El nacimiento de un hijo es uno de los momentos más significativos en la vida de una familia, pero no se vive en igualdad de condiciones. En el Perú, la normativa vigente otorga a la madre 98 días de descanso para el cuidado y la recuperación tras el parto, mientras que el padre cuenta con apenas 10 días de licencia por paternidad.
Esta diferencia genera una brecha en el tiempo de acompañamiento durante los primeros días de vida del recién nacido, que no solo recarga de manera desproporcionada el cuidado en la madre, sino que también limita la participación temprana del padre, restringiendo el ejercicio pleno de su rol desde el nacimiento.
En ese contexto, la distribución del tiempo de licencia vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la corresponsabilidad en la crianza y si los plazos actuales resultan suficientes.
El rol del padre en la crianza de los hijos
En el Perú, la mayoría de los hogares se encuentran conformadas por una familia monoparental (padre/madre). De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2021, un poco más del tercio (39%) de los 9.3 millones de familias estaban conformadas por una pareja con hijos. Lo que se traslada en una población que crece bajo la ausencia de uno de los padres.
Aunque el rol paterno ha estado históricamente ligado al ausentismo, existen padres que buscan estar presentes en el inicio de vida de sus hijos. Sin embargo, la combinación de una licencia breve, las exigencias laborales y los estereotipos de género limita sus oportunidades de participación activa en la crianza.
Para la psicóloga Taniht Cubas Romero, directora del Programa de Psicología de la Universidad Autónoma del Perú, señala que la exigencia laboral reduce las oportunidades de interacción cotidiana. “La construcción del vínculo requiere tiempo, presencia y disponibilidad emocional. Cuando las exigencias laborales reducen significativamente el tiempo compartido, disminuyen las oportunidades de interacción cotidiana”. Esa ausencia temprana, añade, “puede retrasar la consolidación del vínculo afectivo, aunque no lo imposibilita”.
La poca presencia paterna también golpea la salud mental del padre. Cubas advierte que “muchos experimentan sentimientos de frustración, culpa, tristeza o conflicto interno. Por un lado, desean cumplir sus responsabilidades laborales; por otro, sienten la necesidad de permanecer junto a su familia”. Esa tensión constante puede derivar en estrés, ansiedad e incluso síntomas depresivos.
¿Son suficientes los diez días para ejercer la paternidad en el Perú?
El debate sobre la licencia por paternidad no solo se aborda desde la salud mental, sino también desde sus implicancias normativas. Desde el punto de vista de Axel Medina, especialista del estudio Ugaz Zegarra, la limitación de diez días “resulta insuficiente para que el padre pueda acompañar realmente a la madre y al recién nacido en una etapa tan importante”. Esa falta de tiempo no solo reduce la participación en el cuidado inicial, sino que también puede generar temor a represalias laborales y convertir un derecho en un beneficio que muchos no ejercen, lo que refuerza la invisibilidad del rol paterno.
De acuerdo con la SUNAFIL, la negativa del empleador a otorgar la licencia es considerada como una infracción “muy grave”, con sanciones económicas severas. Medina añade que, en muchos casos, la norma “se queda solo en el papel, porque todavía existe temor de algunos trabajadores a pedir la licencia por miedo a represalias o malos comentarios en el trabajo”.
A ello se suma, según el especialista, un temor empresarial y político frente al posible impacto económico que implicaría ampliar la licencia, especialmente en el caso de las pequeñas empresas. Sin embargo, precisa que no existe impedimento constitucional para extender este beneficio, sino más bien una falta de voluntad política y resistencia del sector empresarial. En ese sentido, propone ampliar la licencia y promover horarios laborales más flexibles.
La comparativa de paternidad peruana frente a otros en Latinoamérica
El contraste con otros países de la región evidencia el rezago peruano. En Chile, la licencia de paternidad es de cinco días, pero se complementa con un sistema de postnatal parental compartido, que permite a los padres asumir parte del descanso de la madre, fomentando la corresponsabilidad. En Colombia, la licencia de paternidad se amplió a dos semanas y existen proyectos para llevarla a cuatro, reconociendo la importancia del rol paterno en los primeros meses. En Argentina, aunque la licencia sigue siendo de solo dos días, el debate legislativo está abierto y busca ampliarla a 15, lo que refleja una discusión activa sobre equidad en la crianza.
En 2026 el Congreso aprobó un dictamen para flexibilizar el uso de los diez días (Ley 29409), permitiendo que el padre decida cuándo tomarlos dentro de las cuatro semanas posteriores al nacimiento. Sin embargo, la duración no se amplió, lo que mantiene al país rezagado frente a sus vecinos y refuerza la crítica de que la paternidad sigue siendo vista como un rol secundario.
La discusión sobre la licencia de paternidad en Perú revela una contradicción entre el discurso social y la práctica laboral. Mientras se celebra al padre como figura esencial en la familia, la normativa actual solo concede diez días de licencia, un tiempo reducido que dificulta la presencia paterna en las primeras semanas; teniendo que recaer sobre la madre la principal tarea de crianza.
Mientras países vecinos avanzan hacia modelos más equitativos, Perú mantiene un esquema que invisibiliza el rol paterno y perpetúa estereotipos de género. Sin cambios importantes en la sociedad y las empresas peruanas, el rol de los padres en el cuidado de los hijos seguirá siendo invisibilizado, y el Día del Padre continuará siendo más un ritual simbólico que un derecho real.









