La decisión tomada en EE. UU. ha sido criticada por la organización ecologista Greenpeace, que insta a los líderes mundiales a intervenir y establecer una “moratoria para proteger el océano”.

La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés) ha autorizado el primer esfuerzo a gran escala para extraer metales valiosos del lecho marino del Pacífico, una actividad que ha caído en responsabilidad de la empresa canadiense The Metals Company (TMC). 

Esta compañía obtuvo la autorización a través de una subsidiaria tras años de trabajo con la ISA. Según Quartz, TMC empleó a Allseas, un contratista submarino suizo, para desplegar un colector prototipo que aspirará trozos de metal del tamaño de un puño a tres millas bajo la superficie de las olas.

Este esfuerzo inicial, caracterizado como una prueba, espera recuperar 3.600 toneladas métricas (3.968 toneladas) de metal.  

La decisión ha sido cuestionada por su trasfondo. Una investigación del New York Times reveló que la ISA priorizó trabajar con el sector privado y hasta compartió datos restringidos sobre el fondo marino con una empresa que finalmente se convirtió en The Metal Company a través de un problemático acuerdo en 2021.

Si bien los detalles de sus acuerdos no son públicos, el Times cita una afirmación de que pagará $2 por tonelada métrica a sus patrocinadores, equivalente en valor a aproximadamente el 0,5% de los miles de millones de dólares en metales que promete recuperar para los inversores.

El líder de la organización ecologista Greenpeace en Estados Unidos, Arlo Hemphill, ha instado a los líderes mundiales a intervenir en la autorización y establecer una moratoria sobre la minería en aguas profundas para proteger el océano.

“Es una amenaza para el hogar de más del 90% de la vida en la tierra, y uno de nuestros mayores aliados en la lucha contra el cambio climático”, señaló Hemphill mediante un comunicado

Aunque todavía no existen pruebas empíricas que demuestren el impacto de la minería en estas profundidades marinas, «los impactos potenciales son preocupantes», según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los expertos temen que la agitación de sedimentos pueda nublar el agua y sofocar a los animales, y también alertan de la contaminación tóxica debida a fugas y derrames, además del ruido, las vibraciones y la contaminación lumínica.

Algunas empresas están promocionando el fondo marino como una fuente sostenible de metales necesarios para producir baterías para vehículos eléctricos o teléfonos inteligentes. Mientras tanto, los especialistas intentan averiguar cuánto daño ecológico haría la minería de aguas profundas. Sin embargo, es demasiado pronto para decir cuánto del daño sería permanente o si debería considerarse excesivo, reseña National Geographic. 

El lodo del fondo marino está lleno de «nódulos polimetálicos»: rocas del tamaño de una papa que se forman cuando los metales disueltos se precipitan del agua de mar y se acumulan en fragmentos de roca o desechos marinos, como conchas o dientes de tiburón.

Los nódulos son particularmente ricos en cobalto, níquel, cobre, manganeso y elementos de tierras raras: son como «una batería en una roca», como ha señalado The Metals Company (TMC). 

Sin embargo, la llanura abisal alberga vida que no se ve en otros lugares, desde pepinos de mar hasta crustáceos que se arrastran por la superficie y pequeñas criaturas que viven en el mismo sedimento. Por eso los expertos consideran que la explotación minera en aguas profundas podría matar a animales aún no descubiertos. 

De momento, TMC ha mencionado que la actividad será “más ecológica” que las técnicas utilizadas para extraer estos metales de la superficie de la tierra, y menos propensos a explotar a los trabajadores. Y argumentó que es probable que los efectos del cambio climático en el océano sean más destructivos que la minería en estas áreas restringidas.







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