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El tráfico ilegal de árboles hace peligrar la sostenibilidad de bosques de todo el mundo. La Convención sobre el Comercio Internacional de Flora y Fauna (CITES) ha aprobado un acuerdo para regular el comercio internacional de árboles exóticos. Este artículo explica en qué consiste este acuerdo, ofrece estimaciones sobre el alcance de este tráfico ilegal y aporta varias medidas para combatirlo.

CITES, un acuerdo contra el tráfico ilegal de árboles

Es frecuente identificar la Convención sobre el Comercio Internacional de Flora y Fauna (CITES) con la lucha contra el tráfico ilegal de animales amenazados, y así es. Pero también se ocupa de las especies vegetales, como ha demostrado en su última conferencia, celebrada en fechas recientes en Bangkok.

Los responsables de CITES han acordado regular el comercio de más de una veintena de especies de árboles, como el palisandro o el ébano, que sufren la tala ilegal para su posterior venta como madera exótica. La mayoría provienen de Sudamérica, pero también de las selvas asiáticas de países como Camboya, Tailandia o Vietnam.

Raúl de la Calle, secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales (COITF), considera el acuerdo un «hito necesario». Según este experto, aunque es una lucha muy centrada en Sudamérica, la sobreexplotación de especies exóticas es un problema mundial que los gobiernos han tratado de afrontar desde hace años.

Elena Domínguez, técnica de Sensibilización de Mercados de WWF España, señala que desde su ONG lo valoran de forma muy positiva. WWF, junto con diversas organizaciones conservacionistas mundiales, entre ellas la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), desarrollan la red de monitoreo de comercio de vida salvaje (Traffic). Sus portavoces creen que servirá para mejorar los controles internacionales del comercio de madera.

Sin embargo, Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de Bosques en Greenpeace España, se muestra escéptico: «Sin una mayor implicación de la Autoridad CITES en el cumplimiento del Convenio, la inclusión de nuevas especies en los listados y anexos no tendrá efectos positivos».

Contrabando de árboles: se desconoce su alcance real

Uno de los problemas del tráfico ilegal de árboles es el desconocimiento de su alcance real. Raúl de la Calle afirma que «es uno de los contrabandos más complicados de rastrear debido a la variabilidad de sus mercados». Miguel Ángel Soto recuerda que estos datos solo los tiene la Autoridad CITES y «cuesta mucho obtenerlos».

Elena Domínguez matiza que en WWF no hablan de tráfico ilegal de árboles, sino de comercio ilegal de madera. En este sentido, explica, todos los datos a nivel mundial son estimaciones, como las ofrecidas por la página web del Programa de Energía, Medio Ambiente y Desarrollo de la Chatham House de Londres, referidas a los principales productores de madera.

Por señalar algunos países y su producción presuntamente ilegal: Liberia, el 100%; Indonesia, el 83%; Perú, entre 70% y el 90%; Ecuador, el 70%; Papua Nueva Guinea, el 65%; China, el 50%; Ghana, el 50%; Rusia, entre un 15% y 60%; Estonia, un 50%; y Camerún, entre un 25% y un 65%. Los responsables de dicha web utilizan diferentes fuentes, como el Banco Mundial, la Asociación Americana de Bosques y Papel, el Servicio de Agricultura Exterior del Gobierno de Estados Unidos, la UICN, WWF y diversas instituciones y organizaciones de los propios países citados.

Tráfico ilegal de árboles: cómo combatirlo

Los expertos consultados señalan varias medidas necesarias para combatir el tráfico ilegal de árboles:

Regulación de las importaciones: Raúl de la Calle explica varias medidas de la Unión Europea (UE) para toda la cadena de distribución y producción, con el fin de cerrar las puertas a la madera ilegal. Por un lado, actuar en origen con la mejora de las condiciones de los países productores de madera de fuera de la UE. Y por otra parte, llevar adelante planes de colaboración con la industria forestal, complementarios con las políticas de cooperación con terceros países productores de madera.

Aplicación del nuevo Reglamento de la madera de la UE (EUTR): esta normativa, en vigor desde hace poco, pide a los operadores que importan o producen madera y productos derivados de ella que identifiquen su país de origen y aporten pruebas de su legalidad, explica Elena Domínguez.

Mayor implicación de CITES: según Miguel Ángel Soto, es imprescindible que la administración pública persiga el delito. En su opinión, sin la implicación de la Autoridad Administrativa CITES, el contrabando de maderas seguirá impune.

Gestión forestal sostenible: según Raúl de la Calle, la implementación de sistemas de certificación forestal puede ayudar mucho. FLEGT (Forest Law Enforcement, Governance and Trade) es una iniciativa europea para reducir la tala ilegal mediante la gestión sostenible de los bosques y la garantía de legalidad en la extracción y comercio de madera y productos derivados. Su objetivo es que a la UE solo se exporte madera de fuentes legales, sobre todo de África central, Rusia, América central y del sur y Sudeste de Asia.

Vinculación entre el consumidor y la gestión de los bosques: el secretario general del COITF señala que la Cadena de Custodia asegura la procedencia de la materia prima y garantiza al consumidor final que el producto comprado procede de un bosque gestionado de forma sostenible, o que la empresa promueve la gestión sostenible. Por otra parte, el certificado del Consejo de Administración Forestal (FSC) garantiza que los productos con su sello se han extraído y elaborado con criterios ecológicos, sostenibles y socialmente justos y solidarios.







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