
La sostenibilidad ha dejado de ser un ideal para convertirse en una estrategia esencial dentro del mundo corporativo. Según un informe reciente, el 98% de los CEO considera que integrar criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) es crucial para la resiliencia y el éxito empresarial. Esta cifra ha crecido 15 puntos en la última década, reflejando el cambio de mentalidad en el sector privado.
El Pacto Global de las Naciones Unidas, la mayor iniciativa mundial en sostenibilidad empresarial, ha impulsado este compromiso en más de 22,000 empresas en 177 países. En el Perú, 111 compañías de 31 sectores ya forman parte de esta red, generando empleo para más de 400,000 personas. “Las regulaciones no solo afectan a las grandes empresas, sino también a proveedores y clientes. Es una transformación que alcanza a toda la cadena de valor”, explicó Mathieu Piccin, director para América Latina de Sustainability Business.
Uno de los principales mitos sobre la sostenibilidad es su supuesto alto costo de implementación. Sin embargo, estudios de Dun & Bradstreet revelan que las empresas con un desempeño sólido en ESG logran hasta un 30% más de ingresos en comparación con aquellas que no priorizan estos aspectos. Además, la sostenibilidad no solo impacta en las finanzas, sino también en la captación de talento: el 75% de millennials y generación Z considera el impacto social de una empresa como un factor clave al elegir un empleo.
En respuesta a esta nueva realidad, el 63% de las empresas ya ha lanzado productos y servicios sostenibles, mientras que el 49% está adoptando modelos de economía circular. En el Perú, la presencia de empresas en el índice Dow Jones de Sostenibilidad es una prueba del liderazgo nacional en este ámbito, con un crecimiento del 50% en la contratación de talento especializado en sostenibilidad.
Más allá de una tendencia, la sostenibilidad se ha convertido en una ventaja competitiva y una exigencia del mercado. Con la presión creciente de inversionistas, reguladores y consumidores, las empresas que no adopten prácticas sostenibles corren el riesgo de quedarse atrás en una economía que avanza hacia un modelo más responsable e inclusivo.
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