Brasil perdió cerca de 1.400 millones de toneladas de carbono almacenado en sus suelos durante los últimos 30 años como consecuencia de la conversión de áreas naturales en tierras agrícolas, según una estimación divulgada por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo. El impacto climático de esta transformación equivale a 5.200 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra que evidencia el peso del cambio de uso del suelo en las emisiones globales.
El estudio, publicado en la revista científica Nature Communications, se basó en información recopilada durante tres décadas por investigadores de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidade de São Paulo, la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária y la Universidade Estadual de Ponta Grossa. En conjunto, analizaron el mayor banco de datos sobre carbono de suelos del país.
La investigación reunió 4.290 registros provenientes de 372 estudios científicos y abarcó todos los biomas brasileños, comparando áreas naturales con zonas agrícolas para medir la pérdida de carbono asociada a la expansión productiva.
Agricultura y prácticas que reducen la pérdida de carbono en Brasil
El análisis permitió estimar cuánto carbono almacena cada bioma y cuánto se pierde cuando estos ecosistemas se transforman en áreas agrícolas. Los resultados muestran que determinadas prácticas pueden reducir significativamente la degradación del suelo.
Entre las estrategias más eficaces destacan la rotación de cultivos y la siembra directa, técnicas que favorecen la cobertura vegetal y limitan la liberación de carbono. También sobresalen sistemas integrados como la integración cultivo, ganadería y bosque, modelos productivos que incrementan la materia orgánica del suelo y mejoran su capacidad de almacenamiento de carbono.
La recuperación de pastizales degradados aparece además como una medida clave. Solo en la franja costera de la Mata Atlántica existen cerca de 20 millones de hectáreas con potencial de restauración, lo que representa una oportunidad significativa para revertir parte de las pérdidas acumuladas.
Recarbonización y metas climáticas
Los investigadores estiman que recarbonizar aproximadamente un tercio del área agrícola permitiría a Brasil cumplir su Contribución Determinada a Nivel Nacional bajo el Acuerdo de París, que plantea reducir entre 59 % y 67 % las emisiones para 2035 respecto a los niveles de 2005.
La restauración del carbono en suelos agrícolas no solo contribuiría a mitigar emisiones, sino que también fortalecería la productividad y la resiliencia frente a sequías, un factor cada vez más relevante ante la variabilidad climática. Según los autores, los resultados ofrecen evidencia científica para orientar políticas públicas y respaldar el desarrollo del mercado de créditos de carbono en el país.
Políticas ambientales y desafíos estructurales
El estudio se publica en un contexto en el que las políticas ambientales brasileñas han alternado avances regulatorios y retrocesos en el control de la deforestación. La protección de biomas estratégicos como la Amazonía y la Mata Atlántica resulta determinante para el balance climático nacional.
Brasil cuenta con instrumentos legales como el Código Forestal y compromisos internacionales en materia climática, aunque su efectividad depende de la fiscalización y del financiamiento sostenido. En este escenario, la evidencia científica sobre el carbono del suelo refuerza la necesidad de integrar conservación ambiental, agricultura sostenible y restauración ecológica.
La transición hacia modelos productivos bajos en carbono emerge así como un desafío central para el país, cuyo futuro climático estará estrechamente vinculado a la gestión de sus suelos y ecosistemas estratégicos.









