Jorge Melo Vega Castro
Presidente de Responde

Finalizamos el año 2021 con un dato positivo, que no solemos visibilizar, pero que debiera ser el más observado por nosotros: se trata del empleo, la prioridad humanitaria más sensible del país. Resulta que de acuerdo a la Sunat, al mes de octubre, se han registrado aproximadamente 4 millones de empleos formales en el sector privado, superando los niveles previos al Covid-19, y cuya composición ofrece algunos fundamentos valiosos que merecen ser analizados para las políticas públicas en empleo.

La buena noticia es que la agricultura moderna ha pasado a ser la primera fuente de empleo formal en el país. Esto significa relación contractual de dependencia con empresas agroindustriales, que han sabido ser competitivas y han logrado crecer en un sector de escaso margen y generador de mucho empleo.

De acuerdo con la Sunat, que es la fuente más confiable para este tipo de registros porque son reportados por las empresas, al mes de octubre había 621 mil trabajadores en las planillas directas. El gremio agroindustrial estima que llegan a ser 900 mil empleos en total, si se suman a las empresas de su cadena y cuyo registro en las estadísticas oficiales se apuntan en el rubro servicios.

La riqueza que hay detrás de estos datos nos indica que sí tenemos oportunidad de mejorar en formalización y este crecimiento sucede fuera de las ciudades, donde antes había desierto. El empleo y la agricultura tiene un sin número de particularidades sociológicas y antropológicas que merecen más investigación. Es cierto que en este caso se enfoca en la costa, pero hemos sido testigos del importante proceso migratorio procedente de zonas rurales andinas y amazónicas muy pobres, hacia estos nuevos territorios gestionados por empresas modernas eficientes y con mucha innovación.

Hemos abordado anteriormente la importante participación de mujeres en este sector de la economía, se estima que representan el 25% de la fuerza laboral. Se trata de mujeres provenientes hogares con violencia de zonas muy pobres, que empiezan a labrarse un futuro con independencia. Detrás del empleo laboral femenino hay muchos retos que abordar, por las limitantes familiares que tienen que padecer, pero es una potente y reveladora fuerza con nuevas capacidades que agregan mucho valor a esta nueva industria.

Se estima que el sector agroindustrial alcanzará los 8,000 millones de dólares en exportaciones este año. Ese crecimiento, a diferencia de la minería, no se da por incremento de precios, sino por un agresivo proceso de modernización y ampliación basado en la competitividad e identificación de los mejores productos que puedan demandar los nuevos mercados.

Estos datos nos debieran señalar el camino sobre el que hay que persistir. Enfocar la política pública para el empleo formal en los sectores más dinámicos y que nos demuestran que sí hay oportunidades de crecimiento. Sabemos que no tenemos precisamente al grueso de la población con los mejores niveles educativos para impulsar industrias digitales de alta complejidad como lo exige la globalización, pero sí contamos con personas con experiencia en una agricultura tradicional que puede adaptarse a las nuevas dinámicas de la industria de tecnología agrícola en la que el Perú es líder.

Posiblemente una naranja o una palta pueda tener el mismo precio que un microchip y son productos que han adquirido su valor gracias a la innovación y al uso de nuevas tecnologías. Nuestro empresariado agrícola es de los mejores en el mundo y debemos, junto a ellos, ver la forma de ampliar la oferta laboral formal.







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