Desde que decidí crear Recidar tuve un objetivo: algún día quería ganar el Desafío Kunan. Lo intentamos en 2017. Llegamos a la final, pero no ganamos. Me quedé con esa sensación de haber estado cerca y, al mismo tiempo, con más ganas de volver. Para quienes emprendemos buscando resolver problemas sociales y ambientales, Kunan representaba ese espacio donde querías que tu trabajo fuera visto, cuestionado y reconocido.
Volvimos a intentarlo en 2020. ¡Y qué año para hacerlo!
La pandemia estaba causando muchísimo dolor, especialmente entre las familias de menores ingresos. Muchas empresas quebraron y las que logramos sobrevivir enfrentábamos una enorme incertidumbre. A la crisis sanitaria y económica se sumó una crisis política. Nadie sabía realmente qué iba a pasar al mes siguiente.
En medio de ese escenario, Recidar seguía intentando demostrar que los objetos usados podían convertirse en oportunidades. Ese año logramos reutilizar alrededor de 140 000 objetos.
Recuerdo también la incertidumbre personal antes de la final. Una prueba rápida de COVID salió positiva y pensé que, después de tres años esperando una segunda oportunidad, quizás ni siquiera podría participar. Tuve que realizarme una nueva prueba para confirmar mi situación. Finalmente participé. Y Recidar ganó el Gran Premio Kunan 2020.
Con los años he entendido mejor qué significó ese momento. Y cuando me preguntan, siempre digo lo mismo: “El dinero no fue el verdadero premio”.
«Cuando recuerdo al Boris que llegó a la final en 2017 y no ganó, entiendo que aquello también fue parte del camino».

El verdadero premio fue la confianza.
Kunan nos dio una visibilidad que antes no teníamos. Medios de comunicación comenzaron a interesarse por nuestra historia y tuvimos un micrófono para explicar qué problema queríamos resolver.
Pero ocurrió algo todavía más importante en el mundo empresarial. El reconocimiento generó legitimidad. Empresas que no nos conocían comenzaron a escucharnos de otra manera y aquellas que ya trabajaban con nosotros reafirmaron su confianza.
Por eso me gusta pensar que Kunan es una llave que abre puertas.
No hace el trabajo por ti. No construye tu organización ni garantiza que vas a crecer. Pero puede abrir puertas a las que probablemente te habría tomado años llegar solo. Después depende de ti demostrar qué haces cuando esas puertas se abren.
Creo que ahí está la importancia de espacios como Kunan. Un emprendimiento social no necesita solamente financiamiento. Necesita visibilidad, conexiones, credibilidad y una comunidad que crea en su capacidad de generar impacto. Seis años después puedo mirar aquella noche con otra perspectiva.
Hoy Recidar reporta más de 1.4 millones de objetos reutilizados, alrededor de 3000 toneladas de residuos evitados y aproximadamente 3000 toneladas de CO₂ mitigadas. Y este año, un estudio realizado junto con la Facultad de Gestión y Alta Dirección de la PUCP nos permitió ir más allá de los indicadores ambientales y encontrar evidencia de impacto económico y social en las familias que compran nuestros productos y en nuestros colaboradores.
Para mí, significó pasar de sentir que generábamos impacto a comenzar a demostrarlo con evidencia. Y ahí encuentro quizás el mayor significado de Kunan.
En 2020, en uno de los momentos más inciertos que nos había tocado vivir, alguien decidió creer en lo que estábamos construyendo. Hoy podemos mostrar qué hicimos con esa confianza. Cuando recuerdo al Boris que llegó a la final en 2017 y no ganó, entiendo que aquello también fue parte del camino.
Tres años después ganamos Kunan. En ese momento pensé que habíamos ganado un premio. Hoy lo entiendo diferente: “Ganamos una llave”. Kunan abrió una puerta. A nosotros nos correspondió demostrar qué éramos capaces de construir al otro lado.









