En las últimas décadas, el debate sobre la reducción de la jornada laboral ha marcado la agenda en Europa y Asia, donde los límites de 35 o 40 horas semanales se consolidaron como parte del Estado de bienestar y de políticas que buscan equilibrar productividad con calidad de vida. La discusión, que antes parecía lejana para América Latina, hoy se instala en la región con fuerza, impulsada por la necesidad de atender la salud mental, mejorar la competitividad y responder a un mercado laboral marcado por la informalidad y la precariedad.
En este contexto, varios países latinoamericanos han comenzado a dar pasos concretos hacia semanas más cortas. Ecuador y Venezuela ya aplican las 40 horas legales, Chile avanza con reducciones progresivas, México aprobó una reforma constitucional para llegar a ese umbral en 2030 y Colombia recorta gradualmente hasta las 42 horas. Sin embargo, Perú y parte de América Latina sigue con jornadas de 44 a 48 horas, lo que coloca a la región con más horas de trabajo efectivo.
Latinoamérica, un continente que trabaja más
La región llega tarde a un debate que en Europa y Asia comenzó hace décadas: cuánto tiempo debe pasar una persona en el trabajo para vivir dignamente y sin agotamiento.
La reducción de la jornada, que en los años sesenta se asociaba a la expansión del Estado de bienestar, hoy reaparece ligada a la salud mental, la productividad y la conciliación, pero también a economías informales y presupuestos fiscales mucho más frágiles.
A la vez, los datos muestran una paradoja: aunque varios países anuncian semanas “más cortas”, el grueso de los trabajadores latinoamericanos sigue acumulando muchas más horas de trabajo que sus pares en la OCDE.
En países como Argentina, Perú, Costa Rica, Paraguay, Uruguay, Nicaragua, Guatemala y Panamá, las semanas de hasta 48 horas siguen siendo la norma, distribuidas en seis días de trabajo.
Otros Estados, como Brasil, El Salvador, Honduras, Cuba o República Dominicana, han reducido el límite a 44 horas, pero aún lejos de la recomendación de la OIT, que fija la jornada “normal” en 40 horas.
| País | Jornada legal (hr/sem) | Estado |
| Ecuador | 40 | Vigente |
| Venezuela | 40 | Vigente |
| Chile | 44 (40 en 2028) | En transición |
| México | 48 (40 en 2030) | En transición |
| Colombia | 44 (42 en 2026) | En transición |
| Honduras | 44 (40 en 2028) | En transición |
| Argentina | 44-48 (flexible hasta 35h) | Flexibilizada (2026) |
| Brasil | 44 | Estable |
| Perú | 48 | Estable |
| Costa Rica | 48 | Estable |
| Bolivia | 48 | Estable |
| Uruguay | 44-48 | Estable |
| Guatemala | 44 | Estable |
| El Salvador | 44 | Estable |
| Cuba | 44 | Estable |
| República Dominicana | 44 | Estable (propuesta 40h) |
| Panamá | 48 | Estable |
| Nicaragua | 48 | Estable |
| Paraguay | 48 | Estable |
El caso peruano, en relación con los demás países latinoamericanos
En el caso de Perú, el país no ha dado pasos concretos para rebajar la jornada laboral, que es el máximo 48 horas semanales y ocho diarias.
Sin embargo, en 2025 algunos congresistas propusieron proyectos para reducir el tiempo del personal de salud y los padres de familia, por ejemplo, aunque no fueron aprobados.
En medio de las elecciones generales de 2026, está en manos del futuro parlamento, que tomará posesión el próximo 28 de julio, poner este tema sobre la mesa.
La tendencia regional hacia semanas más cortas contrasta con la reforma laboral de Argentina, impulsada por el Gobierno de Javier Milei.
La nueva Ley de Modernización Laboral permite ampliar la jornada diaria de 8 a 12 horas mediante acuerdos voluntarios, compensando con banco de horas o días libres, sin obligación de pagar sobretiempo. La medida busca dinamizar el mercado formal, pero ha generado críticas sindicales por desincentivar la remuneración extra en un contexto de alta informalidad.
Fuera del circuito de Estados independientes, hay casos particulares. Puerto Rico aplica la semana estándar de 40 horas bajo legislación federal estadounidense, mientras que la Guayana Francesa opera con las 35 horas del derecho laboral francés, convirtiéndose en la jurisdicción con la jornada más corta del vecindario.
Las reformas de la jornada laboral en los países latinoamericanos
La discusión dejó de ser teórica en algunos países de la región. Chile aprobó en 2023 la reducción de 45 a 40 horas en cinco años, con esquemas de adaptabilidad como jornadas 4×3. La ley establece nuevas reducciones a 42 en 2026 y, finalmente, a 40 horas en 2028. El caso chileno se convirtió en una referencia para el resto de Latinoamerica.
México dio un paso histórico al reformar el artículo 123 constitucional para bajar de 48 a 40 horas de manera escalonada hasta 2030.
Colombia avanza con la Ley 2101, que reducirá la jornada de 48 a 42 horas en 2026, pero sin tocar los salarios. El país sudamericano no llegaría a las 40 horas, pero se ubicará entre las semanas legales más cortas de la región.
Honduras recortó a 44 horas en 2024 y estudia nuevas reducciones. En el Caribe, sindicatos de República Dominicana han planteado formalmente bajar a 40 horas, aunque sin reforma vigente.
En Ecuador, la normativa limita desde hace décadas la jornada ordinaria a ocho horas diarias y 40 semanales, con cualquier tiempo adicional tratado como hora extra. En Venezuela, la Ley Orgánica del Trabajo de 2012 redujo la semana máxima de 44 a 40 horas, con dos días consecutivos de descanso y límites menores para el trabajo nocturno.
La reducción de la jornada laboral en América Latina se ha convertido en un tema central, ligado hoy a la salud mental, la productividad y la conciliación familiar, pero también a la fragilidad de economías informales y presupuestos fiscales. La región avanza, aunque lentamente, hacia un modelo que busca equilibrar bienestar y competitividad.









