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Por Renzo Rojas

Lectura de:

POR HUGO ALVARO SOTO- HR Social Consulting

En el Perú existen más de 6000 comunidades campesinas que están ubicados en la costa, Amazonía y los Andes Centrales. Los principales órganos de gobierno son la Asamblea general, la Junta directiva y Comités especializados. Su interacción con actores externos es variada, no siempre es un relacionamiento de paz y diálogo. Están presentes desencuentros, conflictos asociados al aprovechamiento de los recursos naturales presentes en sus territorios e incumplimiento de compromisos que promueve la desconfianza. Así se rompe el relacionamiento con empresas e instituciones del Estado. 

Las comunidades de hoy tienen un nuevo rostro, no podemos abordar este contexto bajo una mirada instrumentalista y romántica. Existe debilitamiento de su estructura organizativa, reflejado en un liderazgo débil en la toma de decisiones. Los proyectos presentes en sus territorios deben ayudar a fortalecer su institucionalidad y sus derechos territoriales, no debilitarlos, tener programas enfocados en la buena gobernanza en el marco de la transparencia y la rendición de cuentas. 

Las relaciones comunitarias como enfoque y estrategia son claves para dialogar con las comunidades campesinas a través de una cultura de paz y fortalecer su institucionalidad. Se plantea una propuesta enfocado en 4 fases:

  • Fase 1: planificación, orientada en conocer el territorio y definir el alcance.
  • Fase 2: sensibilización, que consiste en interactuar y conocer las expectativas y preocupaciones de las comunidades.
  • Fase 3: negociación, basada en intereses y posiciones.
  • Fase 4: seguimiento y cumplimiento de los compromisos para mostrar la seriedad del trabajo. 

Foto: Comunidades de Luya, Amazonas, 2022. 

El relacionamiento debe ser planificado, con objetivos y actividades claras. La negociación debe ser ganar – ganar. Las comunidades también deben ganar y no ser vistos como actores sin agencia. El territorio comunal presenta un alto valor, allí están arraigados culturas, hitos históricos, sentido de pertenencia, biodiversidad, ecosistemas frágiles y cultura viva. 

Las comunidades campesinas son aliadas importantes para el desarrollo territorial, son vigilantes de lo que sucede en su territorio; contribuir en su bienestar comunitario a través de los proyectos de inversión es un rol clave que debe cumplir el relacionista comunitario. Involucrarlas como agentes de cambio y no dejarlos fuera de la mesa de trabajo, ayudaría dar el lugar que les corresponde y un verdadero desarrollo territorial. 

Hay que tener en cuenta que los principales desafíos que afrontan son el acceso y manejo de sus tierras, los efectos del cambio climático y la seguridad hídrica. El desarrollo territorial parte por gestionar el involucramiento de las comunidades, articular los diferentes espacios y documentos de gestión y planificación, diseñar proyectos multipropósitos para el cierre de brechas. Si las comunidades no están en las agendas de trabajo de los proyectos de inversión, es aún una tarea pendiente y crucial para la sostenibilidad de las intervenciones. 

*hugo@hrsocialconsulting.com







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