Hablar del rol de la mujer en el sector energético es hablar de un proceso en evolución. Un camino marcado por avances graduales, pero también por brechas persistentes en una industria que históricamente ha sido mayoritariamente masculina, especialmente en los espacios técnicos y de toma de decisión. Este escenario plantea un desafío relevante para un sector que hoy necesita ampliar miradas, capacidades y liderazgos para responder a un entorno cada vez más complejo.
La transición energética no es únicamente un desafío tecnológico o de infraestructura. Es, ante todo, un proceso profundamente humano, que requiere integrar distintas experiencias y formas de liderazgo para construir sistemas más resilientes, eficientes y socialmente responsables. En ese camino, la participación de las mujeres no responde solo a criterios de equidad, consolidándose como una condición clave para fortalecer la capacidad del sector de innovar, adaptarse y generar valor sostenible en el largo plazo.
En el contexto peruano, de acuerdo al Ministerio de Energía y Minas, se ha registrado un incremento gradual en la participación laboral de la mujer en el sector energético, que pasó de aproximadamente 6,5% a 7% durante la última década. Si bien hay un avance, las cifras muestran que la presencia femenina aún es acotada, especialmente en áreas vinculadas a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM), así como en posiciones de liderazgo. Esto evidencia la necesidad de seguir impulsando cambios estructurales en la gestión del talento, en la cultura organizacional y en la forma en que se abren oportunidades dentro de la industria.
Las barreras que enfrentan las mujeres en este rubro suelen estar asociadas a estereotipos de género y una baja representación en roles técnicos estratégicos. Superarlas exige decisiones sostenidas, políticas internas claras y un compromiso real por transformar la cultura organizacional más allá de los discursos.
En ISA ENERGÍA, estos retos se abordan desde una mirada de largo plazo. Por ejemplo, en nuestra empresa, las mujeres en los niveles de liderazgo representan actualmente el 46% del equipo directivo, incluida la Gerencia General. En una industria donde la representación femenina en cargos de alta responsabilidad sigue siendo reducida, esta composición evidencia que el liderazgo diverso sí es posible.
Asimismo, este avance se refleja en la incorporación de más mujeres en espacios técnicos y estratégicos dentro de la organización. Si bien se trata aún de porcentajes moderados, el crecimiento resulta significativo en áreas estratégicas para la transición energética. Cada vez más profesionales mujeres asumen más responsabilidades vinculadas a funciones técnicas, operativas y de innovación, ámbitos tradicionalmente masculinizados, que resultan clave para el desarrollo de infraestructura energética y la adopción de nuevas tecnologías.
La equidad de género también se expresa en la relación del sector energético con las comunidades. Un ejemplo es Huertos en Línea, iniciativa que nació en 2004 cuando un grupo de vecinas de Villa María del Triunfo decidió sembrar hortalizas bajo las líneas de transmisión eléctrica para enfrentar las dificultades económicas de sus familias. El proyecto se consolidó como una experiencia exitosa de agricultura urbana y al día de hoy cumple más de 20 años beneficiando a más de 160 familias y revitalizando más de 40 mil metros cuadrados en Lima y provincias.
El liderazgo femenino ha sido determinante en su sostenibilidad. Gregoria Flores, coordinadora de los huertos y una de sus impulsoras, ha desempeñado un rol clave en la organización comunitaria, la articulación con aliados y la formación de nuevas generaciones de agricultoras urbanas. Bajo su liderazgo, el proyecto ha promovido la participación activa de mujeres adultas mayores como referentes en sus comunidades. Hoy, el 80% de los cargos de coordinación está a cargo de mujeres, consolidando a Huertos en Línea como un espacio donde el liderazgo femenino transforma territorio y oportunidades.
A ello se suma Praderas de Vida, un jardín medicinal impulsado y liderado íntegramente por mujeres de San Juan de Miraflores. Este emprendimiento socioambiental promueve el cultivo de plantas medicinales y la recuperación de saberes tradicionales, al tiempo que fortalece la autonomía económica y el liderazgo comunitario femenino. A través del trabajo colaborativo y la organización vecinal, sus integrantes han convertido un espacio vulnerable en un referente local de educación y conservación ambiental, consolidando un modelo donde el liderazgo femenino impulsa cambios sostenibles en el territorio.
Incorporar a más mujeres en el sector energético, en posiciones técnicas, operativas y de liderazgo, no es solo una meta de representación. Para nosotros, es una condición necesaria para avanzar hacia una transición energética más equilibrada, capaz de integrar sostenibilidad ambiental, desarrollo social y solidez económica.









