Bernardo Kliksberg
Asesor de diversos organismos internacionales*

El voluntariado corporativo (VC) crece. Lo impulsan los empleados, los consumidores, la opinión pública, particularmente las nuevas generaciones, y ha encontrado fuerte eco y respaldo en las empresas.

Entre otras cifras sobre su ascenso:
• La Sociedad de Gestión de Recursos Humanos de EE.UU, estima que el 66% de las corporaciones de gran tamaño ofrecen a su personal, participar en programas de trabajo voluntario, utilizando horas de trabajo, y costeando sus viáticos. Era el 56% en el año 2016.
• En Europa las cifras son aún mayores. En España 9 de cada 10 empresas ofrecen a sus empleados la posibilidad de actividades solidarias.
• En Canadá 57% de los empleados que hacen voluntariado señalan que sus empresas los apoyan por diversos medios.
• Un análisis internacional indica que los voluntarios corporativos son ya el 10% de los voluntarios en general.

Los beneficios del VC son generalizados. Las comunidades pobres reciben de profesionales recursos, conocimientos, habilidades, tecnologías que les aportan sobremanera.

Los empleados toman contacto con sectores desfavorecidos que si no les serían distantes y ajenos, realizan aprendizajes importantes, construyen en la acción común de equipos con otros miembros de la empresa. Se sienten bien consigo mismo.

La empresa ve que la moral de trabajo sube y aumentan los niveles de productividad, baja la rotación de personal, y tiene más posibilidad de atraer a jóvenes talentosos. Se inserta en las poblaciones en medio de las cuales trabaja. Desarrolla vínculos que pueden convertirse en apoyo para sus programas. Muestra que sus promesas de responsabilidad social, no son solo palabras, sino también hechos concretos.

Entre otros ejemplos, ilustra sobre sus efectos positivos el caso de IBM que creó el cuerpo de servicios de la empresa. Envió especialistas a ayudar pro bono a numerosos países en desarrollo. En Ghana colaboraron con la mejora de la administración de impuestos, en Tanzania asesoraron el ecoturismo, en Kenya al diseño de un plan de transporte, y otros.

El VC tuvo una prueba de fuego durante la pandemia. Las previsiones eran que al minimizarse los contactos personales, podía contraerse drásticamente. No fue así. Se reconvirtió a voluntariado virtual. No solo sobrevivió, sino se expandió. El apoyo empresarial fue incluso mayor. Lo virtual permitió llegar a audiencias mucho más extensas, y sumar más voluntarios. Asimismo, cuando mejoraron las condiciones, empezaron a ponerse en práctica formas de VC híbridas, que integraban lo virtual con momentos presenciales.

Un informe sobre Iberoamérica de OSMIA halló que en el 2020 el 72% del VC fue virtual y en 2021 pasó a ser el 76%. Un estudio de la Fundación Endesa en España, pronostica que en el 2022 seguirán en aumento el número de voluntarios, y las empresas incrementaran sus inversiones en VC.

Una indicación de la fuerza que hoy esta adquiriendo la VC en las organizaciones, la da el hecho de que hace pocos años atrás formaba parte de los departamentos de marketing. Hoy es unas de las actividades centrales del área de responsabilidad social empresarial.

Hay una gran demanda a las empresas para que tomen parte activa en problemas claves como el cambio climático, el racismo, las discriminaciones de género, la exclusión. Necesitan cada vez más legitimidad social. Potenciar su VC en estas y otras prioritarias para las sociedades las ayuda a obtenerla.

En la América Latina actual, la región más inequitativa del orbe y con más de un 40% de pobres, el VC puede crear un puente humano vigoroso entre la empresa y las comunidades desfavorecidas. Promoverlo es una oportunidad de excepción para empresas que aspiren a mejorar realmente la calidad de la Sociedad.







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