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Por Maritza Arbaiza
Jefa de Servicios Generales de la Universidad ESAN y responsable del proyecto de desarrollo sostenible ECOESAN

En la última década hemos visto millones de reportajes sobre iniciativas que ayuden a cuidar el medioambiente, a cargo de artistas, políticos y expertos del mundo empresarial. Algunos lo hacen solo por moda y otros actúan por conciencia propia: el ganador siempre será nuestro planeta.

Cada año se producen en el mundo 78 millones de toneladas de envases de plástico, fabricados por una industria que vale casi 198 000 millones de dólares. Solo un porcentaje muy pequeño se recicla, mientras que el resto se desecha. Hoy, la basura plástica se encuentra en todos los rincones del planeta, desde el continente antártico hasta los océanos más profundos.

Los científicos advierten que la totalidad de residuos de plástico en el mundo podría cubrir un país del tamaño del Perú. Ante esta situación, los Gobiernos, los fabricantes y los minoristas comenzaron a tomar medidas para hacer frente a tanta cantidad de residuos plásticos. Más de 60 naciones ya implementan leyes destinadas a reducir el uso de bolsas plásticas y otros materiales similares que sean de un solo uso.

Un problema global

Luego de ser sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en el 2016, Francia se convirtió en el primer país que prohibió el uso de vasos y cubiertos de plástico. Ese mismo año, Colombia fue el primer país en introducir un impuesto al uso de bolsas plásticas destinadas a productos vendidos en los establecimientos. Asimismo, Panamá también prohibió las bolsas de un solo uso.

En julio del 2018, la República de Vanuatu, una pequeña isla del Pacífico Sur, se convirtió en la primera nación del mundo en prohibir las bolsas de plástico de un solo uso, los sorbetes y los recipientes de poliestireno de uso alimentario. Un mes después, Chile aplicó también la prohibición de bolsas plásticas en el gran comercio, y se convirtió en el primer país latinoamericano que apoya esta iniciativa.

A nivel global, el país sureño también se convirtió en el 35° que posee medidas para reducir o eliminar el uso del plástico. Este avance revela una mayor sensibilidad respecto al gran aumento de la contaminación de nuestro medioambiente. Los últimos datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) indican que solo un 9 % de los plásticos son reciclados en todo el mundo.

Contexto nacional

En el Perú, si bien existen iniciativas gubernamentales y privadas, se requiere concientizar más a la población sobre los efectos del plástico en el medioambiente. No se ha definido una cultura de reciclaje y cuidado ambiental. Los intereses económicos, la corrupción y la falta de concientización en la población peruana son los principales obstáculos. Sin embargo, ya se dio un primer paso con el debate sobre el tema.

El 5 de junio del 2018, la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología del Congreso aprobó el proyecto de ley que prohíbe el uso de bolsas de plástico de un solo uso, tecnopor y cañitas en áreas naturales protegidas. La medida fue importante para la eventual formación de una base legislativa sobre la cual trabajar para eliminar por completo los plásticos de un solo uso en el Perú.

Esta ley contribuirá al cumplimiento de compromisos internacionales que asumió el país como parte del Acuerdo de París y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. El desarrollo de las sociedades y el cambio climático van de la mano. Por eso, se cuenta con 17 objetivos que buscan la satisfacción de nuestras necesidades, sin depredar los recursos naturales, para garantizar que las futuras generaciones gocen de ellos.

Los retos pendientes

En mayo del 2018, el Ministerio del Ambiente (Minam) anunció que presentaría un proyecto de ley para empezar a cobrar por el uso de bolsas plásticas en supermercados. Hoy, las cadenas como Vivanda, Plaza Vea, Metro, Tottus y Wong usan este material, pero no lo fabrican. También han iniciado campañas para impulsar el uso de bolsas reutilizables, a pesar de que los consumidores se han quejado por el cobro.

Desde el 2007, Wong emplea bolsas biodegradables que tardan entre tres y seis meses en descomponerse, a comparación de las otras, que pueden tardar más de veinte años. Por otro lado, Tottus cobra 0.10 centávos en algunas de sus tiendas, por cada bolsa que desee el cliente, que además son biodegradables. Las medidas implementadas apuntas más a utilizar bolsas de otro material o cobrar por ellas.

En la actualidad, vemos muchos establecimientos comerciales que evitan entregar cañitas de plástico o usar tecnopor, y preguntan al cliente si las desean porque aún no se toma suficiente conciencia del daño que genera su uso al planeta. Ante esta situación,¿qué propondrías para reducir el uso de plásticos en el país? Déjanos tu opinión.







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