La falta de peces en las costas de Sudáfrica empuja al pingüino africano al límite de su supervivencia; científicos y rescatistas alertan que la crisis alimentaria, provocada por el cambio climático y la sobrepesca, podría llevar a la especie a desaparecer en estado silvestre en la próxima década.

Con menos de 10.000 parejas reproductoras y una caída poblacional del 80 % en 30 años, el pingüino africano enfrenta hambre extrema y nuevas amenazas ambientales.
Con menos de 10.000 parejas reproductoras y una caída poblacional del 80 % en 30 años, el pingüino africano enfrenta hambre extrema y nuevas amenazas ambientales.

Por Stakeholders

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La imagen resulta tan impactante como reveladora. En varias colonias costeras de Sudáfrica, especialistas de SANCCOB han documentado polluelos de pingüino africano con el estómago lleno de piedras; lejos de ser un comportamiento natural, se trata de una señal extrema de escasez alimentaria. Los padres regresan del mar sin peces suficientes y terminan llevando cualquier objeto disponible, un reflejo directo de la crisis de hambre que amenaza la supervivencia de la especie.

El pingüino africano depende casi exclusivamente de sardinas y anchoas, recursos que han disminuido de forma sostenida. En las últimas tres décadas la especie perdió cerca del 80 % de su población y hoy sobreviven menos de 10.000 parejas reproductoras en libertad.

El pingüino africano podría extinguise ante el cambio climático

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza reclasificó recientemente al ave como especie en Peligro Crítico, una categoría que la sitúa a un paso de la extinción en estado silvestre; organizaciones científicas advierten que, sin cambios urgentes, podría desaparecer de la naturaleza hacia 2035.

La crisis responde a múltiples factores que actúan de manera simultánea. El colapso de sardinas y anchoas constituye el principal detonante; el calentamiento del océano y las variaciones en la salinidad desplazaron las zonas de desove, mientras la pesca industrial continúa concentrándose en áreas históricas de captura.

A ello se suman olas de calor marinas, tormentas que destruyen nidos, depredación por focas y tiburones, contaminación por hidrocarburos y brotes de enfermedades como gripe aviar y malaria aviar.

Uno de los momentos más críticos ocurre durante la muda anual. Durante aproximadamente tres semanas los adultos no pueden nadar ni alimentarse, por lo que dependen de sus reservas corporales. Cuando estas son insuficientes, la mortalidad aumenta de forma drástica.

Un estudio conjunto del Departamento de Bosques, Pesca y Medio Ambiente de Sudáfrica y la Universidad de Exeter reveló que entre 2004 y 2012 murió alrededor del 95 % de las aves en colonias históricas como Dassen Island y Robben Island, unas 62.000 adultas, principalmente por inanición.

Autoridades africanas toman acciones para proteger a esta especie

Ante este escenario, las autoridades ampliaron en 2025 las zonas de exclusión pesquera alrededor de seis colonias clave, con cierres totales para la captura de sardina y anchoa en radios de hasta 20 kilómetros durante una década.

Los científicos consideran que estas medidas podrían estabilizar poblaciones locales; sin embargo, advierten que todavía no cubren todos los corredores de alimentación y que el stock de sardina permanece en niveles críticamente bajos. Por ello, recomiendan ampliar las áreas de no pesca y ajustar los cupos cuando los recursos caigan por debajo de determinados umbrales ecológicos.

Mientras tanto, los centros de rescate trabajan bajo presión constante. Cada año ingresan cientos de huevos, polluelos abandonados y adultos debilitados. Desde el inicio de los programas de rehabilitación se han reintroducido más de 10.000 pingüinos africanos, un esfuerzo significativo que, según los especialistas, resulta insuficiente si el ecosistema marino continúa degradándose.

Las organizaciones de conservación sostienen que la solución también involucra a consumidores y cadenas productivas. Reducir el uso de sardina y anchoa destinadas a harina de pescado para ganado y mascotas, priorizar productos pesqueros certificados como sostenibles y respaldar políticas de manejo responsable de los recursos marinos aparecen como acciones clave.

El pingüino africano funciona como especie indicadora del estado del océano. Su declive no solo refleja la pérdida de biodiversidad, sino también el deterioro de los sistemas marinos que sostienen economías y seguridad alimentaria humana.

La escena de polluelos alimentados con piedras resume una advertencia científica contundente: cuando el mar deja de proveer alimento, las consecuencias terminan alcanzando a todo el ecosistema, incluida la sociedad.

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