muchas empresas u organizaciones ofrecen opciones de voluntariado por algún objetivo interno de recursos humanos, pero no están interesados en el impacto real del programa. Si la mañana que pasaron haciendo algo trae como resultado buenas fotos que subir a redes sociales ya se dan por bien retribuidos.

Se aprovechan así de la naturaleza del ser humano de querer ayudar a los menos afortunados. De hecho, por eso intelectuales como el neurocientífico y filósofo Sam Harris proponen que en paralelo al sistema económico que tenemos actualmente, que se usa sobre la base del intercambio de bienes y servicios por dinero, deberíamos tener otro que funciona sobre la base de alguna clase de sistema de créditos o de puntos, que premie a aquellos que hacen labores que no son recompensadas monetariamente. Como, por ejemplo, el joven que cuida a su abuelo y nadie le paga por ello. O profesionales que se toman un año para ir a ayudar a comunidades más necesitadas.

Esto es porque ofrecernos a ayudar a alguien que necesita ayuda suele ser nuestro primer impulso. Es lo que viene después lo que arruina este hermoso concepto. Cuando gerentes de recursos humanos quieren aprovecharse de eso para fomentar trabajo de equipo o compañerismo hacia dentro de la empresa.

O cuando el jefe de prensa quiere aprovecharse para tomar fotos que demuestran que trabajar en la empresa es enriquecedor a varios niveles.

No digo que hagamos voluntariado por hacerlo. Para maximizar su impacto necesitamos apoyo de empresas y de otras organizaciones. No obstante, el objetivo del voluntariado y su impacto en la comunidad es lo que debería primar, lo que debería venir primero.

En lo personal puedo comentar que en proyectos de voluntariado o en organizaciones de voluntarios es donde he hecho muchos de los mejores amigos que he tenido en mi vida y los más sinceros y honestos. Quizás no me hayan ayudado a conseguir mejores trabajos o a agarrar contratos millonarios con ministerios, pero sí de eso se tratara, no se llamaría voluntariado.

 

Etiquetas: , , , , , ,