La informalidad laboral juvenil se ha convertido en el principal obstáculo para el desarrollo profesional en el Perú. Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en 2025, más del 70% del empleo juvenil es informal, lo que significa que siete de cada diez jóvenes trabajan sin acceso a derechos laborales, capacitación ni estabilidad. Tan solo en Lima y Callao, la cifra asciende al 85,3%, mientras que la tasa de desempleo juvenil alcanza el 15,4%, más del triple que la de los adultos.
Este panorama revela una brecha estructural entre la formación académica y las demandas reales del mercado. “Estamos en un punto de inflexión. El desafío ya no es solo acceder al empleo, sino acceder a empleos de calidad”, afirma Ana Cristina Alva, directora de Oportunidades Laborales de la Universidad Autónoma del Perú.
La informalidad en el mercado laboral juvenil peruano
Un estudio de Situación Laboral y Aspiraciones de Jóvenes en Lima 2025 de Arcos Dorados revela la falta de experiencia (47,7%) y la escasez de vacantes formales (21,9%) son las principales causas por las que los jóvenes no logran insertarse en el mercado laboral. Situación que incrementa las posibilidades de trabajo informal.
“Esto genera trayectorias laborales fragmentadas y reduce la productividad del país”, advierte Alva. La falta de inserción laboral también genera ansiedad y frustración en los jóvenes, aunque ella reconoce una generación resiliente y creativa.
Siguiendo con el estudio, el 85% de los jóvenes considera que el sector privado cumple un rol fundamental en el impulso de oportunidades de capacitación y mentoría que faciliten el acceso a su primer empleo. En esa línea, Pamela Smith, docente de la Faculad de Gestión y Alta Dirección de la PUCP, coincide en que las empresas han cambiado sus criterios de contratación: “Hoy se valoran mucho más las habilidades blandas, la actitud y la capacidad de aprendizaje. Lo técnico se puede enseñar, pero la adaptabilidad y el pensamiento crítico son lo que define a los futuros líderes”.
Para el sociólogo Manuel Etesse, también de la PUCP, añade que este problema no es nuevo: “La entrada al trabajo se ha retrasado porque los jóvenes pasan más tiempo en el sistema educativo, pero la gran mayoría termina resignada a aceptar empleos de baja productividad, informales o temporales como su única puerta de entrada. Esa fragilidad laboral está muy conectada con fenómenos sociales como la delincuencia juvenil”.
No obstante, la realidad muestra un desafío mayor. El INEI añade que 17% de jóvenes de 15 a 29 años en el país no estudia ni trabaja, los llamados «NINIS», con una concentración masiva en Lima y Callao. Este fenómeno incrementa el riesgo de exclusión social permanente y dificulta las posibilidades de movilidad social, evidenciando que la falta de oportunidades formales sigue siendo un problema estructural que trasciende la buena voluntad del sector privado.
El riesgo de no integrar a esta nueva generación al mercado laboral formal es significativo: mayor desigualdad, fuga de talento y debilitamiento del tejido social. “Las universidades deben convertirse en verdaderas plataformas de empleabilidad, articulando esfuerzos con empresas y Estado para cerrar brechas y generar oportunidades sostenibles”, señala Alva.
En ese sentido, frente a la falta de empleo formal y al avance tecnológico, los jóvenes han encontrado en las redes sociales una nueva oportunidad de empleo. “Ser influencer o creador de contenido requiere disciplina y estrategia. Las empresas empiezan a valorar estas experiencias porque demuestran capacidad de comunicación y gestión de audiencias, señala Smith”.
El 85% de los jóvenes peruanos busca trabajo en redes sociales como LinkedIn, Instagram y TikTok, y en Lima existen más de 120 ofertas laborales vinculadas a creadores de contenido digital, según un informe realizado por ManpowerGroup.
“La economía digital ha democratizado la generación de ingresos. No se trata solo de exposición, sino de modelos de negocio basados en marca personal, audiencias y monetización digital”, señala Alva.
Etesse, sin embargo, advierte sobre los riesgos: “Muchos jóvenes muestran un desinterés por el empleo formal y prefieren el modelo freelance o digital. Es una respuesta creativa, pero carece de la red de seguridad social que define a un trabajo decente. No suele interesarles el sistema de pensiones o salud, lo que puede comprometer su futuro”.
Educacion superior o técnica, ¿la solución al desempleo laboral juvenil?
Las prácticas profesionales y los convenios empresariales aparecen como puentes clave hacia el primer empleo. El Banco Interamericano de Desarrollo señala que los jóvenes que acceden a prácticas tienen el doble de probabilidades de insertarse laboralmente en su primer año de egreso. Para Alva, “las prácticas ya no deben entenderse como un requisito académico, sino como una estrategia de empleabilidad”. Pamela Smith agrega que hoy se implementan metodologías como learn by doing y bootcamps, que permiten medir el desempeño en proyectos reales y acercan a los jóvenes a la cultura organizacional.
Etesse recuerda que las prácticas están reguladas por la Ley de Modalidades Formativas, pero advierte: “Estas modalidades no forman parte del régimen laboral general, por lo que los jóvenes carecen de protecciones completas. En tiempos de crisis terminan siendo el eslabón más débil, los primeros en ser despedidos porque desvincularlos es casi gratuito para la empresa”.
La educación técnica y la formación digital también cumplen un rol creciente. La OCDE advierte que los sistemas que fortalecen estas áreas logran una inserción más rápida y pertinente. En Perú, el 75% de las empresas enfrenta problemas para contratar trabajadores con habilidades tecnológicas según Otto Regalado, docente del MBA y jefe del área académica de Marketing de ESAN. “Hoy, la formación digital ya no es un diferencial, es un estándar mínimo de empleabilidad”, enfatiza Alva.
Las competencias blandas y digitales se han convertido en decisivas. El Foro Económico Mundial proyecta que hacia 2030 más del 60% de las habilidades requeridas estarán vinculadas a la combinación de competencias blandas y digitales. “Capacidades como la comunicación efectiva, el pensamiento crítico, la adaptabilidad y el manejo de herramientas digitales se han convertido en requisitos fundamentales”, sostiene la especialista. Para Smith, “La agilidad de aprendizaje es lo que va a dictar cuánto puede crecer un joven en el mundo laboral. Lo técnico se aprende, pero la actitud y la colaboración son decisivas”.
«Los emprendedores necesitan desarrollar habilidades prácticas en tecnología, análisis de datos y gestión digital para adaptarse a un entorno cada vez más competitivo. La formación continua ya no es un plus, es una condición de supervivencia empresarial», señala Luis Felipe Alvarado, director académico de la Cámara de Comercio Exterior (CAMCOMEX).
Etesse advierte que el gran muro actual es el “descalce”: “Los currículos universitarios están desfasados y no enseñan lo que las empresas necesitan. Hoy no basta con el título; si no tienes competencias digitales y blandas, el empleador simplemente valora más la experiencia que no tienes cómo adquirir”.
La diversidad y la inclusión son otro factor estratégico. El informe McKinsey, en 2024, señala que las empresas con mayor diversidad tienen hasta 25% más probabilidades de superar a sus competidores en rentabilidad. En Perú, la brecha de género persiste: las mujeres jóvenes enfrentan una tasa de desempleo de 7,2% frente al 4,7% de los hombres. “Las universidades debemos preparar a los estudiantes no solo para trabajar en entornos diversos, sino para liderarlos”, concluye Alva.
En el caso de Perú, los jóvenes no logran ser integrados al mercado laboral formal. El costo de dicha acción será: fuga de talentos, más desigualdad y debiliamiento del tejido social. La solución pasa por un esfuerzo articulado entre universidades, empresas y Estado, que combine formación técnica actualizada, competencias blandas y oportunidades digitales con protección social. Solo así la nueva generación podrá transformar su resiliencia en progreso sostenible y romper el círculo de la informalidad.









