Cada año, la publicación del ranking Merco ESG invita a mirar con mayor atención cómo las empresas están entendiendo su rol en la sociedad. Pero el Merco ESG 2025 llega en un momento particular: cuando la sostenibilidad ya no es una promesa de futuro, sino una exigencia del presente.
En un país marcado por la desconfianza, la fragmentación y la demanda creciente de coherencia, este tipo de mediciones adquiere un valor que va más allá del reconocimiento público. El Merco ESG no premia discursos, sino trayectorias. No mide intenciones, sino percepciones construidas a partir de evidencias sostenidas en el tiempo, evaluadas por múltiples grupos de interés: directivos, expertos, analistas, colaboradores, ciudadanos.
Ese es uno de sus mayores aportes: recordarnos que la reputación ESG no se improvisa. Se construye con decisiones consistentes en lo ambiental, lo social y la gobernanza, incluso —y sobre todo— cuando no hay cámaras ni titulares de por medio.
El mensaje de fondo del Merco ESG 2025 es claro: la sostenibilidad dejó de ser un atributo accesorio para convertirse en un criterio central de liderazgo empresarial. Hoy, las organizaciones más valoradas no son necesariamente las que hacen más, sino las que logran integrar el enfoque ESG en su estrategia, su cultura y su modelo de negocio.
Desde una mirada técnica, esto implica varias cosas. En lo ambiental, pasar de la gestión reactiva de impactos a la prevención, la eficiencia y la innovación. En lo social, entender que la relación con colaboradores, comunidades y clientes no es filantropía, sino gestión de valor compartido. Y en gobernanza, asumir que la ética, la transparencia y la rendición de cuentas son condiciones básicas para la sostenibilidad de cualquier organización.
Pero más allá de los indicadores, el ranking también tiene un componente profundamente inspirador. Demuestra que sí es posible liderar con responsabilidad en contextos complejos. Que apostar por estándares más altos no es una desventaja competitiva, sino una forma de construir confianza, resiliencia y legitimidad.
En un entorno donde los conflictos socioambientales, la presión regulatoria y el escrutinio ciudadano son cada vez mayores, las empresas mejor posicionadas en Merco ESG muestran una lección clave: la sostenibilidad no reduce riesgos solo porque “se vea bien”, sino porque ordena la toma de decisiones. Permite anticipar escenarios, gestionar tensiones y responder con mayor solvencia cuando surgen crisis.
Desde la perspectiva del desarrollo, este enfoque es especialmente relevante. La sostenibilidad empresarial no es un freno al crecimiento; es una condición para que el crecimiento sea aceptado socialmente y sostenible en el tiempo. Las organizaciones que lo entienden generan empleo de mejor calidad, fortalecen cadenas de valor y contribuyen a una economía más estable.
El Merco ESG 2025 también interpela al ecosistema en su conjunto. Nos recuerda que la sostenibilidad no es responsabilidad exclusiva de las empresas líderes, sino un desafío compartido entre Estado, sector privado, academia, medios y sociedad civil. La reputación se construye en red, y los estándares se elevan cuando hay diálogo, evidencia y aprendizaje colectivo.
Por eso, más que leer el ranking como una fotografía estática, conviene entenderlo como una señal de dirección. Una invitación a que más organizaciones transiten desde acciones aisladas hacia estrategias integrales, desde el corto plazo hacia una visión de largo plazo, desde la reacción hacia la coherencia.
Celebrar a quienes encabezan el Merco ESG es importante. Pero el verdadero impacto del ranking está en su capacidad de inspirar a otros a recorrer ese camino, adaptándolo a su realidad, a su sector y a su propósito.
En tiempos donde la confianza es escasa y el ruido abunda, contar con herramientas que distingan el liderazgo responsable basado en evidencia es una buena noticia. Porque al final, la reputación ESG no se trata de ocupar un lugar en una lista, sino de dejar una huella positiva y verificable en la sociedad.
El Merco ESG 2025 nos recuerda que el liderazgo que perdura no es el que promete más, sino el que demuestra, con hechos, que es posible crecer haciendo las cosas bien.









