Paloma Sarria
Directora Ejecutiva de la SPR

El Perú posee un inmenso potencial en energías renovables, cuantificado en 10 veces más la capacidad instalada del país. Tenemos recursos de calidad mundial y por nuestra ubicación estratégica en la región, hasta podríamos convertirnos en un hub de exportación de energía limpia a otros países y por qué no, eventualmente de hidrógeno verde, el cual puede utilizarse para descarbonizar otras industrias como el transporte, por ejemplo.

Fuimos pioneros en la región en el impulso y desarrollo de las energías renovables no convencionales, cuando en el 2008 se aprobó el Decreto Legislativo 1002 para implementar una estructura de promoción de estos recursos. Producto de la implementación de este esquema se realizaron 4 subastas RER (la última fue en el 2015) que resultaron en el despliegue de más de 700 MW en proyectos de energía renovable (excluyendo las minihidro de hasta 20 MW) en el Sur, Centro y Norte del país, contribuyendo así a la descentralización de nuestra matriz energética. Además, con las subastas realizadas vimos una tendencia decreciente sustantiva de los precios de energía. Entre 2009 y 2015, los precios en Perú cayeron 53% para eólica y 78% para solar, alcanzando precios record con $38 MWh del proyecto eólico Wayra I y $48 MWh del proyecto solar Rubí.

Sin embargo, a pesar de que fuimos pioneros, de que vemos costos de energía renovable que siguen la tendencia a la baja, y de que contamos con un pipeline de proyectos renovables en desarrollo que podrían generar una inversión de más de $10,000 MUSD y más de 60,000 puestos de trabajo directos e indirectos en los próximos 5 a 8 años, ayudando así a reactivar nuestra economía; hemos quedado largamente rezagados en el esfuerzo para alcanzar la sostenibilidad, seguridad energética y la descarbonización de nuestra economía en comparación a otros países de la región.

Se han desplegado muchos esfuerzos para incrementar la participación de las energías renovables no convencionales en la matriz, pero siempre encontrando oposición al cambio. Sin embargo, seguimos empujando, ya que el único camino para poder cumplir con nuestros objetivos de reducción de emisiones al 2030 y carbono neutralidad al 2050, atender eficientemente la demanda de energía que se avecina en el 2025 – 2026 garantizando nuestra seguridad energética, y en paralelo reactivar nuestra economía, son las renovables. Y es por esto que, a pesar de la falta de señales del gobierno y la oposición de algunos actores del mercado, vemos bastante actividad de desarrollo con muchas empresas involucradas con un gran apetito de invertir apenas se den las condiciones requeridas.

En el muy corto plazo, para que el mercado de las renovables pueda despegar, se debe, entre otras medidas:

• Iniciar un proceso de planificación energética que sea participativo, inclusivo y multisectorial para poder definir un objetivo adecuado de penetración de las renovables en la matriz que sea mayor al 5%.

• Realizar las modificaciones necesarias al Reglamento de Licitaciones, para permitir la participación de las renovables en las licitaciones de las distribuidoras.

• Emitir la regulación necesaria que permita separar los mercados de energía y potencia, permitiendo que en los PPAs entre privados se comercialice energía.

• Remunerar adecuadamente a las centrales solares fotovoltaicas por su aporte al sistema, la potencia firma, lo cual permitirá que puedan competir en el mercado libre y regulado en igualdad de condiciones que las otras tecnologías.

• Entregar a las centrales solares fotovoltaicas una adecuada remuneración de la potencia firme que aportan dichas centrales al sistema.

• Preparar el sistema de transmisión para recibir un alto flujo de renovables.







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